El coronavirus visita Togo

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Por Juan José Tenías desde Lomé

La noticia, recibida cual anécdota de país lejano, se nos hizo tragedia no tardando. ¡Tragedia, monstruo y miedo! La mecha encendida en diciembre pasado en la ciudad china de Wuhan corrió como la pólvora ante el descuido y el despiste, incluso de los países más prevenidos y preparados.

¡Cómo no recordar, por ejemplo, los memes y chistes publicados en vuestros medios de comunicación –y vistos desde este mi rincón africano– sobre el hospital con capacidad para 1.000 enfermos construido en tiempo récord en Wuhan! Y cuando quisimos –quisisteis, diría mejor– reaccionar, el monstruo ya lo teníais dentro de casa con las consecuencias que estáis viviendo. Y que todos tristemente lamentamos.

Por desgracia la llamada COVID-19, que nos ha traído este virus loco que anda todavía suelto, ha llamado también a las puertas de nuestro país, Togo, y de los países vecinos, sin otro aviso que haciéndose presente en los primeros casos detectados.

Tomando en cuenta las medidas adoptadas por los países europeos más afectados, nuestras autoridades togolesas hicieron el 16 de marzo su primer comunicado con una serie de medidas y consejos a seguir. Entre ellos, el control o suspensión de los vuelos con los países más afectados por el virus, la anulación de todos los eventos internacionales programados en el país, la prohibición de encuentros de más de 100 personas… amén del cuidado personal, que incluía lavarse frecuentemente las manos, no tocarse, no darse la mano o abrazarse, respetar la distancia mínima de un metro con el interlocutor, etcétera.

El mismo 16 de marzo la Conferencia de los Obispos de Togo (CET, por sus siglas en francés) publicó un comunicado invitando «a seguir escrupulosamente las consignas que las autoridades sanitarias de nuestro país han tenido ya en cuenta y las disposiciones que serán obligadas a tomar para prevenir y luchar contra el coronavirus». Concretando, para las celebraciones de la misa y de otros encuentros litúrgicos, los obispos adoptaron las siguientes medidas: suprimir el gesto de la paz, recibir la comunión en la mano, lavarse cuidadosamente las manos antes de la distribución de la comunión y suprimir el uso del agua bendita. El comunicado finalizaba con la invitación de los obispos a estar muy vigilantes, pero serenos, y recomendaban la oración propuesta por el SCEAM (Simposio de las Conferencias de África y Madagascar) para toda la Iglesia en África.



De nuevo, el día 19, solemnidad de San José, la CET publica un nuevo comunicado con una serie de «medidas complementarias» al publicado el 16 de marzo a las dictadas tres días sobre todas las actividades pastorales y docentes de la Iglesia. A saber: suspensión de las misas dominicales, las celebraciones semanales no debían superar las 50 personas… y la limitación de todas las demás celebraciones litúrgicas, sacramentales y catequéticas, entre otras. Y de nuevo los obispos invitaban a todos los fieles «a vivir este momento con fe, confianza y con la esperanza de la erradicación rápida del coronavirus».

Los acontecimientos se precipitan, y al día siguiente, 20 de marzo, se hizo público un nuevo comunicado del Gobierno con nuevas disposiciones complementarias a su primer mensaje, «para prevenir la propagación de la epidemia del coronavirus». A saber: cierre de las fronteras terrestres por dos semanas, el bloqueo de las ciudades de Lomé, Tsevié, Kpalimé y Sokodé, prohibición de frecuentar las playa a lo largo de todo el litoral, el cierre por un mes de los lugares de culto, de las iglesias y mezquitas a partir del día 21, el cierre inmediato de todos los centros escolares públicos, privados, confesionales y universitarios durante tres meses, suspensión de todas las actividades culturales y deportivas, o cierre inmediato de las discotecas en todo el territorio nacional, entre las más importantes. Finalmente el Gobierno de Faure Gnassingbé invitó a la población a tener más precaución en los lugares públicos y durante las actividades de orden social, especialmente el respeto por las medidas de higiene aconsejadas, y a limitar los desplazamientos no indispensables. «Todo infractor de estas medidas se expone a severas sanciones».

Y en esta situación, queriendo ser fiel y respetando todas las indicaciones gubernamentales y religiosas, me encuentro también yo, misionero comboniano, medio encerrado ya junto con otros ocho compañeros en la residencia provincial de Lomé, la capital.

Por el momento, la situación en el país no es alarmante, pero hay que vigilar y tomarse muy en serio el tema ya que, si la epidemia se desborda, las consecuencias pueden ser como las que estáis viviendo hoy en España, o más graves todavía por la escasez de medios. A mi entender, todo va a depender muy mucho de que en la población tomemos muy en serio tales precauciones, tomando ejemplo de «las barbas del vecino…», como dice el dicho popular.

El día de hoy, 30 de marzo, el Gobierno togolés, a través de una página web de seguimiento de la pandemia señala que en el país hay 34 casos registrados, de los cuales 23 permanecen en tratamiento, 10 se han curado, y solo han registrado un fallecido.

Concluyendo estas líneas y confiando siempre en un mañana libres ya del coronavirus, me viene a la mente ese dicho de la sabiduría popular, esa que nunca falla: «A Dios rogando y con el mazo dando».

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