2030: ¿Cómo será el continente dentro de 11 años?

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Sentamos en una mesa redonda a los colaboradores habituales de MUNDO NEGRO. Los invitamos a la reflexión con una pregunta: «¿Qué diferenciará al África de 2030 del actual?»

 

Agustín Arteche, misionero de África
«Mientras África siga siendo expoliada, no habrá cambios sustanciales».

Difícil saberlo. África está cambiando. Creo que a mejor. Pero muy poco a poco. Es una constatación que llevamos haciendo desde hace muchos años todos los que hemos seguido la evolución del continente africano. La afirmación vale para los índices de desarrollo humano –como resultado de la globalización– en educación, salud, tecnología, vivienda y bienestar, sobre todo en las ciudades. Pienso que este ritmo lento va a seguir de la misma manera hasta 2030. No veo razones para que cambie. Los índices negativos que impiden un cambio más acelerado, como son la demografía sin control, el crecimiento caótico de las ciudades, el éxodo de miles de jóvenes hacia Europa, la corrupción, los abusos de poder, la mala gobernanza y la pérdida de valores tradicionales africanos –que los valores cristianos no han logrado contrarrestar–, dibujan un horizonte cargado de malos augurios. Me pregunto si de aquí a esa fecha hay tiempo para revertir tales deficiencias en valores de honradez, sentido de responsabilidad ciudadana y búsqueda del bien común. Pienso, además, que mientras África siga siendo expoliada por unos y otros, poco respetada en su dignidad, y beneficiaria solamente de las migajas que caen de la mesa de la globalización, no habrá cambios sustanciales en el continente en los próximos 11 años.

 

Lucía Mbomío, periodista
«No hay que dejar de soñar, sino cambiar la brújula de los sueños».

No me atrevo a hablar de África de aquí a 2030. No, al menos, en su totalidad, porque son demasiados territorios con realidades dispares y muchos de ellos ni siquiera conozco. No obstante, sí podría establecer algunas líneas comunes relativas a la juventud, como motor de transformación; a la cultura, como forma de autorreconocimiento y empoderamiento; y al feminismo, como vehículo hacia la igualdad y la democracia.

Cada vez más gente decide volver al continente del que partió para explicar a sus conterráneos que El Dorado no existe, que Europa es una construcción inversamente proporcional a la que se hizo de África, y que quizá no hay que dejar de soñar, sino cambiar la brújula de los sueños y centrarla en África, apostar por sus posibilidades infinitas y por sus habitantes. El escritor senegalés Mamadou Dia es un excelente ejemplo de una tendencia que no para de crecer y que ha dejado de considerar el regreso como un fracaso sino, más bien, todo lo contrario. Ha puesto en marcha en su pueblo, Gandiol, un centro cultural que dispone de una escuelita y una radio, donde se debate, se discute y se interpela a los oyentes. ¿Hay algo más sano?

En Maputo (Mozambique), Iván Laranjeira, junto a otros jóvenes, creó una asociación que organiza tours por su barrio, Mafalala, que han servido para activar la débil economía de muchas de las personas que residen ahí, pero también para provocar que hagan memoria y que recuerden su importancia histórica y los personajes que tuvieron calado en el posterior desarrollo de los acontecimientos del país, incluida la independencia.

En Guinea Ecuatorial, las mujeres denuncian, crean y cuentan, sirviéndose de la poesía –leída en voz alta en las plazas– o de una prosa que vuelcan en novelas que son desahogo y sanación al mismo tiempo. La unión entre jóvenes artistas y los espacios de encuentro en femenino están propiciando una crítica constructiva a su sociedad de lo más valiente que, inevitablemente, se traducirá en mejoras. Seguro.

 

Chema Caballero, africanista
«La sociedad civil se convertirá en un potente motor de cambio».

o lo sé, la verdad, pero por imaginar diría que en estos 11 años, posiblemente, el papel, cada vez más fuerte, de la sociedad civil en muchos países se convertirá en un potente motor de cambio que traerá el afianzamiento de las democracias y los derechos humanos. Puede ayudar también a romper con la tutela que las antiguas metrópolis y otras potencias extranjeras ejercen sobre el continente.

Países más libres y democráticos no tendrán miedo a abrir sus fronteras y favorecer el sueño que tuvieron los padres de la independencia de una mayor integración continental. Más intercambio de personas, ideas y mercancías podría traer importantes mejoras a las vidas de los ciudadanos.

Sociedad civil y redes sociales están intrínsecamente unidas y no se entendería cualquier revolución africana sin la conspiración entre las dos. De ahí, esa obsesión de los gobiernos totalitarios de cerrarlas ante cualquier protesta popular. Internet, seguramente, ganará cada día más protagonismo y ofrecerá nuevas oportunidades para que los africanos hagan oír su voz.
La educación –sobre todo la de las mujeres– continuará ganando terreno en todo el continente. Ellas son imprescindibles para conseguir cualquier cambio, y lo están demostrando día a día. Cada vez están más presentes en todos los ámbitos.

