RDC: ¿Alternancia o continuidad?

Por: Lwanga Kakule Silusawa - 06/02/2019

[En la imagen superior: Los abogados del partido de Félix Tshisekedi celebran la resolución del Constitucional, que desestimó la petición de Martin Fayulu de un nuevo recuento. Fotografía: Getty]

 

El Constitucional ratifica la victoria de Tshisekedi, que gobernará con un primer ministro del partido de Kabila.

 

República Democrática de Congo abre una nueva página en su historia con la primera transferencia pacífica del poder desde su independencia. El presidente saliente, ­Joseph Kabila, tras 18 años al frente del país, cede el testigo al hasta ahora opositor Félix ­Tshisekedi. El Tribunal Constitucional ratificó el pasado 20 de enero los resultados de los comicios, celebrados el 30 de diciembre, a pesar de las dudas que han suscitado tanto dentro como fuera del país.

Según el Constitucional, Tshisekedi obtuvo el 38,57 % de los sufragios, seguido de Martin Fayulu –que encabezaba la coalición LAMUKA– con el 34,8 %, y del candidato oficialista, ­Emmanuel ­Ramazani Shadary, del Front Commun pour le Congo, la coalición en la que está el partido de Kabila. Su delfín se quedó con el 23,8 % de los votos.

La muy influyente Conferencia Episcopal Nacional de Congo declaró que, según los datos recogidos por sus más de 40.000 observadores desplegados por los colegios electorales de todo el país, Félix Tshisekedi no sería el ganador de las elecciones presidenciales. Por ello pidió el recuento de los votos para dar credibilidad a los resultados.

Fayulu ha reivindicado el triunfo. Según el candidato, obtuvo el 61 % de los votos, y denunció lo que él mismo calificó como un «golpe electoral». Su queja, y la petición de un recuento de los votos, no fueron atendidos por el Constitucional, que consideró que sus argumentos carecían de fundamento. Convencido de que el Tribunal está «al servicio de un individuo y de un régimen que no respeta las leyes» y que, por tanto, ha dado validez a unos «resultados falsos», Fayulu se autoproclamó en un comunicado «único presidente legítimo de República Democrática de Congo» poco después de la confirmación de los resultados.

Organismos internacionales como Naciones Unidas, la Unión Africana (UA) o la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC) aplaudieron que las elecciones se celebraran, contra todo pronóstico, con tranquilidad. Sin embargo, también pidieron transparencia a la Comisión Electoral Nacional Independiente (CENI) en la recopilación y recuento de los resultados, el asunto que más suspicacias ha levantado en todo este proceso. De hecho, la UA, tras una reunión consultiva de alto nivel, celebrada el 17 de enero ante las «serias dudas sobre la conformidad de los resultados provisionales», pidió la suspensión de la proclamación de los resultados definitivos y anunció el envío urgente a Kinshasa de una delegación de alto nivel que ayudara a resolver la crisis poselectoral. Sin embargo, el Constitucional no escuchó esa petición y confirmó la victoria de Tshisekedi, tal y como había hecho la CENI. Ante esta respuesta, la UA decidió posponer el envío de su misión a la capital congoleña. Mientras, los presidentes de Sudáfrica y Burundi, Cyril Ramaphosa y Pierre Nkurunziza, respectivamente, o la misma SADC, ya han felicitado a Félix Tshisekedi y han pedido a los actores políticos que mantengan la unidad y la estabilidad en el país.

La reacción de la población, tal y como ha recogido MUNDO NEGRO, se divide entre la satisfacción y la decepción. En los territorios donde se ha expandido la Unión para la Democracia y el Progreso Social (UDPS) de Tshisekedi, especialmente en el Kasai, los resultados fueron recibidos en un clima de fiesta por la victoria. Frente a eso, también reinan la tristeza y la frustración al ver que los resultados proclamados por el Constitucional no reflejan la verdad de las urnas y que el cambio esperado está lejos de cumplirse.

Las dudas de la comunidad internacional fueron un reflejo de lo que se cocía en la sociedad congoleña. Semanas antes de las elecciones, muchos ciudadanos manifestaron su desconfianza hacia la CENI y expresaron sus dudas de que respetara el calendario electoral establecido. De hecho, su presidente, ­Corneille Nangaa, pospuso las elecciones –previstas inicialmente para el 23 de diciembre– al día 30 «por cuestiones técnicas». También excluyó de las presidenciales a las circunscripciones de Yumbi, Beni y Butembo –con 1,2 millones de electores, según la CENI–, por razones técnicas, de seguridad y sanitarias –en referencia a la epidemia del Ébola–, respectivamente. La justificación de esta suspensión no convenció a la ciudadanía, que vio también cómo las legislativas y las provinciales se posponían hasta marzo en estas tres circunscripciones, favorables en principio a Martin Fayulu. A pesar de todo, los congoleños esperaron hasta el 30 de diciembre y, como si de un día de fiesta se tratara, fueron a votar.

 

Un grupo de congoleños consulta el censo de votantes el día de las elecciones en un colegio electoral de Goma. Fotografía: Lwanga Kakule Silusawa

 

El control del Legislativo

Los resultados de las legislativas, anunciados el pasado 12 de enero, y recurridos en varias provincias, van en el sentido contrario a los de las presidenciales. Según cálculos de France Presse, la coalición proKabila obtendría la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional con más de 250 escaños sobre un total de 500. La coalición encabezada por Fayulu obtendría 94 escaños, mientras que Cap pour le Changement, que reagrupa a Félix Tshisekedi y Vital Kamerhe, se quedaría como tercera fuerza con apenas 46 escaños.

La organización política del país establece que el partido con más representantes en la Asamblea elige al primer ministro, lo que significa que Félix Tshisekedi gobernará con un primer ministro procedente de la coalición del partido de Kabila. Además, el ya expresidente, que es senador vitalicio según la Constitución, podrá seguir controlando los hilos del poder tanto desde el Parlamento como del Senado.

Después de su investidura, Tshisekedi se enfrenta al desafío de responder a la crisis de legitimidad que emana de las últimas elecciones, garantizar la credibilidad de las instituciones nacionales –entre ellas la muy cuestionada CENI–, mejorar las infraestructuras, garantizar la seguridad –especialmente en el este del país– y crear puestos de trabajo para mejorar la calidad de vida de los 80 millones de personas que viven en uno de los países más ricos en materias primas en el mundo.

El nuevo presidente, de 55 años, es hijo del histórico opositor Étienne Tshisekedi, fundador de la Unión para la Democracia y el Progreso Social (UDPS). El político falleció el 1 de febrero de 2017 en Bruselas a causa de una embolia pulmonar. Dos años más tarde, su cuerpo permanece en la capital belga a la espera de su repatriación.