Africanas | Graça Machel

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«Independiente» podría ser el principal calificativo de una mujer excepcional. Huérfana de padre, se crio en un entorno rural pero logró estudiar en una escuela de Maputo –donde era la única niña negra– y obtuvo una beca para ir a una universidad en Portugal, el país que colonizó Mozambique. 

Combativa, discreta, fiel, inteligente… es difícil dejar de añadir las cualidades con las que se ha descrito tanto su trabajo como su personalidad durante décadas. Es la única mujer que ha estado casada con dos presidentes –Samora Machel (Mozambique) y Nelson Mandela (Sudáfrica)– aspecto que, al hablar siempre de ellos desde un punto de vista humano, nunca ha querido destacar. La trágica muerte del líder mozambiqueño en un accidente de avión cuando regresaba a su país la sumió en un silencio casi absoluto durante un lustro. Un estado que, de forma premonitoria, logró romper Mandela al escribirle una carta desde la cárcel a la que ella respondió: «Desde tu enorme prisión, me has traído un rayo de luz en mi hora más oscura». Al recobrar la libertad en 1990, Mandela acudió a Maputo y apadrinó a sus hijos: Malenga y Josina.

Graça Simbine fue una guerrillera más del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) haciendo de «correo» entre su país y Tanzania, donde estaba la sede del movimiento. En esos años conoció a Samora Machel, con el que se casaría unos meses después de que se convirtiera en el primer presidente del Mozambique independiente. Entre 1975 y 1989 ocupó el puesto de ministra de Educación, desde donde logró que la tasa de escolarización en Primaria pasara del 40 % al 90 % entre los niños y al 75 % entre las niñas. Una lucha en la que, con más de 70 años, sigue combatiendo con determinación, como demostró en junio del año pasado durante la apertura del 41º período de sesiones de la Conferencia de la FAO. Se refirió al «deterioro del nivel educativo y la falta de atención a la enseñanza para adultos, especialmente en las mujeres rurales»; y con el dedo índice en alto responsabilizó a la ONU y a los Gobiernos de los 194 países presentes de «no trabajar lo suficiente, teniendo los conocimientos, las capacidades y las posibilidades de resolver» que 821 millones de personas sigan pasando hambre en el planeta.

«Es una vergüenza para cada uno de nosotros que haya mujeres que tengan que enterrar a sus hijos porque no tienen el poder de protegerlos», sentenció, para después contextualizar: «La falta de infraestructuras hace que las subsaharianas dediquen al año 40.000 millones de horas a recoger agua (…). Las empresas tienen que revolucionar la agricultura como Uber lo ha hecho en el transporte o Netflix en la industria del entretenimiento. Es un verdadero fracaso de la gobernanza global».

Compartió el Premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional con otras mujeres de referencia en 1998, y fue la primera mujer africana en recibir la Gran Cruz de la Orden del Imperio Británico. Incansable, continúa su lucha en defensa de los derechos de los menores –marcada por el impactante informe que realizó en 1996 para UNICEF sobre las consecuencias de la guerra en la infancia–, en la lucha por la igualdad y contra la violencia machista –que ha padecido de forma muy cercana a través de su hija -Malenga, que sufrió una brutal paliza por la que perdió un ojo–. Graça Machel, compañera de presidentes, madre, activista…   

Ilustración: Tina Ramos Ekongo

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