El Delta del Niger no se calma

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Por Chema Caballero

 

Entre alguna de las buenas noticias, referentes a África, que saltaban al finalizar el año 2016, se colaba el anuncio del presidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, alegando que “Boko Haram ha sido técnicamente derrotado”.

En una entrevista publicada por la BBC el 24 de diciembre, Buhari, explicaba que el grupo terrorista, que ha sido descrito como el más mortífero del mundo, “ya no podía montar ataques convencionales contra las fuerzas de seguridad o centros de población”. Su radio de acción se reduciría al corazón del estado de Borno y su capacidad operativa a armamento convencional.

Estas declaraciones llegaban tras desalojar el Ejército nigeriano a Boko Haram del que ha sido su principal refugio durante los últimos siete años, el bosque de Sambisa. Lugar que, según el jefe del Ejército nigeriano, será utilizado como campo de entrenamiento para sus tropas.

Habrá que observar la capacidad de reacción del grupo yihadista y ver si es capaz de rearmarse y seguir causando terror y destrucción entre las poblaciones del norte de Nigeria, Camerún, Chad y el sur de Níger.

También habrá que estar pendientes de las medidas que el Ejecutivo nigeriano implemente para ayudar a los miles de desplazados de la región a regresar a sus hogares y recomenzar sus vidas, además de prestar atención a la capacidad del mismo de solucionar las causas que están detrás del surgimiento del grupo, porque de nada vale derrotarlo si aquellas siguen latentes, ya que darán origen a nuevos movimientos violentos en un futuro próximo.

Mientras el presidente Buhari celebra esta buena noticia no puede olvidar que tienen abierto otro frente del que poco se habla en los medios de comunicación occidentales, quizás por no estar ligado al Daesh y sí a reivindicaciones de justicia para los pueblos del sur del país, y estar por medio algunas de las empresas petroleras más importantes del mundo. Hablamos de la situación en el Delta del Níger, que cada vez parece estar cogiendo más fuerza.

Como hemos recogido en varias ocasiones en estas mismas páginas (Ya nos habíamos olvidado del Delta del Níger y Tambores de guerra), desde el principio de 2016, el grupo armado denominado Niger Delta Avengers (Vengadores del Delta del Níger, NDA) ha estado atacando instalaciones petroleras en la región del Delta.

Desde un inicio, el NDA dejó clara sus intenciones: la independencia del Delta y el cese de actividades de las compañías petroleras. Según ellos, quieren traer la prosperidad y el desarrollo a una región que, a pesar de ser muy rica en petróleo, no se ha beneficiado de los dividendos que este produce.

Hasta ahora, la violencia, que parece contar con el apoyo de gran parte de la población de la región, ha conseguido cerrar varios pozos petroleros, se ha llevado docenas de vidas por delante y forzado a compañías como Shell y Chevron a evacuar personal y parar la producción en algunas zonas.

Consecuencia directa de todo esto es que la producción de crudo nigeriano se encuentra en el nivel más bajo de los últimos 22 años, cayendo a menos de 1.7 millones de barriles al día por primera vez desde 1994. Esto supone un fuerte golpe para la ya debilitada economía nigeriana.

En un intento de poner fin a este conflicto, y tras varias acciones militares que no han tenido demasiado éxito pero que han plagado las carreteras y caminos de los estados del Delta de controles militares y desplazado a algunas comunidades, el presidente Buhari llamó a un diálogo a los líderes locales y tradicionales de la zona. En octubre hubo una primera reunión en Abuya, la capital federal, donde la delegación del Delta presentó 16 puntos entre los que se encuentra el del estudio de la propiedad de los bloques petrolíferos para incluir a los estados de la zona. Pero hasta el momento no ha habido ninguna respuesta por parte del Ejecutivo nigeriano. Por su parte, el NDA acusa al Gobierno federal de no ser sincero en sus intenciones y de estar utilizando la excusa del diálogo, que se encuentra en punto muerto, para ganar tiempo.

Desde octubre, no se ha producido ningún avance en el diálogo y los ancianos y líderes del Delta acusan a Buhari de estar empujando a la región hacia una guerra civil.

