El Sahara, traicionado hace 40 años

Gerardo González-Mundo NegroPor Gerardo González Calvo

 

 

Hace cuarenta años el mes de noviembre estuvo marcado por una serie de acontecimientos que cercenaron las aspiraciones del pueblo saharaui a convertirse en un Estado libre e independiente. España era entonces la potencia administradora del territorio. Veamos algunos hechos. El 2 de noviembre Juan Carlos, que llevaba dos días como sucesor en le jefatura del Estado, dada la enfermedad terminal de Francisco Franco, visitó el Sahara. En El Aaiún aseguró a los mandos de las tropas españolas: “España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres. No dudéis que vuestro Comandante en jefe estará aquí con todos vosotros en cuanto suene el primer disparo”.

El rey de Marruecos, Hassan II, había anunciado que organizaría una marcha para entrar en el Sahara. De ahí la advertencia de Juan Carlos, que no inmutaron al monarca alauita. De hecho, cuatro días después, el 6 de noviembre, movilizó a 350.000 marroquíes y 25.000 militares en la llamada Marcha Verde. Se temió que ello podía suponer un enfrentamiento militar entre España y Marruecos. Sin embargo, ni hubo un solo disparo, ni las bravatas pasaron de las palabras a los hechos.

Sería una ingenuidad pensar que el gobierno español, presidido por Carlos Arias Navarro, tuvo en algún momento la intención de frenar el propósito de Marruecos. Sabía perfectamente que Hassan II no estaba solo, sino que contaba con el apoyo de Estados Unidos y de Francia, además de Arabia Saudita, que financió la Marcha Verde. Más aún, España en esos momentos estaba negociando con Marruecos y Mauritania el texto del que se llamaría Acuerdo Tripartito de Madrid, firmado el 14 de noviembre. En este Acuerdo España transfería la administración del Sahara a Marruecos y Mauritania. De hecho, la Marcha Verde se retiró cinco días antes de firmarse el Acuerdo Tripartito. Esto significa pura y llanamente que Marruecos había conseguido su propósito sin disparar tampoco un solo tiro. Fue ya una evidencia cuando tres meses después, el 26 de febrero de 1976, el Ejército español abandonó el territorio saharaui. Al día siguiente, el Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD).

En la revista Mundo Negro siempre se ha defendido el derecho a la autodeterminación del Sahara; por eso, su nombre figura entre los países independientes, como puede comprobarse en los números especiales. No se hace por capricho, sino porque desde el punto de vista del derecho internacional y de la propia ONU es un territorio pendiente de descolonización. La propia Organización para la Unidad Africana (actual Unión Africana), reconoció a la RASD como miembro de pleno derecho el 22 de febrero de 1982.

Las trabas que viene poniendo Marruecos a que se celebre un referéndum, en el que los saharauis expresen libremente su voluntad de proclamar la independencia o quedar bajo la tutela de la administración marroquí, es la prueba de que no desea de ninguna manera abandonar el territorio. Es más, considera el Sahara una provincia marroquí.

Este desaguisado, que, como señalé antes, vulnera el derecho internacional y los principios de la ONU, fue el detonante de una guerra entre la RASD y Marruecos. Las Naciones Unidas han intentado resolver el problema del Sahara con varios planes, pero todos han fracasado. A lo más que se llegó fue a firmar un acuerdo de paz entre los beligerantes en 1991; pero con trampa. En este acuerdo se estipulaba la celebración de un referéndum. Han pasado 24 años y el referéndum sigue sin celebrarse. Me temo que nunca se celebrará, debido a los intereses tanto económicos como estratégicos que tienen Estados Unidos, Francia y España en Marruecos.

Son estos intereses los que prevalecieron, ya en noviembre de hace 40 años, para postergar al pueblo saharaui y abandonarlo a su suerte en esta esquina al sur de Argelia llamada Tinduf.

 

Gerardo González Calvo es periodista y escritor. Durante 25 años ha sido redactor jefe de la revista Mundo Negro. Gran conocedor de la realidad africana.