Fallece el imam Kobine Layama

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Era el presidente del Consejo Islámico Centroafricano

El imam Omar Kobine Layama, presidente del Consejo Islámico Centroafricano, falleció en Bangui el pasado sábado, 28 de noviembre, a causa de un infarto. En los últimos años, su figura, junto al cardenal de Bangui, Dieudonné Nzapalainga, y el pastor Nicolas Guerekoyame, presidente de la Alianza Evangélica Centroafricana, ha sido relevante en la promoción de la reconciliación, el perdón y el diálogo interreligioso en el país.

La noticia del fallecimiento del imam ha impactado a una nación que se prepara para celebrar unas elecciones presidenciales en las que se debería consolidar el proceso de pacificación que ha empezado a apuntalar República Centroafricana.

En esa tarea ha tenido mucho que decir el imam Kobine Layama, quien junto los líderes católico y evangélico puso en marcha, en 2012, la Plataforma Interreligiosa Centroafricana. Desde entonces, el trabajo de esta institución ha pretendido que la Seleka –y los grupos vinculados o desgajados de ella– y las milicias anti-Balaka dejen las armas y apuesten por un país pacificado y estable.

Gracias a esta tarea, los tres líderes religiosos han merecido numerosos galardones, entre ellos el Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2016, que recibieron en el transcurso del 29º Encuentro África, que se celebró en Madrid del 3 al 5 de febrero de 2017. Después, el imam Kobine Layama y el cardenal Dieudonné Nzapalainga conversaron con MUNDO NEGRO y volvemos a traer aquella entrevista.


El cardenal Dieudonné Nzapalainga y el imam Omar Kobine Layama. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo


Como ciudadanos centroafricanos, ¿cuál es su visión de la nación?

Kobine Layama (KL): Antes de la crisis, se llamaba a nuestro país ‘la Suiza africana’ porque los centroafricanos eran muy pacíficos y muy fraternos. Desafortunadamente, los políticos han acabado con esta cultura. Por eso estamos juntos, para defender los valores tradicionales y religiosos que nos caracterizan. La situación actual es lamentable. Hemos tendido la mano para hablar tanto en Europa como en Estados Unidos para que la comunidad internacional se movilice y ayude a que este pueblo vuelva a su cultura, pero por desgracia sobre el terreno no hay voluntad para restablecer la paz.

Dieudonné Nzapalainga (DN): RCA desde 2013 es el caos; todas las infraestructuras han sido reducidas a la nada. Lo más preocupante es que las relaciones humanas se han roto por la desconfianza y la división, de manera que el amigo se ha convertido en enemigo. Por eso, los líderes religiosos recordamos que Dios quiere a todos y que debemos encontrarnos para hablar y buscar la solución mediante el diálogo.

¿Qué costará más, reconstruir el país o la confianza entre los centroafricanos?

KL: Creo que lo más importante es desarmar y reconstruir el corazón. Si esto es posible, el desarrollo será para todos. Hace poco más de un año tuvieron lugar la visita del Papa y la victoria de Touadéra en las elecciones.

¿Qué ha cambiado desde entonces?

DN: Uno de los primeros cambios, considerado por nosotros como un milagro, es que nuestros hermanos musulmanes del barrio PK5 salieran en masa para ver al Papa y fueran al estadio para rezar con los demás. Además, por ejemplo, los jóvenes armados que estaban en la calle con el pretexto de la autodefensa, dejaron las armas. Ahora tenemos un presidente y unos diputados elegidos democráticamente. Constatamos también que hoy los que tenían miedo empiezan a tener confianza y a acercarse a los demás. Por ejemplo, los desplazados que vivían en el aeropuerto de Bangui decidieron volver a vivir en los barrios.

Dieudonné Nzapalainga. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

KL: La libre circulación de musulmanes y cristianos. Estos tenían miedo en entrar en los barrios musulmanes y viceversa. La lista de cambios es larga.

¿Esta realidad se da también en el resto del país? Y ustedes, ¿cómo son recibidos cuando van fuera de Bangui?

