Camerún se desmorona

Por: Chema Caballero - 16/05/2019

Las autoridades de Camerún han torturado y mantenido en régimen de incomunicación a decenas de personas en un centro de detención en la capital, Yaundé. La gendarmería y otras fuerzas de seguridad dependientes de la Secretaría de Estado de Defensa (SED) han golpeado severamente y usado otras formas de tortura para obtener confesiones de los detenidos sospechosos de tener vínculos con los grupos que buscan la independencia de las zonas anglófonas del país, asegura Human Rights Watch (HRW).

No es la primera vez que la organización de derechos humanos denuncia el uso de la tortura y la violencia por parte de fuerzas gubernamentales camerunesas. El pasado mes de abril, también hacía publico que soldados, gendarmes y miembros de las Brigadas de Intervención Rápida (BIR) -las fuerzas especiales del Ejército camerunés- habían atacado y causado muertes y heridos en aldeas de la región Noroccidental, que junto a la Suroccidental  son las dos regiones de habla inglesa que conforman el territorio de la llamada República de Ambazonía que busca independizarse del resto de Camerún, de mayoría francófona.

En el último informe, HRW documentó 26 casos de detención en régimen de incomunicación y desaparición forzosa en las instalaciones de la SED entre enero de 2018 y enero de 2019, incluidos 14 casos de tortura. Es probable, según la organización, que el número sea mucho mayor porque los abusos se cometen en secreto y muchos ex detenidos se muestran reacios a hablar por temor a represalias.

Igualmente, son frecuentes los informes de abusos cometidos por las fuerzas de seguridad en el Extremo Norte del país donde se luchan contra Boko Haram. Ejecuciones extrajudiciales, detenciones y torturas también parecen ser comunes en esa parte del país. Baste recordar el vídeo del asesinato de dos mujeres con niños sospechosas de colaborar con el grupo yihadista que se hizo viral hace pocos meses.

Además, el pasado mes de enero, la policía detuvo al principal líder de la oposición, Maurice Kamto, junto a otros políticos en la ciudad de Douala tras días de protestas de la sociedad civil en la calle. Kamto quedó segundo en las elecciones celebradas el 7 de octubre de 2018, detrás de Paul Biya, pero alega que fue el ganador de los comicios con más votos que el actual presidente aunque nunca ha demostrado la fuente de estos datos. Amnistía Internacional denunció que la fuerte represión de las manifestaciones por parte de las fuerzas de seguridad tuvo como consecuencia siete heridos de bala y más de un centenar de detenidos. Esta organización tildó el arresto de Kamto y cuatro de sus acompañantes como una señal de la creciente represión contra los líderes de la oposición, defensores de los derechos humanos y activistas de Camerún por parte del Gobierno. Todavía hoy, el líder de la oposición camerunesa sigue en prisión.

Paul Biya gobierna Camerún desde 1982 y es el segundo presidente que más tiempo lleva en el poder en África, tras Teodoro Obiang, el  jefe de Estado de Guinea Ecuatorial, cargo al que llegó en 1979.

Para mantenerse 37 años en el poder, Biya se ha apoyado en su grupo étnico, en el ejército y en las fuerzas de seguridad del Estado. Estos grupos gozan de total impunidad, controlan los recursos del estado y, evidentemente, no quieren que nada cambie en el país. De ahí que se aferren al poder y utilicen todos los medios a su alcance para mantenerse en él. Esto explicaría la brutalidad del régimen. Además, ante los continuos rumores de enfermedad del presidente, sus círculos más cercanos recurren, cada vez más, a la represión.

Mientras, los ciudadanos no dejan de organizarse. Cada vez son más los opositores al régimen y los grupos de sociedad civil que no se callan y vocean sus reivindicaciones. Así que cada día la situación se tensa un poco más en el país.

Lejos de resolver el problema de las provincias anglófonas que intentan independizarse, el régimen ha respondido con una campaña de represión que ha terminado en una guerra civil. Aunque parece que ahora, como respuesta a la presión internacional, estaría dispuesto a sentarse a hablar con los independentistas. En el Extremo Norte, la población civil se siente abandonada porque los terroristas de Boko Haram campan a sus anchas por el territorio ante la pasividad del ejército que no sale de sus cuarteles. Finalmente, la oposición política es continuamente reprimida y atemorizada. El régimen de Paul Biya hace aguas, pero quiere resistir lo máximo posible y sacar el mayor provecho de ello. Por eso, poco a poco se asistirá un incremento de la tensión en Camerún que posiblemente tenga como consecuencia la perdida de nuevas vidas y una mayor vulneración de los derechos humanos. Mientras, la comunidad internacional permanece muda, especialmente Francia, principal apoyo del presidente.