Son estos jóvenes, cada vez más formados e informados, los que van a determinar el camino que África recorrerá en los próximos años, porque, en definitiva, son ellos, las africanas y los africanos, los únicos que tienen derecho a decidir el África que quieren.

 

 

Mbuyi Kabunda, presidente de la Asociación Española de Africanistas
«África dará importantes pasos en el control de su destino».

En 2030, África conocerá más procesos de desconcentración (transferencia de poderes de la administración central hacia las provincias o regiones) y descentralización (fomento de la autonomía y de las iniciativas locales), con el consiguiente fortalecimiento del Estado de derecho y la reducción de los conflictos. África dará importantes pasos en el control de su destino mediante la creación de grandes espacios de soberanía política y económica, empezando por la implementación del tratado de la Comunidad Económica Africana, creada en 1991 en Abuya.

El África de 2030 será el continente de la paz y del fin de las hambrunas, de las guerras y de las enfermedades –se erradicarán pandemias letales, tras dotarse con importantes infraestructuras sanitarias–. Se vivirá mejor, y no se dependerá de la mendicidad ni de la generosidad de los demás.

Las actuales altas tasas de crecimiento, bien gestionadas, permitirán a los africanos construir infraestructuras (carreteras, ferrocarriles, puertos o instalaciones turísticas), además de conseguir el ahorro interno, fundamental para el desarrollo y para la conquista de los mercados externos. Se pasará del insignificante 2 % del comercio internacional actual, para acercarse al 10 o 15 %.

El África de 2030 se dotará de nuevos dirigentes que pondrán la ética y la democracia en el centro de la gobernanza. La educación para la igualdad, el cuestionamiento de algunas prácticas tradicionales, el número cada vez más importante de chicas escolarizadas y la participación femenina en la política en muchos países, explican que el África de 2030 dará importantes avances en igualdad de género.

 

Nestor Nongo, sociólogo
«Este será el siglo de la mujer en África».

e entrada, creo que se debería hablar más de Áfricas que de África debido a los grandes contrastes existentes entre los países, los pueblos y las ciudades. A pesar de estas diferencias, el continente comparte una cosa, en relación a las perspectivas mundiales: su marginación.

La marginación de la mujer en la escena pública, a mi entender, tiende a su fin. Algunos Gobiernos, como los de Etiopía o Ruanda, han dado pasos firmes en esa dirección, y la tendencia es imparable. Este siglo será, sin duda, el siglo de la mujer en África (como en el resto del mundo).

En cuanto a la educación, seguirán subiendo los índices de alfabetización, pero con una educación poco o nada adaptada a la realidad local. Mientras no haya una profunda revisión de los manuales y métodos escolares, de aquí a una década seguirá habiendo «intelectuales alienados».

En los próximos 11 años seguirá habiendo migraciones, y no se intuye que los motivos que las causan vayan a desaparecer de repente. No obstante, las grandes tragedias en las rutas migratorias y las dificultades en los países de acogida, junto con los vientos de cambios políticos que soplan en el continente me llevan a pensar que habrá un cierto retroceso en próximos decenios.
La diáspora seguirá siendo fuente de riqueza. Sin embargo, el resurgimiento de partidos xenófobos en muchos países de acogida junto con el deseo de participar en la reconstrucción de sus países de origen, harán que una buena parte de la diáspora se plantee el regreso al continente en las próximas décadas.

Por último, el hartazgo de las dictaduras, unido al despertar de la sociedad civil, me hacen presagiar una próxima ola de democratización; y me lleva a encarar el futuro político de África con optimismo.

 

José Naranjo, periodista
«Las migraciones seguirán siendo relevantes».

n 2030, las contradicciones se habrán agudizado en África. Habrá países de gran crecimiento económico y regiones enteras, como el Sahel, donde la crisis se hará más profunda. La persistencia de conflictos asimétricos hará necesario un gran esfuerzo en materia de desarrollo. Incluso dentro de las zonas emergentes –Ghana, Senegal o Etiopía–, las diferencias entre ricos y pobres serán más acusadas, lo que obligará a medidas correctoras del Estado. Las consecuencias del cambio climático serán aún más evidentes. Las migraciones seguirán siendo relevantes, como una búsqueda de soluciones para sectores amplios de la población que las economías locales no pueden absorber.

Sin embargo, la democracia irá avanzando y países que hoy son dictaduras tendrán regímenes más plurales. Habrá más mujeres presidentas y en altos cargos de representación. Las infraestructuras de transporte habrán mejorado, habrá más trenes y carreteras, favoreciendo una mejor integración regional. Pero la educación seguirá siendo un enorme desafío, marcado por el constante crecimiento poblacional.

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