DN: Como líderes religiosos, podemos ir al interior del país. Cuando se produjeron las matanzas en Kaga Bandoro, el imam, el pastor protestante (Nicolás Nguerekoyame), el presidente de la República y el secretario de Naciones Unidas fueron allí. Después yo también fui para ver la situación. En el interior del país la gente está armada, y los señores de la guerra siguen siéndolo, incluso ante la mirada de la MINUSCA, que no hace nada. Nosotros lo que queremos es que desarmen a esta gente y que dejen tranquila a la población. Son estos grupos los que saquean y explotan las riquezas minerales. En algunos sitios hay autoridades, pero son simbólicas, porque los que tienen el poder son los rebeldes.

KL: Son esos rebeldes los que instrumentalizan a nuestras comunidades, los que impiden a los musulmanes acercarse a los cristianos. Los anti-Balaka también impiden a los cristianos acercarse a los musulmanes. Esto es de lo que se queja la gente cuando vamos a los distintos lugares. Además, desde hace años, el este del país está ocupado por el Ejército de Resistencia del Señor, de Joseph Kony, que quema pueblos, mata, viola y secuestra a pesar de la presencia de los soldados americanos y ugandeses, que no protegen a la población. Hace algo más de 20 años tuvo lugar el genocidio ruandés ante el silencio de la comunidad internacional.

¿Comprenden que ningún organismo internacional pueda parar lo que sucede en su país?

KL: Después del conflicto de Ruanda, la comunidad internacional dijo que jamás volvería a ocurrir algo parecido, pero nosotros, aunque no hemos llegado a ese punto, estamos en camino de ello. Aquellas fueron palabras estrictamente políticas, pero ellos esperan este tipo de crisis para explotar el país. Repiten y repiten que no son líderes políticos. ¿La población centroafricana asume esta posición?

DN: Lo reivindicamos y lo decimos muy alto. La gente puede pensar que nosotros buscamos un puesto político, pero nuestra posición se articula sobre la alianza que hemos hecho con el pueblo. Si este se siente amenazado y herido, nosotros también nos sentimos amenazados y heridos. En los orígenes de la crisis se pusieron en contacto con el entonces presidente, Bozizé, para advertirle de lo que se estaba gestando, pero no les hizo caso.



¿Cuál es la respuesta del actual presidente?

KL: Touadéra nos dijo que tiene la puerta abierta y su teléfono disponible para nosotros. Él nos dijo que debemos considerarlo como nuestro hijo, y nosotros queremos que nos considere como sus padres espirituales, que se dirija con libertad a nosotros. Si su trabajo es bueno, estamos dispuestos a darle consejos; y si no busca el interés del pueblo, también estaremos dispuestos a aconsejarle.

El imam Omar Kobine Layama. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

DN: Nos gustaría que el poder estuviera, de forma efectiva, en manos del presidente, pero vemos que es la comunidad internacional la que sigue manteniendo este poder. Cuando hay que tomar decisiones, el presidente no puede decidir solo, debe hablar con la comunidad internacional, con los militares… Vemos que tiene buena voluntad: por ejemplo, quiere crear el Ejército, pero al final eso no depende de él… Por eso, una de nuestras obsesiones es que el lenguaje que se utilice sea el de la verdad y no el de la hipocresía. No es normal secuestrar a un pueblo entero. No comprendemos por qué en Bangui se trabajó con insistencia para que la gente dejara las armas, mientras que en el interior no se ha hecho nada en este sentido. Y todo esto pasa bajo la mirada de la comunidad internacional. Si se dejase al poder que nombrara a sus viceprefectos, sus gendarmes o sus militares, veríamos la evolución de la situación. Pero hoy sabemos que el presidente no puede hacer nada más que seguir las orientaciones de otros. Touadéra es presidente, pero tenemos la impresión de que hay una agenda oculta para nuestro país y que se sigue discutiendo para repartirse el pastel entre unos y otros.

¿A qué se refiere?

DN: A los diamantes de sangre que salen del país por Chad o por Sudán para ser vendidos en el extranjero. Todo el mundo lo dice y lo sabe; pero ¿por qué no paran este negocio? Esos diamantes salen del país porque no hay Ejército, y el presidente no puede enviar soldados a la frontera sencillamente porque no los tiene. El resto de países se aprovechan también de este caos, y no solo los países vecinos, sino las grandes potencias. No comprendemos por qué hay un gran campo militar norteamericano en el este; no comprendemos tampoco por qué los chinos llegan y se instalan donde hay petróleo. No comprendemos qué están haciendo allí.

