Alfabetos made in África

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Historia y contexto de la escritura en el continente

Por Carlos Micó Tonda

Según la mentalidad colonial, una de las principales características que definía a los africanos y demostraba su inferioridad era el carácter ágrafo de sus sociedades. Sin escritura no había historia ni razón. Un grupo humano que no escribiera no podía ser considerado como tal. 

África es, probablemente, el lugar del mundo donde la tradición oral ha tenido mayor peso a la hora de conservar y transmitir el conocimiento. Esto implicó que muchas culturas africanas no precisaran desarrollar escrituras propias. No obstante, y pese al interés de las potencias coloniales en defender que África carecía de ellas, lo cierto es que el continente posee una larga tradición escrituaria que, en algunos lugares, ha llevado a sus habitantes a desarrollar alfabetos e ideogramas complejos, algunos de ellos creados en tiempos relativamente recientes. 

El desarrollo de estos sistemas de escritura pone de manifiesto no solo la falsedad de los argumentos coloniales, sino que, además, constituye una elocuente muestra de la extensa herencia creativa africana.

Un sacerdote ortodoxo con la obra Milagros de María, escrita sobre pergamino en lengua ge’ez. Fotografía: Gunter Fischer / Getty
Egipto, Sudán y Somalia

Los jeroglíficos egipcios,llamadosmedu neter(palabras de Dios),son, sin duda, el sistema de escritura africano más conocido. Se trataba de un elaborado conjunto de pictogramas que combinaban elementos logográficos y alfabéticos y que los antiguos egipcios utilizaban para representar tanto significados como sonidos consonánticos. Los jeroglíficos surgieron de las tradiciones artísticas preliterarias de Egipto empleadas para la decoración y sacralización de sarcófagos y templos. Durante el período faraónico existieron alrededor de 800. En el período grecorromano, el número ascendió a más de 5.000. Durante muchos años, la inscripción jeroglífica más antigua de la que se tuvo constancia estaba en la pieza conocida como la Paleta de Narmer, encontrada durante las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en la antigua ciudad de Hieracómpolis durante la década de 1890, y que fue datada en el 3200 a. C. Su estudio fue fundamental para la interpretación y traducción de esta antigua escritura egipcia. 

La meroítica fue una escritura utilizada por el antiguo reino de Meroe, en el actual Sudán. Hasta la fecha, su traducción no ha sido posible, aunque se sabe que originalmente derivaba de los jeroglíficos egipcios. Se desarrolló durante el período de Napata (entre el 700 y el 300 a. C.), y aparece por primera vez en el siglo II a. C. El alfabeto meroítico continuó siendo utilizado por los reinos nubios que sucedieron al reino de Meroe hasta que fue definitivamente reemplazado por el alfabeto copto con la introducción del cristianismo en la Nubia del siglo VI d. C.

El osmanya es un sistema de escritura somalí inventado entre 1920 y 1922 por Osman Yusuf Kenadid, hermano del sultán de Hobyo. El propósito de Kenadid era transcribir el idioma af-soomaali en el marco de una campaña nacionalista que pedía una ortografía estandarizada para este idioma. Aunque gozó de bastante popularidad, se enfrentó a una fuerte competencia por parte de las escrituras latina y árabe. 

En las escuelas locales del sultanato, la noticia de la creación del osmanya se difundió rápidamente, tanto que las autoridades italianas, temiendo que pudiera provocar revueltas anticoloniales, detuvieron y encarcelaron a Kenadid en Mogadiscio. Su detención supuso la decadencia y la caída en desuso de esta escritura durante los siguientes 25 años.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el pueblo somalí experimentó crecientes sentimientos nacionalistas que, junto con la creación de la Liga Juvenil Somalí, reavivaron el interés por el osmanya y llevaron a la independencia de Somalia del dominio italiano y británico. Sin embargo, en la década de 1960, un lingüista somalí, Shire -Jama -Ahmed, propuso una escritura basada en el latín y la presentó ante el Comité de Idiomas Somalíes. Así, en octubre de 1972, el Gobierno del presidente Mohamed Siad Barre decidió adoptar exclusivamente el alfabeto latino. A pesar de este ataque institucional, el osmanya continuó usándose discretamente entre la población somalí. Incluso se llegaron a publicar algunas revistas y libros con este alfabeto.


