Elecciones en Togo: ¿Habrá alternancia?

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El togolés Faure Gnassingbé opta a su cuarto mandato arropado por su partido, la Unión para la República.

Los 3.614.056 togoleses censados por la Conferencia Electoral Nacional Independiente (CENI) –el 86,6 % de los ciudadanos en edad de votar– están llamados en febrero a las urnas para elegir un nuevo presidente. O para seguir con el mismo. Desde su independencia en 1960, Togo nunca ha conocido la alternancia democrática y las próximas presidenciales ofrecen una nueva oportunidad para ello. La otra posibilidad es otorgar un cuarto mandato a Faure -Gnassingbé, hijo del general Gnassingbé -Eyadema, que se mantuvo en el poder durante 38 años. La oposición afronta dividida la primera vuelta del 22 de febrero, con seis candidatos diferentes que han satisfecho los requisitos exigidos por el Tribunal Constitucional.

La historia política togolesa está dominada por la familia Gnassingbé. Tras los primeros años de euforia posindependencia, con el primer presidente del país, Sylvanus Olympio, un primer golpe de Estado del general -Eyadema en 1963 permitió la llegada al poder de Nicolas Grunitzky. En su segundo golpe de Estado, en 1967, Eyadema se instaló en el poder con un régimen de partido único. Solo presionado por los vientos democráticos que venían de Europa, aceptó que se inaugurara en 1991 la Conferencia Nacional, que abrió el país a un pluripartidismo aparente, dado que todas las elecciones posteriores fueron ganadas por Eyadema. Tanto la Conferencia Nacional como el Alto Comisariado de la República, encargado de redactar la Constitución de 1992, fueron pilotados por el entonces arzobispo de Lomé, Philippe Kpodzro.

La nueva Constitución fue aprobada con cerca del 99 % de votos favorables, pero -Eyadema consiguió llevar adelante en 2002 una reforma constitucional que derogó la limitación de mandatos presidenciales y redujo de 45 a 35 años la edad mínima para ser candidato a la Presidencia. Algo que fue fundamental para que, tras la muerte repentina de su padre, Faure Gnassingbé pudiera ganar las elecciones de abril de 2005 bajo sospechas de fraude y en medio de desórdenes que causaron más de 500 muertos. Fue reelegido en 2010 y 2015 nuevamente bajo sospechas de pucherazo, pero siempre con el visto bueno de los observadores internacionales.

En 2017, al cumplirse 50 años de la llegada al poder de la familia Gnassingbé, la oposición se aglutinó en torno a la coalición C14, y la sociedad civil salió a las calles reitera-damente para pedir la salida del presidente y el restablecimiento del texto constitucional de 1992. La represión policial fue brutal y los objetivos no se consiguieron. La coalición saltó en pedazos cuando algunos partidos no quisieron continuar con el bloqueo político y se presentaron a las legislativas de 2018. Faure -Gnassingbé superó la crisis y pudo, en enero de este año, aceptar la petición de su partido, la Unión para la República (Unir), para presentarse a la reelección, haciendo oídos sordos a todos los llamamientos para que no lo hiciera. En caso de ser reelegido, podrá intentarlo otra vez en 2025, porque la última revisión constitucional, de mayo de 2019, limita a dos los mandatos presidenciales, pero sin efecto retroactivo para el actual presidente.

Jean-Pierre Fabre, líder de la Alianza Nacional por el Cambio, es una de las alternativas a la hegemonía de la Unión para la República. Fotografía: PIUS UTOMI EKPEI/AFP VIA GETTY

La oposición, fragmentada

Frente a Faure Gnassingbé no estará el Partido Nacional Panafricano (PNP) de Tipki -Atchadam, actualmente en exilio; pero sí la otra gran formación opositora, la Alianza Nacional por el Cambio (ANC) de Jean-Pierre Fabre. Este economista de formación, de 68 años, afronta su segunda tentativa tras la derrota de 2015. El otro candidato con más posibilidades es Agbéyomé Kodjo, que se presenta bajo la bandera de Fuerzas Democráticas, una coalición promovida por el arzobispo Kpodzro, y que aglutina a una decena de partidos. Agbéyomé, de 66 años, fue primer ministro de Eyadema entre 2000 y 2002, para posteriormente romper con él antes de las presidenciales de 2003. Además de Fabre y Agbéyomé, los otros cuatro candidatos a la presidencia son Georges William Kouessan, Komi Wolou, Tchassona Traoré y Aimé Gogué.

El arzobispo emérito de Lomé, retirado desde 2007, sigue a sus 89 años moviendo los hilos de la política togolesa. Los últimos meses ha buscado sin éxito un diálogo con el poder y la suspensión del proceso electoral que, a su juicio, no ofrece garantías suficientes para unos comicios creíbles. Ha exigido, entre otras cosas, la reorganización de la CENI y la introducción de un sistema de reconocimiento biométrico en el proceso electoral que asegure la transparencia de los resultados. Al no conseguirlo, la coalición Fuerzas Democráticas, trató sin éxito de buscar un candidato único para hacer frente a -Gnassingbé, hasta que finalmente optó por designar el 31 de diciembre a Agbéyomé Kodjo, líder del Movimiento Patriótico para la Democracia y el Desarrollo (MPDD), con el provocativo título de «candidato único de la oposición».

No han faltado las críticas al prelado y al candidato por esta presunción. En declaraciones a Jeune Afrique, Éric Dupuy, portavoz de la ANC, se pregunta: «¿Cómo se puede decir que se es el candidato único de la oposición cuando hay varios candidatos declarados?», y dirigiéndose al -arzobispo -Kpodzro afirma que la ANC está «a favor de una elección presidencial a dos vueltas y, en este contexto, estamos por la pluralidad de candidatos de la oposición. Solo el pueblo togolés decidirá». 

La competencia entre los dos principales candidatos opositores disminuye las posibilidades de alternancia en el poder. Si nadie consigue mayoría absoluta el 22 de febrero y es necesaria una segunda vuelta, queda por saber qué hará la oposición en torno al candidato que presumiblemente concurra frente al presidente Faure. Habrá que esperar.

La campaña electoral comienza el 6 de febrero y termina el día 20, un tiempo demasiado corto según la oposición. Las autoridades togolesas van a desplegar 10.000 gendarmes para asegurar la seguridad en unas elecciones que en Togo siempre han estado empañadas por actos violentos.

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