Kugali: la alternativa africana a Marvel

Novela gráfica
Hartos de que fueran otros los que contaran las historias africanas, tres amigos decidieron crear su propia antología de héroes y heroínas a través del cómic. Con un elenco procedente de 10 países del continente, esperan que esta recopilación contribuya a crear otros relatos sobre África constructivos y sin prejuicios.

Juni Ba (Senegal)
Kayin y Abeni es un cómic de aventuras de ciencia ficción inspirado en la cultura y la estética africana.

Las trabas de la industria global son pesadas y colar en las estanterías de unos grandes almacenes a personajes que se salgan del mundo fantástico de Marvel u otras multinacionales parecidas es difícil. Sin embargo, los creadores de novelas gráficas en África cada vez tienen más peso, sobre todo por las nuevas estéticas e historias que proponen. «A los africanos les encantan los cómics. Sin embargo, están cansados de ver sus culturas retratadas de forma caricaturizada y ofensiva, si es que lo hacen», afirman en colectivo y por correo electrónico los creadores de Kugali, una antología que compila a diferentes artistas y que muestra diferentes aproximaciones a las realidades sociales africanas. Un trabajo con historias que rinden homenaje al pasado, abrazan el presente e imaginan el futuro.

La colección, que se puede comprar a través de Internet, presenta a más de una docena de creadores talentosos de diez países africanos y se divide en dos productos: una edición general, diseñada para todas las edades, y una llamada Raki, creada para lectores que prefieren historias un poco más oscuras y sangrientas. En definitiva, un contenedor que cubre géneros como la fantasía urbana, la ciencia ficción, la mitología africana o los superhéroes.

–Pero ¿se están haciendo buenos cómics en África?

Ziki Nelson, uno de los creadores de este proyecto responde:

–Esta pregunta nos llevó a un viaje de descubrimientos, y tres años más tarde, nos ha traído hasta aquí. Kugali ha unido a algunos de los artistas más talentosos de todo el continente africano y de la diáspora como Nigeria, Kenia, Zimbabue, Zambia, Senegal, Camerún, Uganda, Venezuela, Brasil, Estados Unidos o Reino Unido.

Gbenle Maverick (Nigeria)
Orò es una distopía moderna ambientada en Nigeria en la que se cuenta la historia de un joven príncipe que es enviado al bosque por su padre. Allí, un grupo de espíritus se hace cargo de él y le enseña los caminos de la magia.

Tanto él como sus dos cofundadores, Tolu Olowofoyeku y Maculay Alvarez, tienen varias razones para desarrollar Kugali, pero coinciden en que la principal motivación era que ninguno de los cómics extranjeros más populares representaba las diferentes culturas africanas. Y entonces, en lugar de revolcarse en la autocompasión, Nelson y su equipo se embarcaron en una misión para reunir a lo mejorcito del escenario del lápiz y el color. «No puedo decir lo orgulloso que me sentí al ver a tantos artistas y escritores de África y su diáspora difundiendo nuestras culturas y creatividad a través del arte y la narración de historias», explica Nelson. Aunque la mayoría de sus colaboradores son de Kenia, Nigeria y Zimbabue, este nigeriano es optimista en que pronto podrán expandir el proyecto a más países. «Lo más importante es que los cómics que mostramos estén ambientados en África o creados por africanos», subraya.

Etubi Onucheyo (Nigeria)
Mumu Juju sigue las aventuras rebeldes de Mortar y Pestle.

Pero hay una evidencia: pagar facturas a base de realizar novelas gráficas en Nigeria no es fácil. A sus 25 años, Etubi Onucheyo, el creador de Mumu Juju explica que el apoyo ­familiar fue fundamental. «Yo quería hacer un curso de economía o algo parecido, pero mi papá miró mis calificaciones y me dijo “Venga, mi niño, también puedes hacer economía, pero desde tus calificaciones en la guardería has destacado en artes, así que haz algo que te motive y apasione y que te cause estrés”. Lo que es verdad es que los comienzos fueron duros».

Otro de los ejemplos es el del artista Juni Ba, de 26 años. A este senegalés le apasionan dos cosas: el zumo de naranja y dibujar monstruos. Con su cómic Kayin y Abeni presenta un mundo futurista en el que la tecnología y los dispositivos parecen desgastados y resistentes al mismo tiempo.

Kenneth Shofela Coker (Nigeria)
Under a Jovian Sun está ambientada en Marruecos en el año 2125 y sigue a un grupo de chicos callejeros que intentan sobrevivir en las calles de Kebbah.

–¿Qué pretendes representar?

–De alguna forma lo que Dakar simboliza para mí. Hay coches destrozados, lugares con mucha basura, sol y calor… pero esto no es necesariamente un problema sino a veces una oportunidad que le da mucha personalidad a la historia.

Bill Masuku, desde Zimbabue, presenta la historia de Razor Man, un superhéroe que vigila el orden establecido. Un guiño a los grandes personajes norteamericanos que han salvado el mundo de los villanos en más de una ocasión. Pero, además, entronca con la situación actual por la que atraviesa el país.

–¿Por qué decidiste usar el cómic para contar esta historia?

–Hay algo íntimo en hacer un cómic. Cada viñeta es un momento suspendido en el tiempo en el que creas un mundo que actúa de puente entre la mente del lector y el autor. A diferencia de una novela, los cómics nos llevan un paso más allá y yo quería seducir a la gente con Razor-Man.

 

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