Las comunidades racializadas exigen una sociedad sin racismo

12-N Marcha antirracista. Foto: Javier Sánchez Salcedo
Por: Javier Sánchez Salcedo - 14/11/2017

“Salimos a la calle para recordarle a España, a la comunidad internacional, a la Unión Europea, que hace 25 años nuestra hermana Lucrecia Pérez Matos fue asesinada vilmente por las balas de cuatro personas, entre ellas un miembro de la Guardia Civil. Los tribunales que llevaron la causa concluyeron que Lucrecia fue asesinada por ser extranjera, negra y pobre”. A las siete de la tarde del pasado domingo estas palabras resonaban en el kilómetro cero de la capital española. Recordar aquel terrible crimen, el primer caso reconocido por el Estado español como asesinato por xenofobia, y que el racismo sigue vivo cada día en múltiples formas afectando a las comunidades racializadas que viven en este país, fue el motivo de la convocatoria del pasado 12 de noviembre en la que cientos de personas marcharon en Madrid desde la plaza de Cibeles hasta la Puerta del Sol. El acto multitudinario forma parte de un movimiento antirracista que en España va cobrando cada vez más fuerza. A diferencia de otras manifestaciones anteriores, esta vez han sido las propias comunidades que sufren el racismo quienes han hecho el llamamiento. “Necesitamos la colaboración de toda la sociedad, porque es una lucha de todos. Pero no puede protagonizar la lucha antirracista quien no la sufre en primera persona”, decía una de las promotoras.

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Angélica, española nacida en República Dominicana, daba sus razones: “Vengo a la manifestación en primer lugar porque se conmemora la memoria de Lucrecia Pérez, un recuerdo que en los últimos años había decaído, pero que gracias al movimiento de muchos jóvenes y organizaciones vuelve a estar en la mente de todos. En segundo lugar porque creo que el racismo es un problema de absolutamente todos, que sigue latente de diferentes formas y una de ellas, la peor de todas quizá, sea la normalización y legalización del mismo por las instituciones y algunos medios, y la pasividad de la sociedad actual, que no es consciente de la magnitud de estas injusticias”.

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

John no quería perderse el momento. “La parte mala es que existe el racismo estructural e institucional y eso hace que las manifestaciones como la de hoy sean tan necesarias. Quizá la buena es que cada vez somos más conscientes. Me encanta la hermandad que hay entre las personas racializadas y me ha gustado ver que en la manifestación  había gente que puede no ser susceptible de vivir situaciones de racismo y estaban desgañitándose”.

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Lucía fue junto con su madre, su hermano y algunos amigos. Es contundente: “Vengo porque hay personas a las que todavía paran por la calle para pedirles la documentación por el hecho de no ser blancas. Porque hay gente que se deja la piel para saltar una valla que es la que les separa de Europa. Porque existen los CIE. Porque hay barrios de Madrid por los que todavía me da miedo caminar por mi color de piel”.

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Desde el escenario instalado en Sol, donde concluyó la marcha, representantes de las comunidades afrodescendiente, africana en la diáspora, árabe, gitana, latinoamericana y asiática expresaron sus mensajes ante una audiencia emocionada. Entre los que hablaron ante el micrófono, Moha Gerehou, presidente de Sos Racismo Madrid: “Levantamos la voz para exigir la derogación de la ley de extranjería, el cierre de los Centros de Internamiento para Extranjeros, el fin de las redadas racistas, las devoluciones en caliente, las deportaciones exprés y la militarización de las fronteras. Exigimos la despenalización de la manta. Somos las nietas de las indias que el colonialismo no pudo matar. Somos las nietas de las negras que el eurocentrismo no pudo exterminar. Somos las nietas de las comunidades racializadas que la supremacía blanca de Europa no ha podido asesinar. Estamos vivas y nos hemos juntado aquí este 12 de noviembre para exigir reparación histórica, el reconocimiento de las comunidades racializadas y otras respuestas a la violencia contemporánea que sigue generando el Reino de España. Estamos aquí para pelear por una sociedad sin racismo”.

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

Quizá el mayor éxito de la marcha fue la unión de las diferentes comunidades afectadas. Lo explicaba Gerehou hace unos días durante el programa Madrid Sin Fronteras de Onda Madrid: “Lo importante de este movimiento, de lo que intentamos mostrar saliendo a la calle, es que la realidad racista nos atraviesa a todos y tiene consecuencias distintas dependiendo de cada comunidad. A unos nos atacan más por una cosa, a otros más por otra. Pero al final el poder nos está atacando a todos por nuestro origen, por nuestra etnia o por nuestro color de piel. Y creo que eso es lo importante, que nos hayamos unido, que hayamos comprendido que todos somos atacados desde el mismo lugar para enfrentarlo todos juntos, porque es la única manera efectiva. Yendo de forma separada estamos destinados al fracaso, pero si nos unimos podemos empezar a conseguir cosas”.

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo

 

12 de noviembre de 2017. Marcha antirracista en el centro de Madrid. Fotografía: Javier Sánchez Salcedo