¿Sería muy aventurado decir que RCA está secuestrada por la comunidad internacional y las multinacionales?

KL: Lo que vemos nos demuestra que el país está abandonado, secuestrado, puesto bajo una forma de protectorado. Esto es como una segunda colonización. Si el presidente no tiene derecho a decidir, el país sigue siendo un protectorado. Me pregunto por qué volvemos a la era colonial.

En medio de esta realidad, ¿se puede decir que la Plataforma Interreligiosa Centroafricana es el gran fruto de la crisis?

DN: Una crisis también se puede convertir en una oportunidad, en un medio para crecer. Hemos sido llamados para proponer una alternativa a la violencia, a la destrucción de nuestro pueblo. En Holanda o Estados Unidos han quedado admirados del trabajo de la Plataforma.

¿Por qué atrae?

KL: Lo que atrae es que lo que decimos sale de nuestro corazón, es la realidad que vivimos. Es eso lo que hace que la gente abra sus corazones para aceptar nuestra palabra. En nuestra religión, el Profeta nos enseñó que “cuando decís la verdad, Dios abre el corazón de la gente para que acepten vuestras palabras como verdaderas. Si decís la mentira, Dios hará entender a la gente que es mentira”. Una de las causas es que decimos la verdad, y solo la verdad.

DN: En la actualidad se caricaturiza a las religiones como fuente de violencia. No es frecuente ver que los líderes religiosos se junten para proponer soluciones a una crisis. En nuestros libros sagrados tenemos recursos necesarios para resolver el conflicto, por lo que pedimos a cada creyente que vuelva a sus orígenes, que descubra su propia identidad, levante los ojos y trabaje para cambiar las cosas. Sabemos que el hecho de estar juntos les extraña, pero para nosotros es la vuelta a los orígenes. Es el símbolo de una verdadera amistad y fraternidad que vivimos juntos. Y creo que todo el mundo lo necesita en este momento, donde se vive con la sospecha y el miedo al otro. Dice que es fácil culpar a las religiones de los conflictos.

¿Tenemos los medios de comunicación algo de responsabilidad en ello?

DN: Los medios de comunicación juegan un papel muy grande. Pueden destruir o construir. En nuestro país, antes del golpe del Estado, cuando los medios anunciaban que una ciudad había caído, los militares ya no tenían ganas de combatir y huían antes de que llegasen los rebeldes. Y cuando estos llegaban, aunque fueran muy pocos, tomaban las ciudades. Al mismo tiempo, denunciamos que es la prensa internacional la que calificó nuestra crisis de interreligiosa. Incluso cuando damos la vuelta al mundo para decir que no es una crisis religiosa, vuelven a decir que esa es la motivación de la misma. La imagen que se ha quedado en la memoria de muchos europeos y norteamericanos es que el conflicto de RCA es una crisis entre musulmanes y cristianos, mientras que nosotros no tenemos los medios para decir lo que pensamos. Los medios tienen un gran poder, pueden tanto destruir como construir la paz.

KL: No se ha ido al fondo de la crisis. A veces era necesario que yo interviniese en la cadena internacional Al Yazzera para explicar las causas reales de la misma, y me pregunté si los yihadistas son los verdaderos musulmanes que nos pueden ayudar a resolver este problema y que musulmanes y cristianos volvieran a ser hermanos como antes. La prensa contribuye a que una crisis se perpetúe en un país. En RCA hemos ofrecido formación a nuestros periodistas sobre deontología profesional y cohesión social para que ayuden en este proceso y no copien las ideas de la prensa internacional.

DN: Conocéis la historia de Radio de las Mil Colinas, en Ruanda. No queremos que la comunicación sea fuente de división. Por eso estamos lanzando una radio en cuyo equipo hay musulmanes, protestantes y católicos porque sabemos que los medios tienen un gran poder. Y queremos usarlo en el sentido positivo para ayudar a nuestro pueblo a salir de la crisis.

¿Será una radio nacional o solo para Bangui?