Inscripciones jeroglíficas sobre papiro de la exposición «Servir a los dioses de Egipto» que se pudo ver en octubre de 2018 en el Museo de Grenoble (Francia). Fotografía: Jean-Pierre Clatot / Getty


El ge’ez y el beria

Etiopía ha sido el mayor referente del continente en lo que a escritura se refiere. En su seno se desarrolló la lengua y el alfabetoge’ez. Estos fueron empleados por los antiguos aksumitas, el imperio que entre los siglos I y VII d. C. ejerció su hegemonía en el Cuerno de África y el sur de Arabia. Posteriormente, la escritura ge’ez se adaptó para escribir otros idiomas, principalmente semíticos, como el amárico y el tigrino. Gracias a esta circunstancia conservamos un buen corpus de estelas reales escritas con este alfabeto etíope. El ge’ez vivió su punto álgido entre los siglos V y VI, cuando se realizó la traducción de la Biblia. Pese a que en el siglo IX comenzó a ser sustituida como lengua cotidiana por el tigrino, su prestigio sobrevivió y se mantuvo gracias a su empleo como lengua litúrgica y de la corte. Así, en la actualidad sigue siendo empleada en los rituales de las Iglesias ortodoxas tewahedo etíope y eritrea.

En la década de 1950, un profesor sudanés, Adam Tajir, creó un nuevo alfabeto llamado –beria para escribir el idioma hablado por los zaghawas de Darfur y Chad. La creación de Tajir se basaba en las marcas que los clanes zaghawas utilizaban para marcar sus rebaños de dromedarios. Por esta razón, el beria se conoce coloquialmente como «el alfabeto del dromedario». A pesar de que los zaghawas habitan una de las áreas más pobres del mundo, algunos de ellos crearon en 2012 un canal de YouTube para enseñar y difundir su lengua. En la actualidad, a través del Beria Keyboard Project, abogan por la creación de un teclado que les permita comunicarse a través de Internet en su lengua natal.


Un motorista cruza el paso fronterizo entre Sierra Leona y Liberia por Grand Cape Mount. Harry Browne / Getty


Un caso de éxito

El silabario vai es un sistema de escritura creado por Momolu Duwalu Bukele durante la década de 1830 en lo que ahora es el condado de Grand Cape Mount (Liberia). La tradición cuenta que Bukele desarrolló este sistema –cada símbolo representa una consonante más una vocal– a partir de una revelación que tuvo durante un sueño. El vai demostró ser popular y Bukele fundó escuelas en toda la región para propagar el uso de su escritura. A finales del siglo XIX, la mayoría de los vais lo usaban. Durante este período, el silabario se utilizó para escribir y publicar la historia de los diferentes clanes, realizar traducciones bíblicas y coránicas, y para la redacción de periódicos, grabado de lápidas y la realización de rituales tradicionales. Por desgracia, la vasta cantidad de archivos que se produjo durante esta época fue destruida.

El vai es una de las escrituras indígenas más exitosas en África occidental. Pertenece al grupo mande de lenguas Níger-Congo habladas por unas 105.000 personas en Liberia, y unas 15.000 en Sierra Leona.

En 1962, la Universidad de Liberia reconoció el vai y estandarizó el uso de sus 212 símbolos así como su escritura de izquierda a derecha. Además del número de usuarios, existe una notable cantidad de literatura publicada en vai: algunos pequeños diccionarios, una copia de la Declaración Universal de Derechos Humanos y abundantes traducciones de fuentes históricas. La Sociedad Bíblica de Liberia también ha publicado el Nuevo Testamento, mientras que el Instituto de Idiomas Liberianos ha realizado varias compilaciones de cuentos populares y libros de historia. 

Mujeres tuareg aprenden a escribir en lengua tamashek. Fotografía: News Photo / Getty


Camerún, Nigeria y Guinea

En el Camerún de finales del siglo XIX, el rey Ibrahim Njoya, decimoséptimo sultán de Bamum, creó el sistema akauku, llamado así por el nombre de sus primeras cuatro letras. Este nuevo alfabeto apareció con la intención de codificar la historia de su pueblo que, hasta aquel momento, se había transmitido por vía oral. La versión original de -Njoya contaba con 465 caracteres, pero tras la realización de varias pruebas, la versión final se vio reducida a 70 caracteres y 10 números.

