Bravuconada en tierra de nadie

  Por José Naranjo

 

 

Son apenas cinco o seis kilómetros de accidentada pista de arena, un pequeño trozo de desierto, una porción de tierra baldía. Nada. Y, sin embargo, esa mísera franja de terreno ha estado a punto de desen­terrar el hacha de guerra y hacer hablar a las armas en Sahara Occidental, silenciadas desde el alto el fuego de 1991. Su nombre oficial es Guerguerat pero en la vecina Nuadibú todos lo conocen por ­Kandahar, como la ciudad afgana, el lugar por donde transitan vehículos y mercancías entre Mauritania y la excolonia española hacia Marruecos, entre el norte y el sur, pero también punto estratégico para toda suerte de contrabandos. Ni los avisos de que estamos en zona minada ni los esqueletos de coches abandonados amedrentan a los hacedores de negocio.

El asunto es que en agosto pasado a las autoridades marroquíes les entró un pronto de dejarlo todo limpito, así como cuando viene la suegra, y comenzaron, vía empresa interpuesta, a asfaltar la carretera. Solo un pequeño detalle. Esa nada desértica está más allá del muro construido por Marruecos durante la guerra contra el Frente Polisario y, por tanto, es oficialmente tierra de nadie, no man’s land. Y la penetración de maquinaria pesada y de militares marroquíes con la intención de introducir cambios en la zona es más que una provocación, es un intento de alterar el statu quo alcanzado tras el alto el fuego y aceptado, de momento, por ambas partes.

Lo que todo el mundo sabe es que Rabat no da puntadas sin hilo. Y que la maniobra mister Proper tenía mucha más carga de profundidad que simplemente limpiar el polvo del camino. Desde que Mohamed VI consiguió forzar la expulsión de casi un centenar de funcionarios de la misión de Naciones Unidas de los territorios que ocupa ­ilegalmente sin que se produjera una reacción adecuada por parte de la propia ONU o de la comunidad internacional, Marruecos está crecido. Su reingreso en el seno de la Unión Africana y su próxima entrada por la puerta grande en la CEDEAO, si el dosier avanza al ritmo esperado, darán un nuevo impulso a sus pretensiones de ningunear a la República Árabe Saharaui Democrática. Y la salida de pata de banco de Guerguerat iba en esa misma dirección.

La reacción del Frente Polisario no se hizo esperar y también trasladó tropas a la zona, subiendo el diapasón de la tensión hasta un punto tan álgido que el propio rey de ­Marruecos decidió cambiar de estrategia. Con la evidente intención de ganarse el favor del nuevo secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, anunció a finales de febrero la retirada de sus tropas (uy, quiero decir, de la empresa de asfaltado) de la zona en litigio. La bravuconada ha vuelto a mostrar que Marruecos no cejará en su empeño de consolidar su ocupación sin pasar por la puerta de la legalidad internacional, que no es otra que el referéndum que ha boicoteado desde siempre. De momento se retira. Pero ya volverá a la carga por esa costura… o por otra.

 

[Fotografía superior: El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, con el secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali, el pasado 17 de marzo de 2017, en la sede de Naciones Unidas / UN PHOTO – Mark Garten]