La prueba del algodón de Abiy Ahmed

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Crisis en Tigray (Etiopía)


El corte de las líneas telefónicas y de Internet hacen difícil conocer el alcance de la ofensiva que el Ejército federal etíope está protagonizando desde el pasado miércoles en la zona de Tigray, situada al norte del país y fronteriza con Eritrea y Sudán. Lo que sí confirman varias fuentes, desde Adís Abeba y desde Mekele, la capital tigrina, es que se están produciendo enfrentamientos cerca de la región Amhara, con la que Tigray mantiene un contencioso territorial. El teniente general del Ejército etíope Birhanu Jula dijo en la televisión estatal que estaban trabajando para garantizar que el conflicto no se extendiera desde Tigray al resto del país.


Mapa: José Luis Silván / MN. En la imagen superior: Un soldado etíope se enciende un cigarrillo en la ciudad tigrina de Badme. Fotografía Marco Longari/Getty.



Este jueves, en una comparecencia en la televisión regional, el presidente tigrino, Debretsion Gebremichael, admitió la existencia de combates, aunque eludió referirse a los enclaves exactos donde se estarían produciendo y al número de víctimas y heridos. Reuters sí ha informado de bombardeos esporádicos en Aburafi, ciudad cercana a Amhara. Desde las redes sociales se denunciaba que aviones de combate etíopes habrían sobrevolado Mekele durante el jueves y que, incluso, podrían haber bombardeado la ciudad. Al Jazeera se ha hecho eco de los mismos, sobre los que no ha habido confirmación por parte del Ejército federal.

El Gobierno de Adís Abeba denunció el pasado miércoles, 4 de noviembre, que el Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés) había atacado el cuartel general del Comando Norte en Mekele, una agrupación militar que fue fundamental en la lucha que Etiopía mantuvo contra Eritrea entre 1998-2000. Como respuesta, Abiy Ahmed anunció una operación militar, decretó seis meses de estado de emergencia y el cierre del espacio aéreo de Tigray. La respuesta del gobierno regional tigrino, a través de su presidente, Debretsion Gebremichael, fue afirmar que estaban en estado de guerra y que iban a movilizar sus recursos militares para estar preparados en caso de conflicto. Y señaló que esta operación militar encubre, en realidad, una invasión por parte del Gobierno Federal.

La respuesta internacional

Las declaraciones escuchadas durante las últimas semanas, o incluso meses, solo han anticipado un conflicto en la Etiopía del Nobel de la Paz Abiy Ahmed sobre el que es difícil intuir el alcance y su duración. Aunque si su resolución depende de la respuesta de la comunidad internacional, no se puede ser demasiado optimista.

En la página web de la Unión Africana (UA), cuya sede se encuentra curiosamente en la capital etíope, no hay ni rastro de condena o petición de diálogo entre las partes implicadas. El presidente de la Comisión de la UA, Moussa Faki Mahamat, que el 3 de noviembre condenó la matanza de civiles en la región Amhara, no se ha pronunciado sobre la situación en la vecina Tigray.

Por su parte, el secretario general de la ONU, António Guterres, en su cuenta en Twitter sí manifestó estar «profundamente alarmado por la situación en la región de Tigray en Etiopía. La estabilidad de Etiopía es importante para toda la región del Cuerno de África».



Donde sí se ha producido una respuesta es en el vecino Sudán. La agencia oficial de noticias Suna anunció este jueves que el gobernador interino del estado de Kassala, Gathal-Rahman Al-Amin, había anunciado el cierre de la frontera con Etiopía ante la situación que se vive en Tigray. Además, subrayó que desde Kassala se trabajará en una doble dirección: intentar evitar que personas o grupos armados crucen a territorio sudanés y crear un comité que estudie cómo ayudar a los posibles refugiados etíopes que busquen pasar a Sudán para huir del conflicto.

Otro vecino que preocupa es Eritrea. Socio reciente de Ahmed, que obtuvo en buena medida el Nobel de la Paz por la vuelta a la normalidad con los eritreos tras una guerra e infinidad de desavenencias de mayor y menor calado, uno de los temores que ahora surgen es la posible incidencia del presidente Isaias Afewerqi en el conflicto con Tigray. El TPLF, enemigo histórico de los eritreos, se ha convertido ahora en contrincante de Abiy Ahmed.

Las causas remotas

Birhanu Jula ha señalado que el conflicto no tiene sentido y que ha comenzado de forma inesperada. Una declaración que no tiene demasiado sentido para quienes, desde hace meses, han comprobado cómo el primer ministro estaba manejando con poca delicadeza una bomba de relojería a la que, ahora, es posible que hayan quitado la espoleta.

El Ejecutivo de Adís Abeba decidió prorrogar los mandatos de los Gobiernos federal y regionales a causa de la pandemia del coronavirus, por lo que quedaban en suspenso las elecciones federales y regionales que tendrían que haberse celebrado este otoño. La decisión del Gobierno federal fue calificada de inconstitucional por el ejecutivo de Tigray, que mantuvo los comicios y en los que revalidó su mayoría el TPLF. Esa votación, sobre cuya legalidad hay discrepancias entre Adís Abeba y Mekele, tuvo una derivada económica relevante. Las autoridades regionales denunciaron el pasado 24 de octubre que el Ejecutivo federal retenía una partida presupuestaria de 7,6 millones de dólares. Desde Mekele subrayaron que esta forma de actuar era inconstitucional, contraria al pacto federal y «equiparable a una declaración de guerra».

