Goma recupera la normalidad

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El volcán Nyiragongo vuelve al estado de letargo.


Después de unas semanas de una intensa actividad, en las últimas jornadas la lava ha dejado de brotar y los movimientos sísmicos asociados a la erupción han desaparecido. Con miles de personas volviendo a sus hogares, la seguridad en la zona vuelve a ser prioritaria.

Por Lwanga Kakule Silusawa, desde Kinshasa (RDC)

La anunciada segunda erupción del Nyiragongo no ha tenido lugar. La alerta era máxima después de la que tuvo el pasado 22 de mayo. Según los datos oficiales, 30 personas fallecieron, muchas familias perdieron todo o casi todo, porque la lava acabó con casas, ganado, comercios, vehículos… Las autoridades decretaron la evacuación obligatoria de una decena de barrios en la ciudad de Goma, considerados de alto riesgo porque temían nuevas erupciones. Muchas familias recorrieron kilómetros a pie para instalarse en los pueblos vecinos y ciudades como Sake, Minova, Bukavu, Butembo o, incluso, en la vecina Ruanda. Según Naciones Unidas, más de medio millón de personas huyeron de Goma.

El Observatorio Volcanológico de Goma, apoyado por expertos europeos desplazados a Goma, ha asegurado que ahora la situación es estable, que se ha notado el final del flujo de lava, su solidificación así como una disminución significativa de los terremotos. La suma de todos estos factores ha llevado al primer ministro congoleño, Sama Lukonde, a autorizar la vuelta de la población a Goma, lo que ha animado a un continuo pero lento regreso.  Hubo familias que tres días después de la erupción empezaron a regresar. La falta de apoyo gubernamental provocó que vivieran en condiciones muy difíciles, hacinadas en casas pequeñas y sin los medios básicos para subsistir (agua, comida, atención médica, etc.). Incluso se llegó a temer la aparición de algún brote de cólera.

Lo que no se ha podido evitar es que muchas familias se hayan hundido en la pobreza. Fiston Sangala, de 40 años, nos cuenta que ahora tiene que empezar la vida de cero: «Soy taxista. Cuando empezó la erupción, mi esposa, mis cuatro hijas y yo estábamos fuera de casa. Huimos con lo puesto. Todos mis bienes están quemados, convertidos en cenizas, incluso la moto con la que me ganaba la vida. Ni siquiera sé reconocer con exactitud dónde se encontraba mi casa». La familia de Fiston está repartida en diferentes casas de acogida a la espera de recibir alguna ayuda.

El primer ministro dijo que al menos 3.000 familias han perdido sus casas y que, para responder a sus necesidades básicas (alimentos, que ahora escasean, y medicamentos), se necesita, de parte del Estado,  una ayuda urgente de ocho millones de dólares. Las quejas de los ciudadanos no se han hecho esperar, entre otros del movimiento ciudadano Lucha por el Cambio, que han denunciado la mala gestión de la ayuda interna y de la que está llegando desde fuera del país.

La vida vuelve a la normalidad en la capital de Kivu Norte, pero este desastre natural, que ya ocurrió en 1987 y en 2000, causando la muerte de cientos de personas, es la prueba de que esta ciudad está instalada en un lugar de alto riesgo para la salud y la vida y que, a la larga, conviene reubicarla.  

Al desastre natural hay que sumar la inseguridad: las provincias de Kivu Norte e Ituri viven en estado de sitio, vigente desde el 6 de mayo de 2021. Para frenar la persistente inseguridad en el este del país, los gobernadores y vicegobernadores de estas provincias están suspendidos y han sido reemplazados por gobernadores militares y vicegobernadores de la Policía. Hay riesgo de que, con la crisis humanitaria causada por la erupción volcánica, no se materialice el plan del Ejército congoleño de perseguir a los grupos rebeldes.

Imagen superior: Vista aérea del volcán Nyiragongo tomada el pasado 30 de mayo. Fotografía: Alexis Huguet / Getty

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