KL: Lo que nos ha empujado a tener esta emisora es que la radio nacional no emite a más de 100 kilómetros. Las otras cadenas religiosas tampoco llegan más allá de 300 kilómetros. Nuestros pueblos ubicados en el fondo de la selva se han quedado sin información. Solo reciben rumores. Por eso queremos que nuestra radio vaya lo más lejos posible. Queremos emitir a nivel nacional.

¿Ya tiene nombre?

DN: De momento no hemos dado nombre a la radio, pero las cosas van hacia Radio Reconciliación, Radio Misericordia… De momento, lo que estamos haciendo es elaborar programas que ofrecemos a todas las cadenas, ya que todavía no tenemos infraestructuras. Desde la Plataforma proponen esta radio, junto a otros proyectos educativos, sanitarios y de desarrollo.

¿La población necesita estas iniciativas, junto al ejemplo de diálogo interreligioso, para percibir que este camino no está en cuestión?

KL: Estos proyectos de la Plataforma responden a los cuatro grandes problemas sociales de RCA. Como decía el cardenal antes, la crisis ha destruido todas las infraestructuras: las escuelas, los hospitales… No hay absolutamente nada. Estos proyectos han sido elaborados no solo por nosotros, sino por el conjunto de los líderes religiosos del país, que representan a toda la población.

DN: La población nos quiere ver en primera fila. Si ponemos en marcha, por ejemplo, la radio, en la que trabajan musulmanes, protestantes y católicos, verán que no es un proyecto partidista. Queremos corregir los errores para que, gracias a la colaboración de todos, consigamos la verdad. Detrás de nuestros proyectos queremos que estén todos. Otro ejemplo: para la escuela, los maestros musulmanes, protestantes y católicos se deben juntar para discutir el proyecto pedagógico, de manera que cuando enseñen no lo hagan en clave cristiana o musulmana, sino que formen a todos los centroafricanos. Cuando la gente vea que el profesor musulmán acoge al mismo tiempo a los cristianos y a los musulmanes nos creerán, porque el miedo de la gente actualmente es la exclusión. Lo mismo ocurre para el proyecto de salud. Si soy médico, no solo tengo que atender a los cristianos, sino que debo hacer lo mismo con todos. Eso ocurría en el pasado: la gente llegaba para ser atendida y esperaba tres, cuatro horas y cuando volvía a casa, decía ‘Este hospital no es para nosotros’. Queremos romper esta imagen y proponer una alternativa. En el hospital de la Plataforma, cada ser humano, creado a imagen de Dios, debe ser acogido, atendido y curado.

Durante el Encuentro África, en un momento determinado dejaron claro que este proyecto no es una iniciativa del imam, del cardenal y del pastor, porque llegará un día en el que ustedes ya no estén. ¿Qué piensan en su país de esto?

KL: Nuestros líderes, después de escucharnos, intentaban hacer algo, cada uno en su ámbito. Para eso, en junio de 2016 convocamos la Asamblea General de la Plataforma para que los líderes hagan suyo este programa de diálogo, reconciliación y cohesión social. Ahora los estatutos, el reglamento y el programa de actividades se están distribuyendo por todas las zonas del país para que lleguen a las bases.

DN: No queremos que esto se limite a nosotros tres. Por eso invitamos a todos los responsables provinciales a asumir este programa. Actualmente hay una dificultad real: queremos que entre los que participaron en los trabajos de elaboración de esos documentos haya un grupo que vaya a las provincias para entregar, explicar y difundir los documentos. Enviar a la gente de Bangui a Obo o de Bangui a Bangassou requiere medios, y ahora no tenemos el dinero suficiente para hacerlo. Por eso aprovechamos para invitar a los lectores de Mundo Negro a colaborar, si lo desean, con este proyecto, que es muy necesario en la actualidad.

En el caso de RCA, ¿cuál es el principal obstáculo para encontrarse con el otro? ¿Los muertos causados por Seleka y anti-Balaka? ¿Los desplazados? ¿O simplemente que el otro es diferente?

