¿25 años de paz?: Mozambique, entre el desarrollo y una eterna crisis política

El 4 de octubre se cumplirán 25 años del Acuerdo General de Paz, firmado por el Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) y la Resistencia Nacional Mozambiqueña (RENAMO), que puso fin a 16 años de guerra en la que murieron más de un millón de personas y obligó a cientos de miles más a refugiarse en los países vecinos. Después de 25 años de aquel acuerdo, ¿en qué punto estamos?

 

Texto Víctor Hugo García Ulloa
Fotografías Getty Images

 

La gente ha comenzado a regresar, poco a poco, a sus aldeas y distritos, y la vida ordinaria en el centro de Mozambique parece volver de nuevo a la normalidad. Los alumnos retoman sus clases en aulas parcialmente destruidas, hay negocios –cerrados o que fueron saqueados meses atrás– que vuelven a abrir sus puertas a un comercio local tímido e incipiente. Las últimas semanas han sido de relativa tranquilidad y por las carreteras nacionales se ven los primeros autobuses de pasajeros que, desde hacía varios meses, habían dejado de circular por los continuos ataques de hombres armados a lo largo del camino.

Algunos pequeños grupos de refugiados mozambiqueños regresan del vecino Malaui a sus campos de labranza y se encuentran con un panorama de abandono, desolación y pobreza. Han perdido casi todo. Este es el resultado de varios meses de conflicto armado entre dos frentes antagónicos que, 25 años atrás, firmaron en Roma un Acuerdo General de Paz cuya implementación siempre fue incompleta o se transgredió.

La población regresa a sus tierras pero con miedo y confusión. Y aunque la posibilidad de que un nuevo conflicto se extienda por todo el país es lejana, los recuerdos y traumas de una guerra civil que duró 16 años (1976-1992) están todavía muy frescos; familias enteras viven aterrorizadas solo de imaginar que pudiesen revivir las atrocidades y violaciones que los dos bandos militares, el FRELIMO y la RENAMO, cometieron contra la población civil en su estrategia de culpar al enemigo.

 

Afonso Dhlakama, histórico líder de la RENAMO, uno de los protagonistas de la historia contemporánea de Mozambique / Fotografía: Getty Images

 

La incertidumbre reina princi­palmente en el centro del país, la región más afectada por los últimos conflictos armados. Incertidumbre provocada también por el evidente esfuerzo de parte de varios medios de comunicación nacional encargados de desviar la atención del verdadero problema –la falta de democracia y la militarización de la oposición–, para centrarla en acusaciones contra todo aquel que se atreva a pensar de forma diferente a la lógica del partido en el poder. La guerra también ha sido mediática. En este, como en casi todos los conflictos contemporáneos, la primera víctima ha sido la verdad.

La gente está cansada de la guerra. La gente se pregunta si la tregua que vivimos desde enero –que el líder de la RENAMO, Afonso Dhlakama, anunció que se prorrogaba hasta el 4 de mayo– ha venido para quedarse definitivamente o si será una mentira más que el pueblo mozambiqueño tendrá que engullir. Lo peor de todo es que ya casi nadie cree en las palabras de los líderes políticos encargados de firmar un nuevo acuerdo de paz. La gente se pregunta quién se cree las promesas tantas veces repetidas y siempre incumplidas.

Factores de desestabilización

Siguiendo las consideraciones de algunos analistas políticos independientes destacamos algunos factores de desestabilización que están en la raíz del problema de Mozambique, entre los que se encuentra el incesante proceso de “fragilización” del Estado y su promiscua relación con el Gobierno del FRELIMO, lo que deja un espacio casi nulo para otros partidos políticos. Se coloca en puestos de dirección a personas conocidas por su sumisión a los intereses del partido más que por su competencia y honestidad. Esto favorece la ineficiencia y el descrédito de las instituciones y la corrupción.

