23 de abril: Día Mundial del Libro

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Un día la inspiración se convirtió en idea; el tiempo bregó con el empeño; la abstracción dilató su existencia hasta convertirse en algo tangible. Un buen día, la escritora o el escritor fantasearon con la historia terminada, encuadernada –lo de menos eran los acabados, que si rústica, que si cartoné, que si…–. Ese mismo día, ¿por qué no?, jugaron a recrear todo lo que habría de llegar, lo que se sucedería como una secuencia contumaz e inexplicable. Pero, como si la aventura de la imaginación viniera con acuse de recibo, aquello acabó, paso a paso, por hacerse realidad, como una especie de profecía autocumplida. De la inspiración al trabajo; del tiempo al empeño; de la abstracción a lo tangible. Del sueño al libro. Y, como epílogo necesario, del libro a la biblioteca. Y por qué no pensar en la de Alejandría como destino de esa obra. Ahí, con miles y miles de compañeros dispuestos a ser leídos. Ahí, en la sala de lectura más grande del mundo de una biblioteca pública. 2.000 lectores a la vez. Ni más ni menos.

Fotografía: FRÉDÉRIC SOLTAN/GETTY


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