Cambio climático y conflictos

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Somalia, Chad, Eritrea, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sudán, Níger, Haití, Afganistán, Guinea-Bissau, Burundi, Liberia, Madagascar, Zimbabue, Yemen, Malí, República de Congo, Birmania y Etiopía, son los 20 países más vulnerables al cambio climático. De ellos, 14 se encuentran en África y muchos se hallan envueltos en diversos tipos de conflicto. Elemento muy importante a tener en cuenta ya que el cambio climático afecta mucho más a las personas que viven en zonas de conflicto.Los activos que deberían ayudar a hacer frente al calentamiento global, las instituciones del Estado, los servicios esenciales, la cohesión social, los medios que permiten disfrutar de una vida digna o incluso la libertad de movimientos, se ven profundamente afectados por el conflicto. Por eso, el cambio climático empeora aun más la situación de estrés y agrava las dificultades extremas a las que se enfrentan las personas que habitan en zonas de guerra. Estas son algunas de las conclusiones a las que llega el informe: When rain turns to dust. Understanding and responding to the combined impact of armed conflicts and the climate and environment crisis on people’s lives, elaborado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (ICRC).

Para los autores de este estudio, el daño ambiental derivado del conflicto puede limitar enormemente la capacidad de las personas para adaptarse al cambio climático, ya que es normal que la guerra afecte de manera directa al medioambiente. Los ataques pueden resultar, por ejemplo, en la contaminación del agua, el suelo y la tierra, o liberar contaminantes en el aire. Los restos explosivos de la guerra pueden también contaminar el suelo, las fuentes de agua y dañar la vida silvestre.

Además de causar muertes y lesiones, los conflictos también interrumpen la organización social, política y económica de las sociedades, agravan las disparidades y erosionan el desarrollo. En los conflictos prolongados, la persistencia de tal interrupción deja, frecuentemente, secuelas permanentes en las personas y las sociedades. Toda esta situación se ve empeorada por los riesgos climáticos y la degeneración ambiental que agravan más la inseguridad alimentaria y económica y las disparidades de salud, limitan el acceso a los servicios esenciales y debilitan la capacidad de los gobiernos, las instituciones y las sociedades para brindar socorro a los ciudadanos. El impacto de esta superposición de elementos no es solo amplio, sino que también tiene un largo alcance. Los efectos de este cóctel pueden moldear la movilidad de las personas, los patrones de trashumancia o el acceso a los recursos esenciales del continente.

Adaptarse a un clima cambiante, afirma el informe, puede requerir una gran transformación social, cultural o económica. Pero estos esfuerzos, que tienen que ser ambiciosos y a largo plazo, tienden a ser muy escasos en tiempos de guerra, no solo por la debilidad de las autoridades, sino también porque estas suelen concentrar los esfuerzos en restaurar la seguridad nacional y, eventualmente, en revitalizar la economía y reparar o construir infraestructuras.

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja (FICR) estima que, para 2050, 200 millones de personas podrían necesitar ayuda humanitaria internacional cada año, el doble que en la actualidad. Las organizaciones humanitarias preparan sus planes para hacer frente a las crisis que la mezcla de conflicto y cambio climático hará que cada vez sean más profundas y frecuentes. Pero sin cambios sistemáticos y estructurales significativos, voluntad política, buen gobierno, inversiones, conocimiento técnico y un cambio de mentalidad todos estos esfuerzos difícilmente podrán garantizar que las comunidades más afectadas puedan recibir el apoyo que necesitan para hacer frente a estas situaciones y enfrentarse a ellas.

Fotos de portada: Rebeldes en el norte de República Centroafricana, de hdptcar

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