El país que no veía películas

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El cine sudanés deslumbra fuera de sus fronteras en medio de graves dificultades para la producción.

Por Talal Afifi desde Jartum (Sudán)

Reconocido fuera y desconocido dentro de sus fronteras, el cine sudanés vive su propia revolución. El creador y director de la Sudan Film Factory y fundador del Festival Independiente de Cine de Sudán, aporta claves para el futuro del sector en el país.

A principios de 2019, el mundo fijó su mirada en este país que aspiraba a completar una revolución liderada por sus jóvenes contra una dictadura armada hasta los dientes y sin escrúpulos para asesinar o usar la violencia. Estos jóvenes eran los «cartógrafos pacíficos de la guerra de guerrillas» –como los ha llamado Ammar Jamal– que «rediseñan su ciudad». En el mismo período, en paralelo con lo que ocurría en las calles sudanesas, en los cines de todo el mundo resonaron fuertes aplausos –como un grito repentino contra el silencio– ante la aparición de una serie de películas sudanesas. 

Todo comenzó en el 69º Festival de Cine de Berlín, en febrero, cuando el director sudanés Suhaib Gasmelbari recibió el premio a la Mejor Película Documental por Hablando de árboles.

Venecia no fue menos, y el premio Luigi de Laurentis fue para el primer largometraje de Amjad Abu Alaka, por Morirás a los 20 (en estas páginas, dos fotogramas de la cinta). El sudanés recibió el galardón de manos de Emir Kusturica. 

Marwa Zain conquistó varios premios en Europa y África –en los festivales de Malmoe o Cartago–, además del Oscar africano al mejor documental, otorgado por la Academia Africana de Cine, con Khartoum Offside, que anticipaba la rabia de la sociedad y la propia revolución a través de los grupos y las clases sociales, que representaron el manantial y el corazón de la revolución sudanesa. 

Estas tres películas fueron la confirmación de varios postulados: el primero, el gran talento existente; el segundo, la creación se abrió paso a pesar de los intentos de estrangulamiento; y el tercero, el relato sudanés impregna cada una de las películas mencionadas, un relato tejido con hilos de paciencia, perseverancia y picardía –con diferentes patrones de producción– pero que siempre contiene una historia real que refleja el espíritu de resistencia.

Durante la producción de sus películas, estos artistas experimentaron grandes obstáculos que van desde la búsqueda de productores hasta los deficientes medios para la exhibición, pasando por las difíciles condiciones de trabajo diario en Jartum y en las regiones periféricas. 

Hoy, el mapa político en Sudán ha cambiado, pero los medios de producción apenas lo han hecho. Cuando «los cartógrafos de la guerra del cine» cumplieron con su heroico deber de producir, no pudieron exhibir en las pantallas sudanesas por misteriosas razones que las instituciones de la «nueva democracia» no han podido aclarar, aparte del control que los viejos poderes, conocidos como Kaizan –nombre popular dado a los diferentes grupos relacionados con los Hermanos Musulmanes–, tienen sobre una serie de centros de sensibilización, cultura y comunicación, entre ellos la sala de cine del Friendship Hall, con 1.000 butacas.

Las películas sudanesas tienen un problema de distribución. Las producciones antes mencionadas se han visto en todo el mundo, pero los sudaneses dentro del país están confusos ante la incapacidad de ver estas películas. La división entre fuerzas civiles y militares tras la revolución ha contribuido a continuar con esta privación.




Un comité para el cine

Hace unos meses el Ministerio de Cultura sudanés anunció la formación de un comité para el «desarrollo del cine» que trabajaría para la creación de instituciones que se ocupen de la financiación, la producción y la distribución en Sudán. Pero esta iniciativa seguirá siendo de naturaleza teórica mientras no haya una voluntad política, respaldada por instrumentos capaces de llevar a la práctica propuestas concretas. 

Todavía existe el desafío de implementar totalmente acuerdos culturales internacionales y regionales como la Convención de la UNESCO sobre la Diversidad de las Expresiones Culturales. También faltan políticas claras –y por escrito– para el período de transición, que reflejen el compromiso de artistas, intelectuales e instituciones gubernamenales con el cumplimiento de los requisitos del trabajo artístico y cultural –incluida la producción cinematográfica– en las etapas actual y futura. 

Tanto en el plano regional como en el internacional, el cine sudanés debería contar con más apoyo y financiación, incluso debería gozar de cierta prioridad al ser un país que carece de instituciones locales sólidas que conecten con financiadores internacionales. Tampoco ayuda la falta de independencia, al ser organismos no elegidos por los cineastas. Necesitamos plataformas de distribución actualizadas que integren las capacidades técnicas y los recursos humanos. Solo así será posible crear un contexto de crecimiento. Un posible desarrollo debe pasar por la apertura de las puertas del aprendizaje, la capacitación y el estudio. Encontrar oportunidades para becas, intercambios académicos, estancias de especialización artísticas e invitar a cineastas sudaneses a los mercados cinematográficos es de vital importancia y eficacia a corto y medio plazo.

Considerando las posibilidades y la importancia de contextualizar estos mecanismos localmente, Sudán está calificado para ser un gran mercado laboral para la producción y distribución de cine. Tal vez podamos decir que Sudán puede proporcionar oportunidades únicas para el cine mundial en término de localizaciones y de presupuesto en comparación con otros países de la región. Esto será lo que revertirá con fuerza en el circuito financiero y tendrá un alto impacto sobre los niveles económico y profesional, además de la creación de una demanda que presionará para preparar el terreno y crear un entorno cada vez más favorable –desde los puntos de vista legal y práctico– para la producción. Estamos ante la formación de un escenario muy rico, capaz de expresar diferentes antecedentes culturales y de presentar un nuevo relato del presente que quizás necesitemos ver de una forma diferente.   

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