La solidaridad vuelve a estar de moda

Por Begoña Iñarra, Misionera Ntra. Sra. de África

En el Evangelio, Jesús nos dice que Él es la viña y nosotros los sarmientos. En lenguaje actual sería que ‘tenemos que estar conectados internamente con Él’ para que sus mensajes y su espíritu nos lleguen y vivamos como Él vivió. Hoy, a través de ­Facebook o Twitter recibimos mensajes de todas partes del mundo. Cuando estamos conectados a Cristo, los mensajes son de apertura, de solidaridad, invitan a centrarnos en el otro –‘acoge al compañero que te fastidia’, ‘acércate a ese extranjero que te necesita’, ‘ayuda a ese desconocido que te necesita’–. Nos llaman a vivir la parábola del Buen Samaritano, que es lo que Jesús hizo toda su vida. Pero también puedo estar conectado a mi ego que me dice ‘no te molestes’, ‘no es más que un extranjero’, ‘ella nunca te ayudó’…

Salgo a la calle para descubrir en gestos y actitudes personas conectadas con Dios… Me encuentro a la señora del primero con un chico afgano que han acogido en su casa. Me dice que le acompaña al médico porque no sabe aún la lengua… Esa familia está conectada a Cristo, aunque no son cristianos… Cruzando la calle veo a dos señoras mayores, una anda con dificultad y la otra le ayuda.

Esa señora está conectada a Cristo, lo sepa o no, porque vive su espíritu. Un joven se para con un turista y veo que cambia de dirección para indicarle un lugar… Otro conectado a Dios. Al final de la calle, un hombre sentado en el suelo pide limosna. Un transeúnte pasa sin verle, pero le oye, se para y vuelve sobre sus pasos para decirle algo y depositar unas monedas en su gorra. Otro conectado con Dios. Hace unas semanas fui a una reunión a Valencia. La dirección que me enviaron no era la buena, y me encontré en un pueblo con una calle del mismo nombre, pero no en el lugar del encuentro. Durante las tres horas que estuve perdida por la ciudad, cinco personas me dedicaron su tiempo, su Internet, su teléfono y, sobre todo, su humanidad para hacerme llegar al destino. Los cinco estaban conectados a Dios, aunque no fueran conscientes de ello. Vivieron esa solidaridad de estar por casa que hace crecer la vida, aunque suponga un esfuerzo.

Vivo en París, pero en España el movimiento es parecido. Ante la desinformación y la actitud negativa del Gobierno frente a los emigrantes, personas de todo tipo, edad, origen y religión –o sin ella– han reaccionado impulsando iniciativas de acogida e inserción en asociaciones o individualmente. Una de ellas, aglutinada en el movimiento Sursaut-Citoyen, ha realizado un mapa para exponer esa solidaridad. El objetivo es mostrar que no están de acuerdo con las políticas de cierre de fronteras; y su reacción es la solidaridad. En un mes han recogido 1.012 iniciativas de todo tipo… Haciendo clic en puntos del mapa que hay en su web descubro el entramado de ayudas y de acogida a migrantes que, ante todo, son de personas como nosotros, con familia, amigos, sueños, dificultades y sentimientos. Las personas tras esos puntos están conectadas a Dios, que está presente en el migrante que experimenta la acogida y en el ciudadano que la facilita, aunque ellos no le conozcan.

Otro movimiento, Appel des Solidarites, propone más de 52 compromisos con organizaciones que tratan toda clase de problemas. Hay propuestas muy diferentes: ofrecer unas horas a la semana a los más empobrecidos, restaurar un ecosistema, participar en una marcha por los olvidados, comprar en la tienda en línea de Emmaus, reducir el consumo de energía o de agua en cantidades concretas, pedir al Gobierno el 0,7 del PIB para el desarrollo, comprometerse para que bajen los precios de ciertas medicinas… Muchos de los que participan en esta iniciativa no conocen a Dios, pero cuando se comprometen por mejorar el mundo están conectados a Él.

La solidaridad ha estado siempre presente en nuestra sociedad, pero estas últimas décadas no estaba de moda. Parece que hoy, en un mundo interconectado y donde todos dependemos de los otros, la solidaridad vuelve a estar de moda. Los mensajes que Dios envía por ‘su Internet’ continúan llegando a las personas. Y muchas siguen respondiendo.