Benfica, misión urbana

Por: Jaume Calvera - 26/04/2018
Barrio periférico de Maputo (Mozambique)
Fuera de los focos de turistas que se agolpan en las calles de la capital mozambiqueña, la parroquia de San Francisco Javier es un epicentro de pastoral, educación y cohesión social en un enclave de 80.000 habitantes.

Son las cinco de la mañana y el tráfico delante de la parroquia de San Francisco Javier, en el barrio de Benfica, cercano a Maputo, la capital de Mozambique, es ya caótico. Los triciclos luchan por colarse los primeros para poder repartir sus mercancías lo antes posible, aun a riesgo de causar pequeños accidentes. Las mujeres cargadas con grandes fardos en la cabeza, van en busca de su rincón cotidiano para extender sus productos y venderlos para sacar algo de dinero. Un guion que se repite diariamente casi calcado.

El recinto de la parroquia está lleno de niños que con uniformes escolares acuden a sentarse a las aulas a partir de las seis de la mañana, que es cuando abre la escuela.

Los tres perros guardianes, que vigilan el recinto de noche, ya han sido encerrados en un lugar seguro para que no molesten a los niños que perezosamente van llegando a la escuela desde lejos. La parroquia fue fundada en 1949 y tal como se hacía en aquella época, la iglesia y la torre central tienen una marcada huella arquitectónica europea. Y es que Mozambique en aquel tiempo era una floreciente colonia lusófona y se pensaba más en imitar estilos y modelos europeos y portugueses, que pensar que aquello era Mozambique. Que era África.

 

El trabajo educativo de las Hermanas de la Presentación de María es fundamental en el barrio de Benfica. Fotografía: Javier Fariñas

 

Párroco abulense

El P. Juan Sánchez Arenas es el párroco de San Francisco Javier. Nació en Gimialcón (Ávila) y después de diez años de trabajo misionero en Brasil, ahora está trabajando en Mozambique. A él le toca la difícil tarea de encajar un verdadero puzle de actividades pastorales: la atención en otras cinco capillas externas, la catequesis de niños adultos, la administración de las finanzas de la parroquia, la coordinación de los grupos parroquiales, y hasta le toca encerrar a los perros por la mañana. Su constante bromear de cada situación y su fácil carcajada no le hacen, ni mucho menos, ser superficial; al contrario, su profundo análisis de las situaciones sociales, políticas y eclesiales por las que pasa el país y en las que se encuentra sumergido como párroco, provoca que se escuchen sus comentarios a gusto.

Comparte este trabajo con el P. Antonio Bonato, otro misionero comboniano italiano que está más específicamente encargado de los temas escolares. Cuando se le pregunta cuántos alumnos pasan durante el día por las clases de la escuela, lanza un simpático bufido, como queriendo decir «casi me pillas», porque son casi un millar y medio de estudiantes que, en tres turnos, van a la escuela desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche.

El P. Juan, quien de joven quiso ser inspector de policía, (ver -MUNDO NEGRO nº 623, pág. 62-65) analiza y piensa cada una de las palabras y no duda en utilizar expresiones portuguesas, ya que su inmersión en la realidad mozambiqueña es total. Hoy diríamos que está completamente identificado con Mozambique y su parroquia de San Francisco Javier, en Benfica.

 

El P. Juan Sánchez con la parroquia de San Francisco Javier al fondo. Fotografía: Javier Fariñas

 

Una parroquia ministerial

El barrio de Benfica tiene unos 80.000 habitantes de los que unos 13.000 son católicos, aunque no todos frecuentan las actividades parroquiales. El P. Juan desgrana de memoria el organigrama de su parroquia en la que la escuela y las actividades pastorales se cruzan y se complementan. Al ser un barrio periférico de la ciudad de Maputo, mucha gente que trabaja en la capital regresa al caer el sol y acude a la iglesia para sus diferentes actividades. Los adultos, por ejemplo, la frecuentan desde las 20.00h. hasta las 22.00h. de la noche cuando se imparten las clases de alfabetización. La Eucaristía diaria de las 19.00h. de la tarde hace que esté frecuentada como si de un domingo se tratara. Se celebra con mucha intensidad y no faltan cantos que animan la liturgia.

En el amplio organigrama de los diferentes ministerios, hay tres que destacan por su importancia y buena organización. En primer lugar está el ministerio de la Pastoral Social con temas relacionados con la justicia y paz, salud, mujer, comunicación social, desarrollo, caridad y migrantes. No obstante, debido a la estructura escolar presente en la parroquia, la educación tiene una importancia especial.

