Editorial: Necesitamos soluciones estructurales

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[Editorial del número de MUNDO NEGRO de septiembre]


La colombiana Janeth Aguirre es misionera de María Inmaculada y está destinada en Koulikoro (Malí). Junto a sus hermanas de congregación, Janeth trabaja en la promoción de la mujer y ha puesto en marcha diversas iniciativas que «están transformado la vida de estas mujeres». Los proyectos de desarrollo y de promoción humana en África y en otros continentes, cuando se estudian bien las auténticas necesidades y se otorga todo el protagonismo a los beneficiarios, siempre mejoran la realidad de la gente.

Los Misioneros Combonianos de España lo sabemos muy bien. Por eso, a partir de los años 90, y gracias a la generosidad de tantos lectores de nuestras revistas, amigos y bienhechores, iniciamos a través de la Procura Provincial la financiación de proyectos misioneros de promoción humana en varios continentes y en diversos ámbitos: educativo, sanitario, apoyo a personas vulnerables, capacitación de personas… A título de ejemplo, solo durante el año 2019 hemos financiado 47 proyectos por un valor superior a los 400.000 euros.

Si volvemos a las palabras de la hermana Janeth, creemos identificar en ellas un lamento o una duda. El hambre continúa, la desnutrición aumenta, las iniciativas personales realizadas con muy buena voluntad no bastan y los proyectos tienen sus límites. Al final, ella misma da la clave: «Necesitamos soluciones estructurales para problemas estructurales». Como ejemplo de un problema estructural, la hermana Janeth habla de la corrupción que impide que los recursos económicos captados por el país lleguen hasta Koulikoro.

Los misioneros y misioneras a veces pecamos de concreción. Vivimos tan inmersos en nuestra comunidad humana que a veces olvidamos levantar la cabeza para ver el conjunto. Descubrimos entonces que las causas de muchos problemas son estructurales; y sin cambios en esas estructuras cosechamos solo esterilidad.

Todo esto no es nuevo. Ya san Juan Pablo II introdujo el término «estructuras de pecado» para explicar que la causa de muchos de los males que nos aquejan está incrustada en la propia estructura social. Por su parte, el papa Francisco, en Evangelii Gaudium, no duda en calificar la sociedad mundial actual como portadora de un «sistema social y económico injusto en su raíz». Y añade: «Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca».

Al mismo tiempo que se ha ido tomando conciencia de esta realidad estructural injusta, en la Iglesia católica se ha desarrollado el ministerio de Justicia y Paz a todos los niveles, como una actividad transversal que debe iluminar todas las acciones pastorales. Los misioneros y misioneras debemos seguir siendo personas cercanas a la vida de la gente e inspiradores de proyectos transformadores, pero sin olvidar esta dimensión de justicia y paz que identifique las estructuras injustas e incentive su cambio. 

Los misioneros y misioneras no somos agentes de desarrollo, somos anunciadores de la Buena Noticia de Jesucristo porque sabemos que acoger el Evangelio con coherencia es un valor en sí mismo que renueva a la persona y la posibilita para ser constructora de sociedades justas y fraternas. Los proyectos e iniciativas de promoción humana que animamos son signos y gestos de caridad, pero siempre subsidiarios al anuncio evangélico que los inspira.


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