¿El futuro de la Misión está en África y Asia?

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Jóvenes combonianos reflexionan sobre los matices de la Misión


Algunos de los 14 estudiantes del escolasticado de los Misioneros Combonianos en Sudáfrica comparten sus convicciones, miedos y deseos con MUNDO NEGRO. Abogan por una Iglesia cercana a la gente y comprometida con los retos sociales. Nacieron en Filipinas, México, Kenia, República Centroafricana, Zambia y Mozambique.



¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la que os habéis enfrentado al decidir ser misioneros?

Benjo Raposa (BR): Hay dificultades, como en todas partes, alegrías y penas, pero de todo se aprende y eso te ayuda a madurar. Cuando comencé la formación, era una vida diferente para mí: estar lejos de la familia, de los amigos y de la cultura en la que he crecido… Luego te asignan a un lugar diferente, con nuevas personas e historias de vida.

Fernando Uribe Mendoza (FUM): Me considero una persona relajada, por lo que no he tenido muchas dificultades. Me gustan las cosas nuevas, eso me motiva.

Mark Uanyama (MU): El sacerdocio, como vocación, es algo muy respetado en mi pueblo; la gente te ve como alguien con éxito en la vida y se genera una distancia. Hay tanto respeto que no eres libre porque te ven como una gran persona, santa, y no te dejan hacer nada en casa. Es una brecha creada en nombre del respeto.

Teo Graçia (TG): Lo más difícil fue informar a mi familia. No les resultó fácil aceptarlo porque no somos muchos hermanos y el plan de mi padre para mí era mantener a la familia. Fue un choque para él y tuve que cortar la relación con mi familia durante un tiempo, pero luego lo aceptó y nos reconciliamos.

Benjo Raposa (BR) Filipinas, 33 años. «Desde pequeño soñé con ser misionero. Leí historias y revistas misioneras que me motivaron. El camino de la Misión fue una forma de devolver al Señor otras bendiciones recibidas en mi vida. Estoy agradecido, aunque esta vida no sea fácil». Fotografía: Carla Fibla

Kennedy Bwalga (KB): He estado estudiando en un idioma que me es familiar, por lo que no tuve que esforzarme demasiado, pero la cultura es diferente de un país a otro.

Madalitso Castomu Supia (MCS): Fue difícil elegir la congregación, yo solo quería convertirme en misionero. La mayoría de la gente piensa que un misionero tiene mucho dinero, coches y siempre está ayudando a la gente, y eso es difícil de manejar. El otro tema es el celibato. En África es difícil comprender nuestra forma de vida. La familia te pregunta: «¿Estás realmente bien? ¿Cómo puede decidir un hombre no casarse?» Y cuando estás en casa es un verdadero desafío que todos tus amigos y hermanos estén casados.

Valeriano Silva (VS): No fue fácil para mis padres aceptarlo. En mi cultura, quien toma las decisiones no es el padre, sino el tío materno, y el mío es musulmán, pero se lo expliqué y recibí su permiso. Otra dificultad fue que en Secundaria tenía una novia muy guapa, la relación ya era muy fuerte. Igual que con mi familia, no fue fácil para ella entender mi decisión.

En Europa, el número de vocaciones está decreciendo y la religión no es tan importante como era en el pasado, quizás por la forma de vida. ¿Creéis que es una pérdida para la sociedad o un proceso normal?¿Está el futuro de la Misión en África y Asia?

MCS: No creo que lo que está pasando con las vocaciones en Europa se deba a la falta de fe. Si miro hacia atrás en la historia de nuestra congregación, cuando una puerta se cierra, otra se abre. Antes, en África, la mayoría de los misioneros venían del Norte; pero en un momento determinado, las vocaciones empezaron a disminuir allí y a aumentar aquí. Es bueno tener diversidad, no pensar que evangelizar pertenece solo a los europeos. Ahora África está preparada, tiene arraigados los valores del Evangelio, que aportan riqueza a la Iglesia. Mañana escucharemos que es Asia. Debemos aceptar todas estas realidades.

