Francisco irá al PK5

kike bayo   Por Enrique Bayo, desde Bangui

 

Acabo de leer en Internet el artículo que firma Alberto Rojas en El Mundo sobre la situación en la capital centroafricana que espera la visita del Papa. Creo que exagera. Decir que Bangui es uno de los lugares más peligrosos del mundo es decir demasiado. Llevo cuatro días paseando por casi toda la ciudad sin dificultad alguna, los comercios están abiertos, los bancos y oficinas administrativas también, los taxis y moto-taxis circulan con toda normalidad y los ciudadanos ofrecen su cara más amable a no importa qué solicitud de información. Con todo, tengo que reconocer que la situación en Bangui es muy grave. En algunos barrios, como los que rodean la parroquia comboniana de Nuestra Señora de Fátima la tensión es grande, se oyen disparos casi todos los días e incluso, como ayer (26 de noviembre), algunas casas han sido deliberadamente incendiadas. Un cierto odio y las ganas de venganza se han instalado en el corazón de muchos centroafricanos, cansados ya de tres interminables años de enfrentamientos y matanzas, de acuerdos incumplidos, de tanta hipocresía y de la incapacidad de su Gobierno y de la comunidad internacional para abrir caminos de pacificación.

Además, es imposible ocultar a las más de 35.000 personas refugiadas en múltiples puntos de la capital, sobre todo en el gran campo situado junto al aeropuerto de Bangui-M’poko, custodiado por los soldados francesas de la misión SANGARIS. Muchas iglesias e instituciones católicas abrigan también un buen número de refugiados, como la parroquia de Saint Sauveur que el Papa visitará el domingo 29 de noviembre. La mayoría de estas personas proceden de los barrios de Bangui abandonados por falta de seguridad. Por tanto, aunque la situación es grave, también está abierta a la esperanza.

Creo que pocos países esperan con tanta ilusión la visita de un Papa como República Centroafricana. Todas las comunidades religiosas (católicos, protestantes, musulmanes, animistas…) esperan la llegada de Francisco con los oídos bien abiertos para escuchar su mensaje de paz y su invitación a la reconciliación. El Gobierno de transición ha puesto en marcha sus escasos medios para llenar Bangui de banderolas de bienvenida y arreglar ciertas calles y carreteras que no habían visto mejora alguna durante los últimos cuatro años. Por su parte, la comisión preparatoria de la visita del Papa, copresidida por Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, y la ministra Marie-Noelle Koyara, trabaja desde hace meses para que todo transcurra de la mejor manera posible. La seguridad estará en manos de 500 policías y gendarmes centroafricanos, una cuarta parte de de los 12.000 soldados de la MINUSCA (la misión de Naciones Unidas para República Centroafricana) y 300 cascos azules senegaleses especializados en la lucha contra la guerrilla urbana llegados a Bangui para la ocasión. A estas fuerzas de seguridad se unirá también una buena parte de los 900 soldados franceses de la operación SANGARIS.

A pesar de las dudas lanzadas por ciertos medios de comunicación internacionales sobre la posible anulación de la visita del Papa, nadie duda en Bangui de que el Papa vendrá. El reciente vídeo-mensaje de Francisco dirigido a todos los centroafricanos así lo confirma con un rotundo ‘Hasta pronto’. Los consejos de los servicios de inteligencia franceses no podrán nunca impedir a un Papa decidido, con el gesto de su venida, a contribuir de todo corazón “a curar las heridas y a abrir un futuro más sereno para Centroáfrica y sus habitantes”.

Este lunes 23 de noviembre pude recorrer junto a una treintena de periodistas y el arzobispo de Bangui, que encabezaba la delegación, algunos de los lugares que el Papa tiene previsto visitar los días 29 y 30 de noviembre. Estuvimos en la Facultad de Teología Evangélica de Bangui para comprobar que la comunidad protestante vive la visita del Pontífice de Roma en perfecta comunión con los católicos. Después visitamos la mezquita central de Koudoukou, situada en el famoso PK5. Este lugar, antiguo corazón comercial y financiero de Bangui, permanece aislado del resto de la ciudad desde los tristes enfrentamientos violentos de septiembre de 2015 que causaron al menos 77 muertos. Aquí vive la mayoría de la comunidad musulmana de Bangui, pero también muchos cristianos y otros. Aquí tienen base también grupos violentos que siembran el pánico y la inseguridad en los barrios periféricos. Para llegar a la mezquita central fuimos escoltados por dos carros blindados de soldados ruandeses de la MINUSCA. Tuvimos que recorrer calles desiertas que antes eran parte de las más animadas de la ciudad. La  calurosa acogida de la comunidad musulmana a toda la delegación, y especialmente al arzobispo, constituye una prueba más de que la crisis centroafricana no es una crisis interreligiosa, como tanto le gusta simplificar a una buena parte de la prensa internacional. Además de Dieudonné Nzapalainga, los dos imanes que tomaron la palabra, Saleh Ndiay y Ali Ousanane, solo tuvieron palabras para expresar a su comunidad su alegría por la visita del Papa, de la que esperan que pueda abrir caminos de paz y de reconciliación para que las comunidades cristianas y musulmanes vuelvan a vivir juntas en armonía. En todo el recorrido,  múltiples pancartas de bienvenida al Papa confirmaban estas declaraciones de buena voluntad.

Con todo, la incertidumbre continúa. En los dos grandes grupos que se enfrentan en República Centroafricana, la Seleka y los anti-Balaka, se han infiltrado gente violenta y bandidos que utilizan la religión como pantalla. Parece que ni el débil Gobierno de transición, ni la MINUSCA ni los franceses de la operación SANGARIS consiguen desarmar a los violentos. Además, parece que, contra la voluntad de la inmensa mayoría de los centroafricanos, existen intereses extranjeros que impiden que República Centroafricana viva en paz. Sin duda que con la llegada del papa Francisco todo puede empezar a cambiar. Como hombre de Dios, Francisco trae un mensaje de paz, pero no una varita mágica para arreglarlo todo. La paz en el país pasa, sobre todo, por el corazón de los centroafricanos.