El supremacismo europeo contra el fútbol africano

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La Copa de África de fútbol o Copa de África de Naciones (CAN) comenzó el domingo 9 de enero en el estadio Paul Biya (también conocido como Olembe) de Yaundé, pese al cabreo y los intentos de boicot de la FIFA y los equipos europeos. Desde entonces, todo el continente está aún más pendiente del deporte rey. Bares, maquis, cines y casas particulares sirven de punto de reunión para los aficionados que no quieren perderse un solo partido.

¿Por qué esta competición sienta tan mal a los poderosos del balompié? Porque los clubs europeos se ven obligados a dejar ir por un mes a los futbolistas llamados por sus selecciones. La Ligue 1 (Francia) es la que más bajas tendrá. 51 jugadores que patean el balón en sus filas han sido convocados por sus seleccionadores. La premier (Inglaterra) pierde 38, la Serie A (Italia) 22 y la Bundesliga (Alemania) 10.

La primera división de La Liga española cede también 11 jugadores. El Villarreal es el equipo más perjudicado; cuatro de sus futbolistas han sido convocados. El Sevilla pierde tres, y el Barcelona, el Cádiz, el Alavés y el Mallorca uno cada uno. En segunda división también habrá cuatro ausencias del Almería, Leganés, Valladolid y Fuenlabrada.

Curioso es el caso de Guinea Ecuatorial. 16 de los 28 convocados por su selección juegan en categorías regionales e inferiores en España.

Son muchos los jugadores africanos que ejercen su profesión en suelo europeo y que deben dejar sus equipos y volar hasta África para tomar parte en la competición que se clausurará el 6 de febrero, también en Yaundé.

Cada dos años, cuando la CAN debe celebrarse (en esta ocasión se ha aplazado un año por causa de la pandemia de covid-19) surgen las mismas críticas e intentos de boicot por parte de los clubs europeos. Utilizan argumentos legales o amenazan con no volver a fichar a jugadores africanos en sus filas.

La presión que ejercen los poderosos clubs occidentales, con el respaldo de la FIFA, consiguió que la CAN de 2019 se celebrase en los meses de junio y julio, cuando las ligas europeas ya habían concluido. En esa ocasión, la competición tuvo lugar en Egipto. Aquella victoria de los europeos no se ha consolidado. La Confederación Africana de Futbol (CAF) decidió devolver la contienda a sus fechas originales por razones puramente metereológicas. Junio y julio son meses de mucha lluvia en Camerún, lo que hace muy difícil jugar al fútbol. Decisión que ha avivado los enfados y amenazas europeos.

En esta ocasión las escuadras europeas han añadido un nuevo argumento a sus reclamaciones, la de la covid-19. Dicen temer que sus asalariados se contagien en África, como si en Europa no hubiera ya decenas de futbolistas que han dado positivos y los clubs no tuvieran que tirar de las alineaciones de los equipos filiales para cumplir con sus compromisos ligueros. Esto es un claro ejemplo de racismo o de explotación de tópicos sobre el continente. Si se contagian en Europa es normal porque la situación es la que es, si lo hacen en África es un problema.

Lo que la CAF no ha conseguido cambiar es el tiempo de antelación con el que los jugadores deben unirse a sus selecciones. Por ley tendrían que hacerlo dos semanas antes del comienzo de la competición para tener la ocasión de integrarse y entrenar con el resto de los compañeros. Sin embargo, la presión europea ha conseguido que solo lo hagan unos días antes del inicio. Por eso, algunos futbolistas pudieron participar en partidos celebrados hasta el 3 de enero, como fue el caso del enfrentamiento entre el Sevilla y el Cádiz disputado ese mismo día, donde los tres marroquíes del primero, Bono, En Nessyri y Munir, jugaron.

Las ligas europeas lo han intentado. Sin embargo, al menos por esta vez, no lo han conseguido. A pesar de su poder no han sido capaces de frenar la celebración de la CAN 2022 y se han visto obligadas a liberar a sus futbolistas. Ellas siguen adelante con su idea de bloquear esta competición. Intentan unirse y tomar acciones comunes para que no vuelva a producirse una desbandada de jugadores como la actual. El dinero que mueven o los intereses publicitarios que generan son más importantes que la pasión y la ilusión de todo un continente.

Ya se sabe que en el fútbol no es el juego, no es el deporte, lo que manda, sino los beneficios que se generan y por eso, el presidente de la FIFA, el italiano Giovanni Infantino, ya ha comenzado una campaña con el fin de que el evento se celebre cada cuatro años, y no cada dos como en la actualidad. Para ello ha encontrado un nuevo argumento: que «no es una competición rentable». Los datos económicos en los que se basa son muy significativos. La última Eurocopa celebrada justo antes de la pandemia generó por derechos de televisión, ingresos comerciales y venta de entradas 1.920 millones de euros, la última CAN solo 45.

Todas estas quejas y amenazas, más las nuevas que se fabricarán en un futuro próximo, son reflejo del complejo de supremacía que impregna Europa. El continente piensa que únicamente lo suyo tiene valor y que todo lo que viene de África es inferior, se trata de una copia o no vale la pena. Una actitud que llevó, en su momento, a las metrópolis occidentales a invadir África y colonizarla y que todavía mantienen. Y ello, a pesar de que el fútbol europeo no sería lo mismo sin las decenas de africanos o descendientes de africanos que militan en él y no generaría tantos ingresos y beneficios como hace sin ellos. Un ejemplo más de que los tópicos, estereotipos y prejuicios contra ese continente son difíciles de superar. 


En la imagen superior, Mohamed Konaté, de Burkina Faso, durante el partido de Burkina Faso contra Cabo Verde, en la Copa Africana de Naciones, en el estadio Olembe el 13 de enero de 2022. Fotografía: Ulrik Pedersen/Nur/Getty Images)


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