El presidente de Mozambique, Filipe Nyussi con su homólogo turco, Reccep Tayip Erdogan / Fotografía: Getty Images

En segundo lugar está el fracaso de la RENAMO para pasar de ser un movimiento guerrillero a un partido político. Esto va asociado a las continuas derrotas electorales y la consecuente autoexclusión de los demás procesos políticos, como la inscripción del partido para las elecciones municipales.

A esto añadimos la consolidación del país como destino de cuantiosas inversiones extranjeras encaminadas a los sectores minero y energético, así como la captación de recursos económicos por parte de los dirigentes del FRELIMO, y una falta de transparencia en las concesiones de los permisos de explotación de recursos naturales. Todo esto conlleva la existencia de niveles crecientes de desigualdad remarcados por la escandalosa riqueza por parte de una élite restringida. Los pocos ricos son cada vez más ricos, mientras que la gran mayoría es cada vez más pobre.

Estas cinco claves han conducido a la actual encrucijada social, política y militar del país, para cuya solución habría que profundizar en dos aspectos: por un lado, la descentralización del poder, la aceptación de gobernadores provinciales pertenecientes a la RENAMO en las provincias donde democráticamente ganó las elecciones, además del compromiso de reducir el rol del FRELIMO en el aparato del Estado; junto a la desmilitarización de la RENAMO y su inclusión en las Fuerzas Armadas del país.

Historia de un desencuentro

Hasta ahora, hemos presenciado una sucesión de diálogo de sordos ya que, tanto la RENAMO como el FRELIMO, después de 5 años de negociaciones fallidas, solo han sabido exacerbar sus posiciones, cada uno fingiendo escuchar, cada uno fingiendo querer dialogar. Las 105 rondas de negociación entre las dos fuerzas han resultado estériles. Cada facción se ha empecinado en querer subrayar más lo que los divide que buscar la paz y el bien común. Cada una de las partes se autoproclama bienhechora de la nación y padre de la democracia en el país.

Para algunos analistas políticos como Fernando Jorge Cardoso, “Filipe Nyussi tiene el dominio total de la maquinaria del Estado, del Partido y del Ejército, pero no tiene en sus manos la sociedad civil urbana”. Para los periodistas y politólogos Salomón Moyana y Thomas Vieira, Afonso Dhlakama ha perdido seguidores y credibilidad política al arremeter, como en otros tiempos, contra la población civil. Para ellos, haría falta, en la búsqueda del diálogo por la paz “menos formalismo y más pragmatismo”.

Por todas partes se habla de la necesidad de paz: en el transporte público, en las escuelas, en los mercados, en las iglesias… A nadie le conviene la guerra en Mozambique. Ni a los países vecinos, que ven la inmigración como una amenaza, ni a los más lejanos, que en otros tiempos financiaban la guerra civil y que ahora se apuntan a administrar grandes proyectos económicos en el país. Tampoco le interesa al Gobierno, que se arriesga a convertir a Mozambique en un Estado fallido, ni a los militares, por la pérdida de efectivos. Y, por supuesto, no le interesa a los inversores, ni a los comerciantes, ni a los políticos, ni a los ricos, ni a los pobres.

La comunidad internacional se ha mostrado tibiamente preocupada con la situación actual, pero duda en calificar de mediocres o insuficientes los esfuerzos del Gobierno de turno por miedo a perder concesiones y privilegios en futuros contratos macroeconómicos.

Los partidos ajenos al conflicto se han limitado a condenar las acciones armadas y a utilizar estas acusaciones como un trampolín para sacar provecho en las próximas elecciones presidenciales, que se celebrarán en 2019, de la polarización del país entre el FELIMO y la RENAMO.

La sociedad civil, donde destaca la Liga de Derechos Humanos encabezada por Alice Mabote, ha levantado la voz y ha organizado en la capital, Maputo, algunas marchas contra la ola de violencia, la corrupción y los secuestros que sufre el país.

