¡Bienvenido, Mr Johnson!

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Por Jaume Portell Caño

Londres ya ha convocado a los países africanos para fortalecer vínculos comerciales tras el Brexit.


«El mejor destino para África sería que las antiguas potencias coloniales se lanzaran una vez más en su dirección; entendiéndose que esta vez no se les pedirá que se sientan culpables». En 2002, un periodista inglés llegó a esta conclusión después de visitar Uganda, en un artículo donde no faltaron las menciones a las chozas, el sida y las luchas tribales. Su autor, Boris Johnson, hoy es el primer ministro británico encargado de guiar al Reino Unido tras el Brexit. Una de sus primeras iniciativas ha sido acercarse al continente africano a través de una reunión en Londres a la que no asistieron ni la mitad de los presidentes convocados.

En 2002, un periodista inglés llegó a esta conclusión después de visitar Uganda, en un artículo donde no faltaron las menciones a las chozas, el sida y las luchas tribales. Su autor, Boris Johnson, hoy es el primer ministro británico encargado de guiar al Reino Unido tras el Brexit. Una de sus primeras iniciativas ha sido acercarse al continente africano a través de una reunión en Londres a la que no asistieron ni la mitad de los presidentes convocados.

En 2017, solo el 3 % de las exportaciones británicas acababan en tierras africanas. Los 12.800 millones de dólares de exportaciones a España superaban todo lo que los británicos vendían en toda África –11.000 millones–. Las importaciones desde África representaron 17.100 millones de dólares, con un énfasis especial en el petróleo y el gas nigerianos, y el oro y el platino sudafricanos. Pese a representar un peso menor en cuanto a cifras, algunos de los productos en juego son determinantes para Londres. La británico-holandesa Shell ganó 4.000 millones de dólares por sus negocios en Nigeria en 2017; y Lonmin, la compañía minera colonial creada en 1909, sigue operando en Sudáfrica y Zimbabue. 

El Reino Unido, con sus empresas constructoras, intentará seducir a los nigerianos apuntando a uno de sus grandes problemas: las infraestructuras. Cualquier intento de industrialización requerirá una mejora de las carreteras del país, cuyas exportaciones siguen centrándose en el crudo. Las carísimas facturas pagadas por importar gasolina cada año siguen siendo la cruel metáfora del gigante nigeriano: venden millones de barriles de crudo, pero no hay plantas para procesarlo. En lo que respecta a Sudáfrica, el economista especializado en agricultura Wandile -Sihlobo celebra que el Reino Unido ya sea un gran mercado para las naranjas sudafricanas, y considera que el acuerdo firmado entre los británicos y la Unión Aduanera de África Austral, permitirá que esta relación fluya de la misma manera. -Sihlobo recuerda que, dentro de la UE, España había presionado para restringir la entrada de las naranjas sudafricanas.

El patrón en las relaciones entre Londres y sus socios africanos es similar al de las economías coloniales: el Reino Unido exporta ordenadores, coches, tractores y maquinaria a los africanos, mientras que estos venden productos agrícolas o materias primas sin procesar. 

Uno de los 21 asistentes al encuentro de Londres fue el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, en el poder desde 1986. Rosebell Kagumire, activista feminista ugandesa y colaboradora de MUNDO NEGRO, ironiza con la presencia de Museveni en Londres: «¡Nunca se pierde estas reuniones!». Kagumire expone que los británicos se dedican a cuestiones de desarrollo en Uganda, pero duda sobre las intenciones de la cooperación: «No sé por qué la llaman ayuda: si tú destrozas un país y le quitas todos los recursos y después le das algo de dinero, eso no es ayuda». Uno de los retos de Uganda es conseguir que las mujeres accedan a la propiedad de la tierra y al capital para mejorar la producción. Las exportaciones ugandesas al Reino Unido son, en un 70 %, productos agrícolas, y no llegan a los 30 millones de euros. Boris Johnson prometió que la carne ugandesa tendría un sitio «en las mesas del Reino Unido» con los nuevos acuerdos, pero Kagumire cree que la popularidad de Museveni no depende de la economía: «En Uganda no tiene ninguna imagen que mantener. Tiene el control del Ejército y sigue en el poder por el apoyo que recibe de Occidente, como todos los dictadores africanos».