DN: Hemos pasado por muchas etapas. Cuando la crisis era muy profunda, el problema era el otro. Se hablaba de ‘los cristianos’, de ‘los musulmanes’. Llegó el momento en el que hubo muchos muertos, lo que provocó un repliegue de la gente hacia sí misma. La gente no quería comunicarse, ni perdonar, ni pedir una reparación al agresor. Con el trabajo de formación y sensibilización, llegamos a una etapa en la que nos sentamos para establecer responsabilidades frente a todo lo que había ocurrido. Había que trabajar la justicia y la reparación, pues no se ha de dejar que los que se creen omnipotentes se mantengan en esta actitud. Es necesario que haya una ley para todos. En medio del caos, cada uno hace sus propias leyes, unas normas que no están reconocidas por el otro. Por eso debemos tener leyes que respetemos todos.

KL: La comprensión de la crisis por parte de la población ha cambiado. Como ha dicho el cardenal, al principio se veía que eran musulmanes contra cristianos y viceversa. Pero los musulmanes se dieron cuenta de que la Seleka robaba y saqueaba también a los musulmanes. Los cristianos experimentaron lo mismo con los anti-Balaka. Se dieron cuenta de que fueron secuestrados por los dos grupos, y que solo les quedaba la opción de reconciliarse. Nuestro problema es la inseguridad, y la respuesta es la justicia. Ustedes se han empeñado en demostrar a la población que Dios camina junto a su pueblo, incluso en medio de las dificultades más grandes.

¿Qué piensan de la sociedad occidental que arrincona cada vez más lo sagrado y a Dios?

DN: Dios es nuestro compañero. Aun cuando nuestros hermanos nos abandonan, Él se ha quedado con nosotros. Lo hemos dicho en numerosas ocasiones. Incluso en los momentos más duros, cuando uno está refugiado en la selva, incluso ahí puede abrir su corazón a Dios. A veces nos apresuramos a decir que la gente se refugia en la religión porque es pobre. La cuestión de Dios es una cuestión existencial, intrínseca al ser humano. Si quitamos a Dios de la vida, el hombre no es hombre. Muchas veces aquí en Europa se piensa que con las cosas materiales y el confort ya no se necesita a Dios. Eso no encaja: las cosas materiales y el confort son medios, mientras que Dios es el objetivo; Él es el que da sentido a todo lo que puedo tener o lo que puedo emprender. Y si Dios no está presente entre nuestras prioridades, tendremos opciones horizontales, mientras que con Dios vivimos en una dimensión trascendental.

KL: Dios es el más sabio y está más allá de la sabiduría humana. Si olvidamos que Él está más allá de nuestro pensamiento, Él se manifiesta a través de muchas cosas para recordárnoslo. Creo que el mundo, no solo Europa, sino también África, debe tener a Dios como fundamento. Él encontrará solución a nuestras crisis.

DN: Quisiera trasladar a Europa un mensaje: ‘Acuérdate de tus orígenes’. Cuando se viene a Europa, se ven las infraestructuras fruto de la cultura cristiana. Un proverbio togolés dice que “Si no sabes adónde ir, acuérdate de dónde has salido”. Creo que es importante que Europa haga autocrítica del auge del materialismo, del nihilismo, o de todas estas corrientes como el marxismo, que son pasajeras. Vendrá el momento en el que será importante decir que Dios tiene un sitio. Todos los que han querido matar a Dios ya han muerto, mientras el cadáver sigue vivo y coleando (ríe).

KL: El hombre ha sido creado libre, pero si no tenemos cuidado, nuestra libertad nos llevará a la perdición. La libertad del hombre se encuentra en los Libros Santos. Cardenal Nzapalainga, ha estado recientemente con el Papa.

¿Tiene alguna información sobre el próximo viaje de Francisco a África, que él mismo dijo que tendría lugar a lo largo de este año?

DN: No sabemos nada. Los rumores dicen que irá a África, pero ¿dónde? Estamos esperando a ver qué país el Papa escoge desde su libertad y soberanía. El imam vivió más de 6 meses en casa del cardenal, ¿cómo son como compañeros de piso?

KL: El cardenal es un hermano para mí, un padre; somos idénticos. Es muy humano, muy social y compasivo. Es un buen compañero de miseria.

DN: Somos compañeros de miseria porque hemos vivido juntos los momentos más difíciles. El imam se caracteriza por su sencillez y su humildad. Es alguien que tiene una gran confianza en Dios. Lo he notado cuando salió de su casa y solo cogió su Corán y su estera para la oración. Dejó todo y lo perdió todo. Eso me recuerda a Job. Es, además, un buen padre de familia.



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