Karibu, 25 años al servicio de los que llegan

en |

Antonio Freijo 
Director de Asociación Karibu

 

Karibu nace para socorrer a los africanos que llegan a Madrid y se encuentran en situación de desprotección. Hoy –de la misma forma que en sus inicios– afronta, en los ámbitos de la ayuda humanitaria y la integración, las necesidades de los inmigrantes y refugiados de África subsahariana.

Durante estos años los inmigrantes han dado pasos importantes en el camino de la integración y han afrontado la cobertura tanto de sus necesidades como las de los familiares que se han quedado en sus países de origen. Los inmigrantes han aportado, con su esfuerzo, servicios a la sociedad de acogida, adaptándose a esta nueva realidad.

Las mujeres, con su ilusión y esfuerzo, llegaron a entrar en nuestros hogares para realizar todas aquellas actividades que se les ofrecían en este ámbito. Poco a poco, con mucho esfuerzo, consiguieron ganarse ese espacio. Desde el Centro de Formación y Promoción de la Mujer, creado por la Asociación Karibu, han accedido a puestos de trabajo muy diversos. Con las capacidades adquiridas irrumpieron con fuerza en muy diversos ámbitos laborales. En muchos casos colaboran en la integración de inmigrantes, se han formado para ser mediadoras interculturales, traductoras, prestando sus conocimientos a diferentes servicios y departamentos de la Administración… Han sido generadoras de muy diferentes proyectos: hostelería, peluquería, comercio de productos africanos… Es así como vemos y certificamos que su presencia en nuestra sociedad ha sido enriquecedora para ellas, para sus familias en sus países de origen y para nuestra sociedad.

Hoy constatamos cómo sus hijos acceden a los colegios con la mayor normalidad y que, en casos de dificultad, se integran en programas de acogida y escolarización. Pero han aparecido nuevas dificultades que hacen difícil vivir como inmigrantes o refugiados y que, al llegar a estos 25 años, están pendientes en el quehacer de Karibu. Son cuestiones graves que forman parte de la realidad de la inmigración en estos momentos: las familias monoparentales, las detenciones en la calle o los arrestos en el centro de internamiento de extranjeros (CIE). Este se ha convertido en una gran preocupación y, por tanto, en objeto de un seguimiento minucioso, con intervenciones en la ejecución de las expulsiones. Realizamos el acompañamiento, las comunicaciones con sus familias y ayudamos al retorno a los lugares de origen en el caso de ser puestos en libertad. Se les ofrece ropa, calzado o tarjetas telefónicas, así como se les orienta si hay que interponer denuncias que se derivan de la detención o del trato recibido.

Nos preocupan también las denominadas devoluciones en caliente, las de aquellas personas que en el momento de saltar la valla son devueltas al otro lado sin respetar el derecho a  tramitar el asilo y a no ser expulsados de esa manera.

Nos sigue preocupando la situación de los menores no acompañados, porque consideramos que no reciben el trato que debiera corresponderles en la acogida.

Creemos que sigue siendo alarmante la situación de los inmigrantes y refugiados que permanecen de forma indefinida como ilegales, excluyéndoles de programas de integración y de formación, por estar estos dirigidos exclusivamente a inmigrantes con residencia y permiso de trabajo.

Esta es solo una muestra de la perspectiva de futuro de la inmigración de los subsaharianos, a la que se añade el persistente cierre de fronteras que provoca un riesgo en la vida de las personas, seres humanos, que lo único que quieren es vivir dignamente y posibilitar que sus hijos y familiares lo puedan hacer también. La realidad es que muchos siguen dejándose la vida en el intento.

Consideramos que no dar una solución digna a estas situaciones constituye un gran fracaso de nuestro mundo. Nosotros estamos convencidos de que la inmigración es el inicio de la creación de una sociedad nueva, más justa, más solidaria, y que no va por el camino de la experiencia obtenida de los últimos años. Esta nos debiera hacer comprender que un mayor endurecimiento de las leyes en el control y el cierre de fronteras nos llevará a más explotación, más ilegalidad, más muertes, más mafias y más sufrimiento y dolor.

Alguien en el futuro tendrá que pedir perdón por el trato que estamos dando a la población inmigrante y refugiada, de la misma forma que se ha tenido que pedir perdón por la esclavitud o el racismo.

 

Colabora con Mundo Negro