Sabemos que los problemas de esta zona del sur de Nigeria no son nuevos. Prácticamente, desde que se comenzó a extraer petróleo del Delta del Níger, distintos grupos han protestado contra el impacto medioambiental y la privación de la región de los beneficios de esta industria. Quizás el punto culminante de este movimiento fue la ejecución del escritor y activista de derechos humanos Ken Saro-Wiwa en 1995. Tras él surgió el llamado Movimiento para la Emancipación del Delta del Níger (MEND, en inglés) que se disolvió tras la amnistía de 2009.

Con la llegada al poder del presidente Goodluck Jonathan, en 2010, la situación pareció calmarse. Él provenía de la zona y mostró simpatía hacia las reivindicaciones de sus habitantes. Pero, tras ganar Buhari las elecciones presidenciales en 2015, la situación volvió a deteriorarse. El nuevo presidente ha fracasado al querer convencer, sobre todo a los jóvenes, de que está preocupado por lo que sucede en la zona y que desea lo mejor para ella. Esta falta de simpatía y rumores como el de que el Gobierno quería retirar las pagas concedidas en la amnistía de 2009, están detrás del fuerte apoyo de la población a grupos como el NDA.

Cada vez está más claro que al igual que el fin del año traía buenas noticias para el norte de Nigeria, el comienzo del nuevo puede suponer un repunte de la violencia en el sur, lo que conllevaría una  mayor presión económica sobre el país dado el papel crucial que juega el petróleo en la economía nigeriana.

Sin embargo, varios analistas observan algunos signos que pueden jugar en favor del Gobierno nigeriano y provocar divisiones entre la población del Delta, como es el caso de la antipatía existente entre los Niger Delta Avengers -cuyos miembros dicen ser jóvenes y estar bien educados- y los antiguos militantes del MEND. Los primeros han sido muy críticos con cualquiera que llegue a un acuerdo con el Gobierno, como es el caso de los que se acogieron a la amnistía de 2009 y aceptaron pagas mensuales.

En el otro lado de la balanza, como elemento que otorga mayor apoyo al NDA, estarían los lazos de este movimiento con el resurgido movimiento de independencia de Biafra, que quiere establecer el estado independiente de Biafra en el sureste de Nigeria. Recordemos que Biafra existió como república independiente entre 1967 y 1970, y que se vio envuelta en una de las primeras guerras modernas de África que dejó miles de muertos y una gran hambruna en la zona.

Nnamdi Kanu, líder del partido Indigenous People of Biafra (IPOB), se encuentra en prisión desde octubre de 2015 acusado de traición, cargos que él niega. En repetidas ocasiones, el NDA ha pedido la liberación de Kanu sin conseguirla.

Tanto el NDA como el IPOB tienen los mismo límites geográficos. El miedo está en que los dos movimientos unan fuerzas, lo que aumentaría la amenaza al estado nigeriano. De hecho, el pasado 14 de diciembre, Kanu afirmaba que para cuando él termine de testificar ya no existirá Nigeria como tal.

Hasta ahora, como hemos visto, Buhari ha respondido a las amenazas que le llegan del sur con la mismas medidas que a las del norte, con el uso de la fuerza. Pero mientras en la lucha contra Boko Haram la mayoría de la población las apoya, en el Delta crean más oposición y más argumentos para sus adversarios.

Ya en mayo, una agrupación de organizaciones civiles (CSOs) de la zona alertaba de que la respuesta militar solo conseguiría agravar la situación vivida en la región en un comunicado que alentaba al Gobierno y a los insurgentes a buscar una solución pacífica al conflicto. Pero parece que esta recomendación no ha tenido mayor eco.

Ahora, con el inicio del nuevo año hay que estar muy pendientes de cómo evoluciona la situación. El juicio contra Kanu ha comenzado, el NDA está cansado de esperar a que el Gobierno negocie con ellos, el Ejecutivo necesita aumentar sus ingresos, para lo que depende de una mayor producción de petróleo, con el fin de mantener sus operaciones militares en el norte y en el sur… Todos los elementos del cóctel están preparados, ahora solo falta agitarlos y ver cómo reaccionan.

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