El sultán se aseguró de que, durante su reinado, todos los sectores de su Gobierno y las instituciones educativas aprendieran y enseñaran este alfabeto de manera estandarizada. La influencia de la colonia francesa tuvo dos efectos: por un lado obligó al monarca al exilio y, por otro, el akauku fue desplazado por la imposición del uso del francés. A consecuencia de aquellos sucesos, en la actualidad pocos son los bamum que conocen su antigua escritura. El actual sultán, Ibrahim Mbombo -Njoya, impulsó en 2005 la creación del Bamum Scripts and Archives, al tiempo que transformaba su palacio en una escuela para recuperar y volver a enseñar el alfabeto creado por su abuelo.

El nsibidi es un sistema ideográfico del sudeste de Nigeria empleado por el pueblo ekoi. Los primeros símbolos aparecieron en fragmentos de cerámica datados entre el 400 y el 1400 d. C. Desde entonces, se han registrado más de 500. El conocimiento del nsibidi llegó en 1904 cuando T. D. Maxwell anotó los símbolos y se los dio a conocer a la comunidad científica. Antes de la colonización británica de la zona, el nsibidi se dividió en una versión sagrada, vetada a las mujeres, y una versión pública, de uso común. La colonización supuso la irrupción de la educación occidental y el cristianismo, reduciendo drásticamente el número de personas alfabetizadas en esta escritura. Pese a todo, el alfabeto logró sobrevivir gracias al uso que de él hizo la sociedad secreta de Ekpe. 

Otros ejemplos

El código adinkra es un rico conjunto de símbolos desarrollados hace más de 400 años por el pueblo akan de Ghana, utilizados para representar conceptos y aforismos. Los símbolos se estampaban en los tejidos y las cerámicas para reforzar la transmisión oral de un complejo conjunto de prácticas y creencias.

El alfabeto n’ko fue inventado por el escritor guineano Soulemayne Kante en 1947. Comenzó a usarse en la ciudad de Kankan, como escritura para la lengua maninka. Desde allí, su uso se extendió por los países vecinos y fue adoptado rápidamente para escribir las lenguas de África occidental pertenecientes al grupo mandinga tales como el bambara o el dyula. Al igual que la escritura árabe, presenta letras conectadas y se escribe de derecha a izquierda, lo que le confiere una gran similitud estética con aquella. Actualmente, el n’ko está considerado un elemento clave en el desarrollo de la historiografía indígena africana. Las primeras obras escritas por Kante, sobre temas tan diversos como historia, religión, economía o astrología, se encuentran conservadas digitalmente en la Asociación ICRA-N’KO. Los afrodescendientes mandés residentes en Estados Unidos crearon el N’ko Institute of America para enseñar a leer y escribir en esta lengua y difundir a través de este alfabeto la cultura e historia mandé.

El alfabeto tifinaghtodavía se utiliza para escribir varias lenguas bereberes como el tamazight o el tamashek en las áreas de influencia de esta cultura en el Sahara. Su forma más antigua data del siglo III a. C y fue utilizada en todo el norte de África hasta finales de la época romana. En 1965, jóvenes bereberes deseosos de promover su cultura crearon una asociación cultural cuyo objetivo era resucitar esta escritura nativa con la que poder transcribir todas las variantes de lenguas bereberes, que hasta entonces solían escribirse utilizando caracteres árabes o latinos.

En la actualidad, existen dos versiones de este alfabeto: el tifinagh tradicional, vinculado a la lengua tamashek, y el neotifinagh, utilizado para escribir tamazigh y cooficial en Marruecos desde 2003. El reconocimiento fue percibido como una reivindicación de la milenaria cultura bereber nativa del África septentrional frente a la árabe. Desde entonces, el neotifinagh ha sido introducido en los colegios públicos marroquíes mientras que las publicaciones, aunque todavía escasas, no dejan de producirse.

En líneas generales, y a pesar de la persecución a la que fueron sometidas en el pasado, la mayoría de escrituras nativas africanas están experimentado un renacimiento. Este se debe a la identificación que los diferentes pueblos sienten hacia sus lenguas y alfabetos, lo que los ha situado como estandartes de sus reivindicaciones identitarias. Esta tendencia incita al optimismo en cuanto a la preservación y continuidad de la riqueza cultural africana.

 

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