Un seguidor del Arsenal navega por la página web del equipo inglés, en la que se promociona el acuerdo de colaboración con Ruanda (Fotografía: Cyril Ndegeya/Getty)). En la imagen superior, el primer ministro británico, Boris Johnson, y el presidente keniano, Uhuru Kenyatta, en Dowming Street (Fotografía: Wiktor Szymanowicz/Getty)


No solo Nigeria y Sudáfrica

David Himbara es un economista ruandés que trabajó para el Gobierno de Ruanda en dos períodos. Himbara contribuyó a mejorar la posición de su país en el Ease of Doing Business Ranking del Banco Mundial, que mide la facilidad para hacer negocios en todos los países del mundo. Sin embargo, tras sus críticas a Paul Kagamé, Himbara se exilió a Sudáfrica primero y a Canadá después. El economista considera que el Reino Unido se fijará especialmente en los dos gigantes del continente, Nigeria y Sudáfrica. Himbara cree que Ruanda es un país demasiado pequeño en cuanto a PIB como para poder interesar a los británicos. Su opinión contrasta con los movimientos del presidente Kagamé, que intenta convertir Ruanda en un destino turístico a través del patrocinio del Arsenal, de la liga inglesa de fútbol.

El humor se ha convertido en uno de los mejores métodos para comentar la actualidad política. El keniano Victor Ndula publicó en 2017 una viñeta sobre el Brexit: en ella aparecía el Reino Unido a punto de caer por una catarata tras salir de la UE. Los británicos, para resistir, intentaban agarrarse a África. El discurso de acercamiento, según Ndula, responde a una batalla de poder con los chinos, que han destronado a Londres en la economía keniana: «Los británicos no quieren ceder terreno tan fácilmente», apunta el dibujante. Ndula considera que la batalla permite que ser un dirigente africano sea ahora mismo «un negocio muy lucrativo» gracias a «los juegos de seducción de las grandes potencias mundiales». Los beneficios de los acuerdos comerciales, según Ndula, no son tan obvios e inmediatos para los kenianos de a pie, que siguen con problemas para llegar a fin de mes.  

Más esperanzado se muestra el zimbabuense Kudzai -Gumunyu. Trabajador en el sector financiero, en 2019 escribió Hard -Boiled Egg, un libro que contaba cómo vivió la hiperinflación de Zimbabue junto a su familia. -Actualmente reside en Nigeria, y espera que la inyección de capital desde el exterior pueda revivir la economía de su país. Gumunyu cree que la diáspora zimbabuense podría jugar un papel crucial en esa resurrección; y añade que su país puede ser clave para la economía mundial: «Zimbabue tiene oro, platino, diamantes e incluso litio, especialmente importante para los coches eléctricos. Cuenta con un déficit importante en la producción energética, pero podría mejorar mucho su situación si se subiera al carro de la energía solar».

La gran pregunta en las relaciones Reino Unido-África es si los nuevos acuerdos permitirán escapar del patrón colonial –-venta de materias primas baratas sin procesar, compra de productos manufacturados– o ahondarán en la situación actual. Gumunyu concluye con un apunte importante para plantear cualquier negociación comercial con los británicos: «Hay un proverbio zimbabuense que dice: “La hierba del búfalo es aquella que tiene en su estómago; la que tiene en su boca no es suya, porque podría morir antes de tragarla”. África tiene recursos, pero no la propiedad de esos recursos. Tenemos que conseguir explotar nuestros minerales para dejar de hablar del potencial y conseguir ser ricos de verdad».


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