En busca de nuevas estrategias para el Sahel

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El Sahel «ha experimentado un aumento devastador en los ataques terroristas contra objetivos civiles y militares», explicó Mohamed Ibn Chambas, Representante Especial de las Naciones Unidas y jefe de la Oficina de la ONU para África Occidental y Sahel (UNOWAS), ante el Consejo de Seguridad de la organización en la reunión celebrada el pasado 8 de enero. Esta situación tiene unas «consecuencias humanitarias alarmantes».

El líder de UNOWAS se refirió en particular a las víctimas de ataques terroristas en Burkina Faso, Malí y Níger, que se han multiplicado por cinco desde 2016, con más de 4.000 muertes contabilizadas solo en el año 2019, en comparación con las 770 de los tres años antes. Solo en Burkina Faso, hubo 80 muertes en 2016 y 1.800 el año pasado. Además, puso de relieve que hay un desplazamiento geográfico de las operaciones terroristas hacia el este desde Malí a Burkina Faso y que la amenaza es cada vez mayor en los estados costeros de África occidental.

«En estos lugares, los extremistas brindan seguridad y protección a las poblaciones, así como servicios sociales a cambio de lealtad». Por eso «las respuestas contra el terrorismo deben centrarse en ganar la confianza y el apoyo de las poblaciones», continuó Ibn Chambas.

Hasta ahora, los planes puestos en marcha para luchar contra el yihadismo están lejos de conseguir ese objetivo. Human Rights Watch lleva años denunciando que las estrategias abusivas contra el terrorismo de los gobiernos, incluidas ejecuciones sumarias de sospechosos, corren el riesgo de alimentar aún más el conflicto y empujar a más personas a los brazos de los agentes de reclutamiento para grupos islamistas.

Solo en el caso de Burkina Faso, desde 2017 la organización ha documentado las «presuntas ejecuciones extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad de más de 150 hombres acusados de apoyar o albergar terroristas», afirma Corinne Dufkan, directora de HRW para África Occidental. «Casi todas las víctimas eran del grupo étnico fula [peul o fulani], cuyas quejas contra el gobierno fueron explotadas por los islamistas para obtener reclutas».

En un intento de cambiar este tipo de políticas, el pasado 21 de diciembre los jefes de Estado de la CEDEAO adoptaron el Plan de acción 2020-2024 para erradicar el terrorismo en la región. Esta estrategia prioriza un enfoque trasversal en todos los niveles y todos los sectores. Parte de que el 70% de la población sahelina vive o de la agricultura o de la ganadería y de la necesidad de garantizar la convivencia entre estos dos grupos, que en los últimos años han protagonizado continuos enfrentamientos, lo que ha favorecido la penetración de los terroristas. También tiene en cuenta las consecuencias del cambio climático sobre «la cohesión social, la migración irregular y la criminalidad en algunos lugares». Esto supone un importante cambio de rumbo respecto al enfoque dado al problema hasta este momento. Pero para implementar estas propuestas, los países del Sahel necesitan del apoyo de los países occidentales, especialmente de Francia que tiene desplegado un gran número de tropas en la región.

Sin embargo, la resistencia a la presencia militar francesa en los países del Sahel no deja de crecer. Ya se han producido distintas manifestaciones contra ella a lo que ayuda que Francia sea el antiguo poder colonial en la zona.

Estos dos factores, el aumento de la violencia y las protestas contra las operaciones francesas llevaron al presidente francés, Emmanuel Macron, a convocar una cumbre de emergencia en la ciudad francesa de Pau el lunes 13 de enero. A ella invitó a los cinco presidentes del llamado G5 (Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger), el grupo de países que lucha conjuntamente contra el yihadismo en la región. El objetivo era que los Estados africanos afirmasen claramente que las tropas francesas se encuentran en la zona porque ellos lo han solicitado y adoptar una nueva estrategia común para las misiones militares en África occidental que evite los accidentes mortales y ataques que la falta de coordinación entre la Operación Barkhane y el ejército del G5 han provocado en repetidas ocasiones. Para ello han acordado crear una estructura de comando conjunta que, bajo el nombre de Coalición para el Sahel, hará frente a la insurgencia. Además, Francia enviará 220 nuevos efectivos que se sumarán a los 4.500 que ya tiene en la región. Los seis presidentes también pidieron a Estados Unidos que continúe su apoyo logístico.

Hay que recordar que junto a las tropas francesas, en el Sahel también está un destacamento británico de 100 soldados y otro de 75 soldados daneses, la fuerza de paz de Naciones Unidas (MINUSCA) formada por 15.000 efectivos y los 600 componentes de la misión europea de formación del Ejército maliense (EUTM), en la que participa España con 292 militares.

Una vez más, Occidente, liderado por Francia, apuesta por la opción militar y olvida el factor humano para resolver este conflicto. Los presidentes africanos de la CEDEAO parecen haber optado por un enfoque diferente, más cercano a las necesidades de la población de la región, sin embargo, si no cuentan con el apoyo y respaldo de los países occidentales poco podrán hacer. Habrá que estar pendiente de cuales son las estrategias que finalmente se imponen y no resultaría nada extraño que fueran las que vienen de fuera.

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