Dote

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Algunos amigos aseguran que serían las tres de la mañana cuando entró en la aldea, justo dos días después de haber desaparecido de ella. Llegó hasta la concesión familiar y fue directo a la casa principal, la perteneciente al cabeza de familia, y donde, como tal, su padre dormía. Bloqueó la puerta por fuera, para que no se pudiera abrir, y partió de inmediato. Pero esta vez no se fue con las manos vacías, se llevó su pequeño rebaño de cabras, el que sacaba a pastar todos los días, y 17 vacas del corral familiar. 

El progenitor se alzó temprano aquella mañana, quería preparase bien en el que sería un día muy importante para él. Al darse cuenta de que no podía abandonar su habitáculo pidió socorro. Cuando por fin otro de sus hijos acudió a su rescate y le liberó, le llegó un golpe más fuerte: las 17 vacas que había juntado para pagar la dote de su nueva esposa, la cuarta, habían desaparecido. Tal fue su sofocón que cayó en redondo al suelo y tuvo que ser trasladado hasta el hospital regional donde estuvo ingresado varios días. De regreso, ya en su casa, se pasa el día encerrado en sus aposentos, solo sale a la puerta a tomar un poco de aire de noche, cuando nadie le puede ver. Sus tres esposas afirman sonriendo que se niega a comer. Solo consiente en tomar leche de vez en cuando, tanta es su vergüenza.

Sin vacas no hay dote y sin dote no hay matrimonio. El hombre, de 74 años, tuvo que renunciar a sus planes y la boda se anuló. La novia, de 17 años, la misma edad del hijo que tuvo el valor de poner en ridículo a su progenitor, ya ha sido entregada por los suyos a otro pretendiente que no tuvo ningún problema a la hora de aportar el ganado requerido junto a los otros componentes de la dote.

Dos días antes de la incursión nocturna, el hijo había discutido con el padre por oponerse a los nuevos esponsales de este. Le llamó egoísta porque utilizaba el ganado familiar para conseguirse una nueva consorte mientras negaba a su hermano y a él el derecho a casarse. Habían llegado incluso a las manos, algo insólito y prácticamente nunca antes visto en la zona. Los jóvenes tienen que obedecer, sin cuestionar, los deseos y ordenes de los ancianos bajo la amenaza de graves -castigos. 

El hermano y los amigos del perpetrador lo ven como un héroe y le admiran. Ha osado enfrentarse a la tradición y, en vez de achantarse, se ha rebelado contra lo que ellos consideran una injusticia. El padre y los ancianos no piensan lo mismo y están muy enojados. Han optado por no llevar el caso a la Policía y tratarlo de forma tradicional, que puede resultar en un castigo más severo y gravoso para el atrevido adolescente. Los jóvenes temen por él, pero sonríen porque por fin las tradiciones opresivas empiezan a resquebrajarse.


Imagen superior: Miembros de una comunidad dinka en Sudán bailan alrededor del ganado que será entregado como dote en una boda. Fotografía: Eye Ubiquitous/GETTY



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