«Decíamos ayer»

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Estas palabras, de atribución incierta, bien podrían resumir la evolución de la pandemia del coronavirus en África. Hace un mes avanzábamos las dificultades que se intuían para el mantenimiento de la cadena de frío y la distribución de algunas de las vacunas que ya están circulando por algunos países del Norte. Ahora, al temor se une la denuncia. Un grupo de organizaciones internacionales, entre las que se encuentran Amnistía Internacional y Oxfam, han avisado de que en 70 países del mundo solo uno de cada 10 individuos podrá vacunarse si farmacéuticas y Gobiernos no toman medidas. ¿El motivo? En los países ricos estamos acaparando su compra: «Hasta ahora, todas las dosis de Moderna y el 96 % de las de Pfizer/BioNTech han sido adquiridas por países ricos». 

El director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, John Nkengasong, se ha atrevido a poner fecha a su llegada a África: el segundo trimestre de 2021. Sin embargo, puede haber sorpresas. ¿De la mano de quién? De China y puede que de Rusia. Sobre la primera, Egipto  está en negociaciones con un laboratorio asiático para producir y distribuir su vacuna. En torno a la segunda, la famosa Sputnik V, goza de muy buena imagen entre los africanos. A pesar de las dudas sobre su eficacia y la falta de datos científicos que la avalen, parece que la rusa va en cabeza en la pelea por la imagen pública. Quién sabe si esa percepción suscitará el deseo de Moscú de incrementar su influencia en el continente, aunque sea a través de la inmunización. 

Hace un mes contábamos en este mismo rincón que el primer ministro de  Esuatini,  Ambrose Dlamini, se había contagiado y permanecía asintomático. Después de ser trasladado el 1 de diciembre a Sudáfrica para «acelerar su curación», según informó el -viceprimer ministro, Themba Masuku, falleció el 13 de diciembre. Como en  -Burundi  no han reconocido de forma oficial que la causa de la muerte del que fuera su presidente, Pierre Nkurunziza, fuera el virus, Masuku se ha convertido, de forma oficial, en el primer gobernante africano que fallece por este motivo.

Y seguimos con la actualización de lo ya dicho. Los médicos en  Kenia  amenazaban hace un mes con una huelga si no mejoraban sus condiciones laborales. La muerte de Stephen Mogusu, médico de 28 años del hospital de Machakos, ha confirmado la denuncia. Reuters ha recordado su historia. Con un contrato temporal y trabajando con enfermos de coronavirus, llevaba cinco meses sin cobrar. Su caso es el ejemplo de la triple «sin» que soportan los sanitarios kenianos: sin protección, sin un seguro médico por si enferman y sin salario.

Y, mientras, los modelos se repiten. Igual que nos ocurrió a nosotros con Italia al principio de la crisis sanitaria, cuando clonábamos su evolución con 15 días de retraso, ahora es  Sudáfrica  la que se encuentra en la segunda ola. A mediados de diciembre empezó a experimentar lo que ya otros muchos hemos vivido antes. 



Imagen superior: World Bank Photo Collection (CC)

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