Fratelli tutti: una mirada africana

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Por Elias Opongo



La encíclica Fratelli tutti es una obra maestra de la Doctrina Social de la Iglesia. Atrae la atención de la conciencia planetaria sobre la responsabilidad compartida para la construcción de la solidaridad, la amistad social, la ciudadanía global y una economía fraterna que respete la dignidad de la persona y promueva el desarrollo humano integral. Francisco llama a la humanidad a reflexionar sobre «una forma de vida con sabor a Evangelio» que integre valores humanos y evangélicos, con el fin de salvaguardar el bien común.



En un mundo que se mueve rápidamente hacia una marcada cultura aislacionista basada en el individualismo, el fanatismo, los sectarismos étnicos, los racismos, los extremismos religiosos y la marginación de las minorías, Fratelli tutti propone redescubrir una actitud más comunitaria de las dinámicas de cohabitación humana, en línea con el tradicional valor africano de la solidaridad. La encíclica habla al corazón de África y, como cristianos y personas a quienes importa la justicia, nos sentimos vivamente interpelados por ella.

En Nairobi, donde vivo, asistimos a una disgregación social, visible también en la mayoría de las principales ciudades africanas: riqueza y opulencia frente a pobreza y miseria; la mayoría de la población juvenil en su desesperada búsqueda de empleo frente a políticos sin escrúpulos y una economía que los explota; y líderes comprometidos con el cambio social frente a autoridades corruptas que acumulan riquezas a expensas de los pobres. La paradójica situación de Nairobi evidencia el fracaso del heredado sistema capitalista, en cohabitación con una democracia aberrante que refleja falsamente el camino hacia una sociedad desarrollada.


El papa Francisco firmó la encíclica Fratelli tutti en la basílica de San Francisco, en Asís, el pasado 4 de octubre. Fotografía: GETTY / En la imagen superior, Miembros de la comunidad gumuz de Cola Village. Los gumuz componen uno de los grupos étnicos más marginados y discriminados de Etiopía, país que vive en la actualidad un grave conflicto en la región de Tigray. Fotografía: Ana Palacios


Crecimiento sin desarrollo

Es muy triste que la creciente clase media en la mayoría de las capitales africanas se esté orientando hacia un estilo de vida capitalista que amenaza el patrimonio comunitario africano y abraza plenamente lo que Francisco ha definido como «la globalización de la indiferencia», una falsa seguridad que se encierra en la autocomplacencia. De hecho, en la mayoría de estas ciudades los ricos han asumido una «cultura de muros»: muros físicos que mantienen lejos a los pobres, percibidos como peligrosos y ladrones; muros sociales que distinguen claramente entre ricos y pobres; grupos étnicos dominantes y minoritarios o marginados; trabajadores y desocupados. A pesar de ser una sociedad dividida, es compatible con el crecimiento económico en diversas áreas del continente, al menos antes de la pandemia.

Todo esto evidencia claramente la necesidad de cuestionar las actuales estructuras de organización social en África porque, como señala Francisco, hay reglas económicas que resultan eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral.

Estas estructuras económicas crean un modo engañoso de falso desarrollo, pero sus fragilísimos fundamentos son una bomba de relojería. Francisco deplora que muchos seres humanos se sientan «más solos que nunca» dentro de un sistema económico mundial que reduce a las personas a meros instrumentos de trabajo en nombre de la libertad y la eficacia del mercado que privatiza el bien común en beneficio de una reducida élite económica.

La sabiduría del ubuntu

Fratelli Tutti subraya con fuerza el estilo de vida comunitario y la solidaridad social que son todavía apreciados en África, pero que se ven amenazados. La urbanización creciente, el aumento de la brecha económica o la reducción del patrimonio comunitario sacuden el tejido social que, desde siempre, ha buscado sostener los sectores más frágiles de la población. Esta disminución del sentido comunitario está creando soledad, miedo e inseguridad. Además, la incidencia de lo étnico en la política, así como la politización de las identidades comunitarias, han hecho un continente más vulnerable a los conflictos y propenso a las divisiones sociales, étnicas, políticas y religiosas. Son situaciones que desacreditan la sabiduría teológica africana del ubuntu, que subraya la naturaleza entrelazada de la vida humana: mi humanidad es definida por la tuya y viceversa.

Política y bien común

Como en otros lugares del mundo, la democracia en África está en crisis y la agenda política está, en gran parte, dictada por las élites en el poder. En diversos países africanos asistimos a cambios constitucionales, maniobras palaciegas que crean presidentes de por vida y manipulaciones de los resultados electorales que desacreditan la democracia. Francisco lamenta que, para muchas personas hoy, la política sea una palabra vacía de significado. El mundo está sufriendo graves carencias estructurales que deben ser afrontadas a través de enfoques inclusivos que tengan en cuenta las exigencias de todos los sectores de la sociedad.

El Papa se lamenta también de que la eliminación de los adversarios sea considerada como un éxito político, cuando la auténtica construcción de la polis necesita prestar atención al bien común. En consecuencia, la política se ha convertido en una competición entre gobernantes que reducen las prácticas democráticas a instrumentos para mantenerse en el poder y controlar y acumular riqueza. Francisco apela a una política sana basada en la cultura del encuentro y el diálogo franco entre las personas para construir un proyecto colectivo y compartido de humanidad.

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