El neopanafricanismo como alternativa

Por: Mbuyi Kabunda - 19/02/2018

África atraviesa una crisis ideológica expresada por la adhesión actual de los Gobiernos africanos al neoliberalismo y/o fondomonetarismo destructor de las solidaridades humanas, erosionador del Estado de bienestar social y profundizador de los sufrimientos humanos.

Tras el fracaso de las ideologías importadas, el futuro de África estriba en la adopción de una nueva ideología unificadora y de desarrollo, el neopanafricanismo, que tiene que ver con un enfoque de unidad africana supranacional y maximalista, bajo la forma de una federación o confederación, en el sentido de los Estados Unidos de África, para hacer frente a los problemas de desarrollo y de seguridad en el continente y a los desafíos de la globalización.

El panafricanismo, tal y como existe en la actualidad, a pesar de su fuerza de atracción, sigue siendo un concepto nebuloso, indefinido, que cada uno interpreta a su manera. Pese a la unanimidad que existe sobre la necesidad de la unidad africana, hay discrepancias en cuanto a los métodos y medios para su concreción: para unos, se trata de proceder desde los cimientos y en círculos concéntricos (unidad nacional, unidad regional y unidad continental). Para otros, los acuciantes problemas a los que está enfrentada África exigen una inmediata unidad continental, desde la cumbre, bajo la forma de una federación o confederación.

Pertenece a los intelectuales africanos lúcidos y comprometidos con las causas de sus pueblos dar este paso hacia el neopanafricanismo como ideología de desarrollo y de unidad supranacional del continente, o simplemente «de la defensa de los intereses de África». Dicho con otras palabras, se trata de romper con las políticas y las teorías de desarrollo concebidas y elaboradas en el Norte, mediante la creación de un think tank africano, integrado por la élite política, la élite intelectual, la élite económica y los miembros de la sociedad civil, decididos a encontrar «soluciones africanas a los problemas africanos», o el fomento de los saberes y las prácticas endógenos.

La unidad africana, según puntualiza acertadamente Moussa Konaté, no tiene que ­inspirarse forzosamente en el modelo de la UE, sino en la nueva personalidad africana que nacerá de las reformas políticas y sociales, y del fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur, en particular con los países emergentes de Asia y Latinoamérica. Es decir, se trata de adoptar otro modelo de integración política y económica, adaptado a las realidades africanas, y diferente del vigente «regionalismo abierto», siendo el objetivo pasar de los Estados africanos actuales al «Estado África».

Uno de los graves problemas generados por la globalización es la aniquilación de la propia idea de una posible alternativa, no sólo a la globalización, sino simplemente al propio capitalismo. Se trata ahora de reconstruir por la unidad lo que la Conferencia de Berlín y la colonización destruyeron con la política de balcanización, para fomentar el desarrollo político, económico y social de los pueblos africanos, un modelo concebido no para los pueblos africanos, sino con ellos, autopensado, autodefinido y autofinanciado, y antídoto del modelo Estado-Nación, en crisis. Estos objetivos no están encarnados ni por la OUA, ni por su sucesora la Unión Africana, ni por su brazo económico, el ­NEPAD, convertidos todos en vectores del neoliberalismo mundializado. La Agenda 2063 (centenario de la creación de la OUA) de la Comisión de la Unión Africana, parece caminar, aunque de manera tibia, hacia la unidad supranacional del continente, pues se define como la continuación de las luchas panafricanas de autodeterminación y unidad, dando prioridad a la integración regional y a la creación de los Estados Unidos de África.