La Escuela Comunitaria acoge a 1.400 estudiantes de los que destaca un grupo de 80 adultos

La Escuela Comunitaria San Francisco Javier tiene 1.400 estudiantes que cada día acuden al recinto de la misión: 100 niños en la guardería infantil, 880 estudiantes de Primaria, 340 de Secundaria, y unos 80 adultos que acuden por las noches a clases de alfabetización. La enseñanza Primaria está subvencionada por el Estado, mientras que la Secundaria está parcialmente financiada, por lo que muchos padres sacan a sus hijos del colegio por no poder afrontar las matrículas. El edificio escolar está situado en la parte posterior de la iglesia. Son unas instalaciones relativamente nuevas y bien cuidadas, a pesar de los tres turnos escolares que cada día pisan las aulas. El Padre Bonato, nos dice que «no es fácil coordinar tres turnos escolares con tanta rotación de profesores y diferentes niveles de enseñanza».

En segundo lugar destaca en el organigrama parroquial, el ministerio de la Liturgia. El P. Juan habla con simpatía de la existencia de una coral, «que canta muy bien, y que ha ganado premios en las competiciones diocesanas que se organizan». Está también el servicio de la acogida, de los acólitos, de los que proclaman la Palabra de Dios y por lo tanto tienen el ministerio de la Palabra.

 

Un grupo de parvulario canta frente a la Escolinha Comboni-Marinette. Fotografía: Javier Fariñas

 

Dentro de este ministerio de la Liturgia existe el servicio de la Esperanza, que consta de personas bien preparadas que acompañan a los que están gravemente enfermos hasta su muerte. Lo hacen juntamente con las familias de los enfermos para luego preparar el funeral y el entierro en el cementerio. Como subraya el P. Juan: «Enterrar a los muertos es una de las grandes obras de caridad que podemos hacer en la iglesia».

En el organigrama de la parroquia destacan los ministerios de Pastoral Social, Liturgia y Catequesis

El tercer ministerio que destaca por su importancia en este amplio abanico de actividades parroquiales, es el ministerio de la Catequesis, de la transmisión de la fe en Jesús. Es una actividad que cuenta con la ayuda de los seminaristas de la diócesis de Maputo, que vienen los domingos para ayudar a los catequistas. La parroquia tiene nada más y nada menos que 200 de ellos y unas 17 etapas de formación. El catecumenado de adultos está dividido en dos secciones: primero, los que fueron bautizados de pequeños y que de adultos reciben formación; y, en segundo lugar, los adultos no bautizados que realizan un camino catecumenal de tres años. Estos grupos pasan todo el día del sábado en la parroquia para recibir las catequesis, tener encuentros de oración y comunicarse entre ellos.

El futuro pasa por la Escolinha Comboni-Marinette

A cierta distancia de la Escuela Comunitaria, se encuentra un edificio que alberga a los más pequeños. El centro se llama Escolinha Comboni-Marinette, un proyecto conjunto entre los Misioneros Combonianos presentes en la misión de Benfica y las Hermanas de la Presentación de María, fundadas por María Rivier –-conocida como Marinette–, la beata nacida al sur de Francia y cuya congregación se extiende por todo el mundo. En Mozambique tienen 34 hermanas distribuidas en ocho comunidades. Los 100 niños que asisten a este parvulario, disponen de comedor, aulas con mobiliario adaptado y un pequeño rincón en el patio con juegos infantiles. La guardería provee un desayuno por la mañana cuando llegan los niños al colegio y una comida al mediodía.

 

Tres niñas disfrutan la hora de recreo en la Escuela Comunitaria. Fotografía: Javier Fariñas

 

Movimientos apostólicos

La parroquia de San Francisco Javier tiene dos movimientos donde el voluntariado es la base de funcionamiento. El primero es el conocido como la Legión de María, de un corte tradicional, pero que se compone de unas 450 mujeres donde muchas de ellas, siendo ancianas, sienten que la pertenencia a este grupo las hace todavía activas. El segundo movimiento se llama Esperanza y Vida y está formado por viudas que se apoyan y ayudan entre ellas. A nivel social las viudas de Esperanza y Vida visitan las cárceles y lugares donde se encuentran amplias bolsas de marginación social. Su conexión entre fe y vida hace que sea un movimiento con un amplio apoyo social. De toda esta descripción es fácil señalar el enorme compromiso y la actividad social que se mueve en torno a esta parroquia enclavada en el barrio periférico de Benfica.

Cada día, cuando a las diez de la noche sale el último estudiante de la Escuela Comunitaria San Francisco Javier, un grupo de personas barrerán las clases y pondrán en orden los pupitres descolocados a lo largo de las 16 horas de clases continuadas. Se apagarán las luces del patio. El P. Juan Sánchez soltará los perros y en la pequeña casa donde viven los dos misioneros quedará el silencio de un merecido descanso. Y es que a las cinco de la mañana, la vida en Benfica volverá a activarse.