MU: Europa y África no viven la misma realidad. Por ejemplo, en algunos lugares donde solo tienen dos hijos, si uno quiere ser sacerdote solo queda uno para cuidar de la familia. En África extraña cuando dices que al ser religioso o sacerdote no puedes hacer tu voluntad, ni tienes coche propio, y que si necesitas salir tienes que comunicarlo. No tienes la libertad de un joven de hoy en día.

FUM: No creo que Europa se esté enfrentando a una falta de fe o de compromiso. Hay muchos jóvenes preocupados por diferentes realidades como la ecología o la paz. Quieren un cambio. La pérdida de vocaciones se debe a diferentes escándalos de la Iglesia y al malentendido en el concepto que hay sobre ella. La Iglesia no son solo unas pocas personas, somos todos. También somos responsables de ella y necesitamos cambiar la cara de la institución. Otro asunto es cuando la Iglesia solo se preocupa por el lado espiritual de la gente, los sacerdotes solo están los domingos para impartir los sacramentos, bautizar, casar… Pero la Iglesia tiene un papel que jugar en los problemas sociales, en las cuestiones concretas de la vida diaria, luchando por la ecología, la justicia, buscando la paz… No somos una sociedad perfecta, pero sí peregrina. Podemos caer, cometer errores, pero debemos animarnos unos a otros y proclamar que la Palabra del Señor sigue viva en nuestras acciones.

Fernando Uribe Mendoza (FUM) México, 27 años. «Mi tío es misionero comboniano. Desde pequeño me interesé por lo que hacía y ahí empezó mi deseo de seguir sus pasos. Solía ​​ir con él a actividades y reuniones. Supe que mi familia no solo era la de sangre, sino también los hermanos combonianos». Fotografía: Carla Fibla

TG: Es triste esta disminución de vocaciones, porque Europa nos aportó la fe y nos trajo este valor. No sé el motivo, pero hay cosas que cambian en la vida, como la cultura. La Iglesia en África sigue creciendo y por eso las vocaciones aumentan. En la actualidad, los africanos van a Europa a evangelizar, pero eso no es gran cosa; lo importante es si han perdido el valor de la religión, de la fe.

BR: Estoy de acuerdo con Fernando. A medida que la sociedad se vuelve cada vez más rica, puede darse en todo el mundo una mala interpretación de la libertad y de la comprensión de Dios. Entonces, uno ve a la Iglesia como una institución con un conjunto de reglas que constriñen mi libertad. Es uno de los desafíos de la propia modernidad y de la interpretación de la Iglesia. Tenemos que ir a lo que nos dice el Evangelio, «amaos los unos a los otros», y a los valores que Jesucristo nos enseñó. Es un llamamiento a volver a las raíces.

KB: Otro factor es la globalización. El desafío es cómo dar respuestas a través de la fe. Hoy África se ha metido en el zapato que llevaba Europa, y se ha convertido en misionera.

Mark Uanyama (MU) Kenia, 27 años. «Nací en una familia católica. No conocí a los Combonianos hasta que estaba en Secundaria, cuando un misionero vino a celebrar la misa y nos trajo un calendario en el que leí: “¿Por qué no ser misionero?”». Fotografía: Carla Fibla


Procedéis de diferentes países. ¿Consideráis que la Iglesia está con la gente?

MCS: Tal vez tengamos que remontarnos en la historia y ver cómo los misioneros llegaron a África y trajeron el Evangelio. La relación con los Gobiernos estaba ahí. El Evangelio no ayudaba realmente a la gente, incluso se mataba en el nombre de Dios o se ayudaba a los colonizadores. Luego, la Iglesia se separó de los poderes coloniales y defendieron el Evangelio. Ahora, la Iglesia en mi país ha optado por estar con la gente local y con los pobres. Está de su lado y es útil. Solíamos discutir en mi clase de Teología cómo cumplir la Misión en África. Está claro que la Iglesia debe mejorar su cercanía con el pueblo.