Las comunidades religiosas, encabezadas por la Iglesia católica y la comunidad musulmana, han denunciado las acciones de los dos principales actores de la escena política. La Conferencia del Episcopado Mozambiqueño ha publicado algunas cartas pastorales y mensajes entre los que destacan No a la violencia, no a la guerra y Construir la Democracia para preservar la Paz, documentos en los que condenan la actitud arrogante y la falta de voluntad para encontrar la paz por parte de los líderes de los dos partidos políticos en cuestión. Afirman los prelados mozambiqueños que “Si continúa prevaleciendo la tendencia de absolutización de los partidos políticos y el culto a la personalidad de sus propios dirigentes, no estará garantizada la paz en Mozambique. Ningún partido, ni siquiera sus propios líderes, tiene atributos divinos”.

 

 

¿Paz o tregua prolongada?

La paz en Mozambique nació frágil y después de 25 años es un adulto trémulo y enfermizo. Por una parte, hasta hoy, nadie sabe cuántos son los hombres armados de la ­RENAMO. Sean decenas o cientos los hombres que forman el brazo armado de la formación –existe un ala parlamentaria que prefiere la vía diplomática y pacífica–, es cierto que esta se muestra dividida y no cuenta con la capacidad militar suficiente para enfrentarse al Ejército de Mozambique en un escenario de guerra civil. Sin embargo, sí tendría posibilidad de mantener un conflicto de baja intensidad.

Por otra parte, parece cierto también que el FRELIMO se muestra últimamente dividido por no saber cómo resolver la encrucijada: para algunos, entre otros un grupo de militares de alto rango, a juzgar por los tres atentados fallidos contra el líder de la RENAMO, no hay duda de que se debe apostar por la savimbización del caso Dhlakama, la estrategia angoleña de 2002 cuando el líder de la UNITA, Jonás Savimbi, fue asesinado para disgregar a sus seguidores. Para otros, la facción más moderada del FRELIMO, Alfonso Dhlakama sigue siendo un interlocutor políticamente válido en la resolución del conflicto con quien se debe “negociar y tener paciencia” .

Es bastante difícil vaticinar en este momento el desenlace de las próximas rondas de negociación, ya que hay muchos intereses de por medio. Pero, por lo menos, es alentador que, hasta ahora, las últimas tres treguas se han respetado.

 

 

Posibilidades de futuro

En esta situación, lo que nadie desea es que se repita el contexto del fracaso del segundo acuerdo de paz, el de 2014, y el Gobierno disfrace nuevamente su falta de voluntad política y mantenga su lógica de partido único que manda, ordena, puede y hace; y que la RENAMO continúe amenazando con las armas y llevando a cabo actos vandálicos para conseguir sus objetivos políticos.

El segundo escenario, el ideal, sería que los dos nuevos grupos de trabajo constituidos ad hoc, actúen rápido y asertivamente. El primer grupo, encargado de abordar la descentralización del Estado, debe proponer proyectos legislativos y enmiendas constitucionales realistas y susceptibles de ser aceptadas por el Parlamento. Además, estas enmiendas deberán ser implementadas necesariamente antes de las próximas elecciones presidenciales. El segundo equipo, encargado de la desmilitarización, tiene que profundizar seriamente en el cese de las hostilidades y abordar seriamente el proceso de desmovilización, el desarme total y la reintegración de los soldados de la RENAMO.

Faltan poco más de dos años para las presidenciales. Las dos principales fuerzas políticas están cansadas y presionadas por una situación económica que no favorece a ninguno de los dos partidos. Cada partido sabe que es tiempo de cambiar su estrategia política. Todo apunta a que estamos más cerca del segundo panorama, aquel que dibuja un contexto de paz o, por lo menos, de ausencia de guerra, pues si de paz en sentido estricto se habla, no la habrá en Mozambique hasta que no haya justicia para todos.

 

 

 

 

[Este reportaje forma parte del Cuaderno Mundo Negro Nº1 sobre Mozambique. Si desea obtener la edición en papel escriba a edimune@combonianos.com]