CINE: La vie de chateau, por Cédric Ido

Por: Sebastián Ruiz-Cabrera - 27/04/2018

 

Título: La vie de chateau

Dirigida por Cédric Ido

País: Francia

Género: Comedia

Nota: El actor protagonista es Jacky Ido, un polifacético artista francés y hermano mayor del director al que, entre otros trabajos, se le pudo ver en la película Malditos bastardos, de Quentin Tarantino.

«Bonjour mademoiselle, ¿un peinado? ¿Manicura a buen precio?». Estas podrían ser algunas de las primeras frases que sorprenderán al turista que por primera vez se asome por las escaleras del metro en la estación Château d’Eau, de París. Una isla a pocas paradas de la torre Eiffel y alejada de los circuitos turísticos, pero de obligada visita si se quiere comprender mejor el heterogéneo ecosistema social que alberga la Ciudad de la Luz: aceras animadas; múltiples peluquerías; diferentes y visibles oleadas de inmigración africana; comerciantes kurdos; sastres italianos; tiendas indias abarrotadas; comerciantes de todo… En este vivero nunca representado realmente en el cine, el realizador Cédric Ido, nacido en París y con raíces burkinesas, y el guionista Modi Barry, tuvieron la buena idea de imaginar esta ficción. Ido, quien ha manifestado su predilección por el cine de samuráis, ha apostado esta vez por un bodegón social que conoce bien.

La vie de château es la historia de Charles, siempre bien vestido y con trajes elegantes y llamativos, quien lidera un grupo de comerciantes cuyo único objetivo es atraer clientes a las peluquerías del barrio. El sueño de Charles es abrir su establecimiento aunque sus estrategias para ello no siempre serán las más acertadas. En la película se puede observar el frenesí de este vecindario que funciona durante todo el día y está aderezado con música según la nacionalidad (rumba congoleña, coupé décalé, música nigeriana, makossa camerunés) o productos típicos como las samosas o el bissap (zumo de hibisco). El mérito de esta comedia estrenada en Francia el pasado agosto es evidente: visibilizar este inmenso punto ciego del cine francés, que ignora globalmente todo lo que no tiene que ver con la burguesía blanca y con la realidad de los suburbios.