FUM: En México, la relación entre la Iglesia y el pueblo ha crecido. México es un país muy católico. La Iglesia tiene un papel importante en la sociedad y ahora está tratando de fortalecer esa relación. No es solo que la Iglesia tiene que estar ahí, sino que tiene que hacer algo. Son muchas las iniciativas por la justicia y contra la corrupción en las que está involucrada. La consecuencia de alzar la voz es que la Iglesia ha sido perseguida, pero esa es su razón de ser, alzar la voz por los sin voz. La cuestión principal a mejorar es que algunos sacerdotes no quieren entrar en temas sociales. Piensan que tienen que concentrarse en asuntos religiosos. Pero, siguiendo el Evangelio, Jesús dijo: «Id por el mundo»; no dijo: «Vayan a las iglesias y prediquen la Buena Nueva». Preocúpate por las realidades que afectan al mundo. La Iglesia no es solo una institución, también es su pueblo.

MU: En Kenia, la Iglesia está cerca de la gente y las vocaciones aumentan. El sacerdote está ocupado con la gente y ellos confían en la Iglesia.

Kennedy Bwalga (KB) Zambia, 28 años. «Nací en una familia cristiana y muchos de los amigos de mis padres eran sacerdotes. Tenía el deseo de ser sacerdote, pero no sabía nada de los misioneros». Fotografía: Carla Fibla

TG: A veces me pregunto: «Si no existiera la Iglesia, ¿dónde estaría República Centroafricana, mi país?». La Iglesia actúa según lo predicado. Dios es amor porque ama a todos. En mi país, la situación sería peor porque es la Iglesia la que acoge a los refugiados sin distinción, musulmanes y cristianos, y tiene voz para dialogar con el Gobierno, la ONU…

KB: En Zambia, la mayoría son cristianos y un pequeño número son protestantes. La Iglesia está muy cerca de la gente a pesar del mensaje del Gobierno, que advierte a la Iglesia para que no se meta en política. Frente a eso, hay muchas organizaciones que piden a la Iglesia que hable con la gente, por ejemplo la Comisión por la Paz y la Justicia, o durante las elecciones (ver pp. 6-7).

BR: Para mí, la Iglesia ha sido muy activa en la transformación de la sociedad en muchas partes del mundo. En Filipinas celebramos este año 500 años de cristianismo y me siento agradecido porque la Misión de la Iglesia ha implicado no solo el conocimiento espiritual, sino también el empoderamiento de las comunidades, la toma de conciencia por los derechos humanos… La Iglesia está en primera línea prestando servicios sociales, en asociación con el Gobierno. En mi país, ha asumido un papel activo contra la represión de dictadores y gobiernos corruptos. La Iglesia ha impulsado reformas sociales y el fortalecimiento de los derechos civiles.

¿Qué mejoraríais o cambiaríais en la Misión?
Madalitso Castomu Supia (MCS) Mozambique, 29 años. «El deseo de ser misionero comboniano no me llegó en un momento concreto. Mi familia es evangélica. Cuando entré en la Iglesia católica, quería ser alguien que pudiera predicar y tener la oportunidad de compartir mi fe». Fotografía: Carla Fibla

KB: Hacer que la gente entienda a la Iglesia; enseñándoles y dándoles más información sobre la evangelización.

BR: Lo que haría Jesús en cualquier situación de la vida, volver a eso.

MCS: Hacer que el Evangelio entre en la vida de las personas centrándose en su situación. La Iglesia debe explicar mejor la necesidad de contribuir más a la caridad, que sigue siendo pequeña en África.

FUM: Cambiar nuestra mentalidad. Al considerarnos, de alguna manera, superiores a los demás en temas como la homosexualidad o el aborto, nos sentimos con el derecho de juzgar a los demás porque creemos que se equivocan, sin pensar en la gran presión y exclusión a la que están expuestos. Somos parte de esta sociedad. Ser cristiano no es un privilegio, sino una responsabilidad. Ser católico no es una membresía que me define, una identidad que me anima a hacer algo por los demás. No debemos quedarnos en la teoría, sino que debemos ir hacia lo práctico.

MU: El sacerdote es el líder de la comunidad y hace mucho para aliviar la vida de la gente. En el aspecto espiritual, la Iglesia tiene que cuidar y formar líderes, porque transmiten la fe y hacen que la gente se dedique a Dios.

TG: La Iglesia necesita aceptar la realidad sin miedo, teniendo en cuenta la situación actual del mundo.   

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