IRREVERSIBLES. Astrid Jones: “La interpretación es una herramienta de cambio”

Entrevista, fotografías y vídeo por Javier Sánchez Salcedo

 

Actriz y cantante. Nació en Madrid de padres ecuatoguineanos hace 38 años. Para ella todas las artes tienen la misma base: comunicar, desnudar realidades y explicar el mundo desde diferentes focos, en ocasiones a través de la belleza.

 

 

Música e interpretación, ¿por qué?

Empecé como cantante. Cuando era pequeña siempre cantaba en casa. Luego empecé a colaborar en conciertos con unos amigos de mi hermano que tenían un grupo de hip-hop y entré en un coro semiprofesional cantando bandas sonoras y canciones de Disney. Me di cuenta de que era lo que me gustaba y ya llevo cantando profesionalmente 15 años. La interpretación vino más tarde.

¿Qué sientes cuando cantas?

Que estoy haciendo lo que tengo que hacer, que estoy en comunión con la vida. Estuve trabajando en una oficina con estudios de mercado, pero no era donde tenía que estar. Ahora sí.

¿Y qué te gusta provocar?

Quiero lanzar un mensaje de fortaleza: uno puede ser lo que quiera ser. Es posible tener una idea, plantarla, dedicarle tiempo, desarrollarla y que esa idea en un momento dado cobre vida. Ese proceso es algo maravilloso. Sale de uno mismo y en el camino vas encontrando a la gente que te va ayudando a hacerlo posible. Es una expresión de ti mismo, como dejar tu huella en el mundo.

 

Astrid Jones, actriz y cantante
Astrid Jones el día de la entrevista / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

¿De eso hablan tus canciones?

Sí, porque los mensajes que vienen desde fuera son totalmente contrarios y dicen que uno tiene que hacer lo que está establecido. Todas mis canciones, desde el amor o la lucha, dicen que tú tienes el derecho a ser la persona que sientes que eres.

Como actriz, ¿qué proyectos te interesan?

He tenido la suerte de hacer trabajos que me han tocado en lo personal, que  tienen un contenido social y contribuyen a que haya una mejor comprensión de la realidad.  Y es útil. El  mensaje llega al corazón de la gente y a su entendimiento, y despierta cosas. La interpretación me parece una herramienta de lucha, de cambio, de revolución.

¿Es el caso de la obra Un trozo invisible de este mundo, escrita por Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris Mencheta?

Sí. Se componía de cinco monólogos que hablaban de exilio e inmigración. Yo interpretaba uno que es la historia de una mujer africana que sale de su país para dirigirse a un país europeo y va contando todo lo que le pasa en el trayecto. En este monólogo se hablaba del caso real de Samba Martine, una mujer de Congo que estuvo en el Centro de Internamiento para Extranjeros en Madrid y falleció por no haber recibido una atención adecuada después de haber estado quejándose de fuertes dolores durante muchos días. Se cuenta esta historia para visibilizar todo el problema de los CIE y que la gente sea consciente de que en nuestras ciudades se encarcela a gente no por haber cometido un delito, sino por una falta administrativa, que es no tener los papeles en regla. Para mí fue una experiencia brutal. La idea inicial era estar un mes con la obra y se transformó en tres años de gira y varios Premios Max. Me hizo entender la dimensión que puede tener un mensaje desde el escenario cuando se expresa con sensibilidad. El público estaba empatizando con la realidad de otras personas a través de nosotros y de una manera tan fuerte que cuando terminábamos la obra nos daban las gracias, muchas veces con los ojos húmedos de haber llorado. Es muy emocionante tener la posibilidad de llegar a la gente de esa manera, contando una historia que les deja ver la realidad que sucede dentro de sus realidades. Muchas veces el mundo en el que vivimos no nos deja ver el mundo en el que vivimos.

En Tratos abordábais también la problemática de los CIE.

Con esta adaptación de la obra de Cervantes El trato de Argel hacíamos un paralelismo: qué hubiese pasado si en lugar de dos cautivos en Argel hubiesen sido dos cautivos, de Guinea Ecuatorial y de Camerún, en un CIE en España. Vivimos en una urna de cristal intentando mantener un bienestar a costa del malestar de otras personas, a costa de que otras personas carezcan de derechos y no tengan la oportunidad de acceder a ese bienestar. Nosotros planteábamos lo que le pasa a un matrimonio que está cautivo en un CIE y a las personas con las que se relacionan, incluidos los que gestionan el centro. Se plasmaba todo ese entramado de relaciones, que era lo que hacía Cervantes en su obra. Es muy interesante que los clásicos nos hagan entender el mundo de hoy.

 

Astrid Jones, cantante y actriz española
Astrid Jones el día de la entrevista / Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Cuando preparabais la obra, ¿esperábais que algo pudiera cambiar?

No lo sabes. Cuando creas una obra tienes la intención de comunicar, de visibilizar, pero no sabes qué va a pasar luego. Tú lanzas el mensaje y en el momento en que te desprendes de él la responsabilidad va a la otra persona. Lo que haga con eso, lo que interprete, lo que entienda… ahí ya no tienes mano. Aunque siempre piensas “ojalá sirva para algo”.

Recientemente hemos podido verte también en Para nenas negras.

Es una joya maravillosa. Somos siete mujeres negras de diferentes orígenes en un escenario contando una historia escrita por una mujer afroamericana en los años 70. La autora es la escritora Ntozake Shange, una mujer muy activista dentro del feminismo y del tema racial a través de su poesía, en la que deja ver cuál es la problemática que puede tener una mujer negra. Lo hizo de una manera tan maravillosa que todo lo que dice conecta hoy conmigo. Úrsula Day ha sido quien ha traducido y dirige esta obra, que yo creo que es mágica porque tiene la capacidad de conectar con cualquier persona que la vea.

Para acabar, hablemos del colectivo The Black View en el que participas.

Es una asociación que nace a partir de Armando Buika, actor de origen ecuatoguineano, y Pilar Pardo, representante de actores también afrodescendiente. La idea es romper con los estereotipos que están asociados a las personas negras y repercuten en cómo se nos ve y de qué manera aparecemos reflejados en el teatro, el cine y la televisión. Queremos mostrar todas las realidades que hay respecto a la población negra de este país. Yo he estado interpretando papeles de mujeres inmigrantes desde que empecé a dedicarme a la interpretación. Creo que son papeles necesarios y he tenido la suerte de hacerlo con personas que han sabido plasmar la sensibilidad y parte de la complejidad que suponen estos papeles, porque una persona inmigrante es mucho más que eso; son padres, son madres, son profesionales, son estudiantes, son niños, con toda una trayectoria vital que encierra muchas cosas. Pero al mismo tiempo está la gente que hemos nacido aquí, como yo, o la gente que se ha criado aquí porque han llegado siendo muy pequeños y se sienten españoles. Esa realidad es la que pedimos que se refleje. Queremos llevar a cabo proyectos donde se hable de nuestras realidades invisibilizadas y de la historia que vincula a España con África, que es mucha desde hace mucho tiempo. Siempre que se habla de los negros se habla de la esclavitud, un fenómeno que aparece después de la edad media., Pero antes ya había población negra en España que ocupaba diferentes estratos sociales y desarrollaba todo tipo de profesiones. Hace falta mostrar estas cosas para entender quiénes somos. En el momento en que se muestre ese reflejo histórico y el reflejo de lo que está pasando actualmente, nos vamos a entender los unos a los otros mucho mejor y estaremos sembrando esa igualdad que tanto reclamamos.