Este ha sido, junto al ataque al acuartelamiento militar, el desencadenante de las hostilidades. Sin embargo, la turbulenta relación que protagonizan Tigray y el Gobierno federal tiene sus antecedentes, entre otros factores, en el frágil equilibrio étnico etíope y en la llegada  al poder, en abril de 2018, de Abiy Ahmed.

Las protestas sociales de 2018 acabaron con el largo y tortuoso período de Hailemariam Desalegn y debilitaron al todopoderoso TPLF, mayoritario en Tigray y pieza fundamental del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF, por sus siglas en inglés). Esta coalición hegemónica, que acabó con el Gobierno de Mengistu Haile Mariam, en 1991, contaba –además del TPLF– con la presencia del Partido Democrático Amhara (ADP, por sus siglas en inglés), el Partido Democrático Oromo (ODP, por sus siglas en inglés) y el Movimiento Democrático de los Pueblos del Sur de Etiopía (SEPDM, por sus siglas en inglés). 

El nombramiento de Abiy Ahmed, de origen oromo, supuso una pérdida de influencia de la comunidad tigrina en el Gobierno de Adís Abeba y en las políticas federales. Por este motivo, cuando el primer ministro etíope decidió la fundación del Partido del Progreso (PP) en diciembre de 2019, todas las fuerzas de la antigua coalición gobernante se unieron, excepto el partido hegemónico del Tigray. El P. Ramón Navarro, misionero comboniano en Etiopía, en declaraciones a MUNDO NEGRO por correo electrónico, señala que «la creación del PP era algo que se veía venir. (Ahmed) No podía permanecer con un pie en el Gobierno y con el otro en la comunidad de Oromia. Al final optó por un partido a su medida. Desde el primer momento, los tigrinos, a quienes había quitado casi todo el poder en el Gobierno, se opusieron rotundamente, y poco a poco han ido caminando hasta donde están hoy».

Unos días antes de la celebración de los comicios regionales, Política Exterior ya advertía de que «la ruptura de los dirigentes de Tigray con Abiy Ahmed no es una buena noticia para una Etiopía que ve como su proyecto etnofederal se resquebraja. El TPLF, encabezado por Debretsion Gebremichael, sigue teniendo una gran influencia en el aparato del Estado que modeló a su conveniencia durante casi 30 años. Y al mismo tiempo, su reducto, Tigray, receptor de grandes inversiones con Zenawi [primer ministro desde 1995 hasta su fallecimiento en 2012], mantiene una disputa territorial con la vecina región de Amhara, en la que los agravios mutuos son exacerbados por los políticos de las dos regiones».

Pero el de Tigray no es el único problema étnico que tiene entre manos el Gobierno federal. En Oromia, que ya sufrió una crisis relevante en 2016 (Juan González Núñez la abordó en MUNDO NEGRO en «El gesto político de un deportista»), en los últimos meses también se han producido importantes revueltas contra las políticas de Abiy Ahmed. En julio fallecieron en diversos enfrentamientos en la región cerca de 170 personas.Y también la región de Sidama, que se ha escindido de los Pueblos del Sur, está luchando por conseguir su propio estatus regional.

En esta línea también se manifiesta el P. Navarro: «Los tigrinos son la punta del iceberg del descontento general que hay en todo el país. Las pretensiones de las distintas etnias y el mal entendimiento existente entre los distintos grupos étnicos no se ha sabido manejar bien y se han dado pasos equivocados que abren la puerta a la disidencia e, incluso, a la separación total o parcial del territorio, lo que llevaría a fragmentar el país», y añade que «todo ello está causando innumerables problemas, contando con que cada etnia, o por lo menos las mayores y más importantes, cuenta con grupos armados que siembran el caos por todas partes».


Abiy Ahmed, primer ministro etíope, a su llegada a la Cumbre de Inversores del G20, celebrada en Berlín en octubre de 2018. Fotografía Kay Nietfeld/Getty.



Y la figura del presidente

Aunque se trata de un conflicto muy complejo, en el que se mezclan cuestiones políticas, económicas o identitarias que afectan a la propia estructura del Estado etíope, en buena medida las miradas se están posando sobre Abiy Ahmed, el primer ministro etíope. En este sentido, el P. Ramón Navarro señala que «en el exterior se le admira y valora mucho. En casa, sin embargo, se está encontrando con muchos problemas. En un primer momento, me parecía que era debido a su deseo de hacer muchas cosas muy rápidamente y proclamarlas a los cuatro vientos, arropado por la aureola del Nobel, algo que, en mi opinión, no debiera hacer nunca un político». Según Navarro «muchas de sus decisiones son personales y en honor a su persona, cosa que, por lo general, irrita a sus colaboradores y amigos».

Las validez o invalidez de las elecciones de Tigray, las partidas presupuestarias pendientes, las acciones militares de uno y otro bando, el encaje de las regiones en la estructura del Estado, el posible contagio a otras regiones, la respuesta internacional… De la capacidad de diálogo de Abiy Ahmed y de Gebremichael depende, en buena medida, la resolución de un conflicto demasiado complejo en uno de los escenarios clave de la política africana.

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