A vueltas con la agricultura

Por: Nestor Nongo - 14/02/2018

[Fotografía: Pedro Pablo Hernández]

El hambre persiste en África; muchos africanos pasan hambre. El que suscribe lo padeció en primera persona durante su infancia. Una paradoja en un mundo donde se produce mucho más de lo que consumirían todos los habitantes del planeta. Puro espejismo.

Es un verdadero sinsentido que la agricultura en África haya sido descuidada tanto por los Gobiernos como por las instituciones de desarrollo internacional y los asesores en materia de políticas agrícolas. El dinero fácil y rápido que se obtiene de las materias primas, como el diamante, el oro, el coltán o el petróleo puede estar detrás de ese descuido que condena a millones de personas a la hambruna; personas que, por otra parte, no son destinatarias de los dividendos de dichas materias primas.

Es hora de insistir en que ninguna región del mundo se ha desarrollado sin apoyarse en su sector agrícola. Y que la agricultura tiene potencial para reducir la pobreza dos veces más rápidamente que ningún otro sector. Gobiernos e instituciones internacionales en África deben reconocer ese papel fundamental que puede desempeñar la agricultura en sus programas de crecimiento económico; y deben corregir la disminución de la inversión pública que se ha producido en la agricultura durante los tres últimos decenios.

Como es sabido, África dispone del 65 por ciento de la tierra arable sin cultivar. Una explotación óptima de este espacio ahorraría unos 50.000 millones de dólares que los países africanos pagan cada año para (mal) alimentar a sus poblaciones. Y la autosuficiencia alimentaria continental solo será posible si se supera el escaso dominio de la técnica de irrigación, se corrigen las políticas agrícolas aberrantes que se aplican en el continente y se implica a los jóvenes en el sector.

Los agricultores africanos son, en su mayoría, minifundistas; cultivan parcelas muy reducidas y suelen carecer de sistemas fiables de regadío y de recursos de calidad, como, por ejemplo, semillas y suplementos para la tierra. Raras veces ganan lo suficiente para invertir en la maquinaria que necesitan y tampoco pueden obtener financiación. Luego, las políticas agrícolas que se aplican tampoco ayudan: África pasa por ser el continente que produce lo que no demanda e importa lo que realmente consume. Es decir, produce café, cacao o algodón, que no consume, e importa arroz, leche, tomate y azúcar…que sí consume. Por último, la edad media de los agricultores africanos es de 65 años. En la perspectiva de los próximos 20 años, el tema es vital porque, en este período de tiempo, si África no hace lo correcto, no tendrá a suficientes agricultores para garantizar su producción agrícola.

Así, la agricultura sigue siendo un asunto pendiente. Y un crecimiento sostenido y de base amplia en África no puede tener lugar sin un crecimiento sostenido de la agricultura que fortalezca el empleo y los ingresos de la gran mayoría de la población activa. No hay que perder de vista que la agricultura representa hoy el 60 por ciento del empleo y tan solo un 15 por ciento del PIB africano.