Lo esencial de la Misión

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EDITORIAL del número de octubre de la revista MUNDO NEGRO



Llegó octubre, y con él la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) –este año tendrá lugar el domingo 24–, a la que -MUNDO NEGRO dedica un amplio dosier de 23 páginas. La celebración de esta fiesta misionera es una buena ocasión para recordar que si la Iglesia perdiera su dinamismo misionero y dejara de anunciar y compartir lo que ha visto y oído, traicionaría su naturaleza y su razón de ser. La Iglesia no se anuncia a sí misma, sino a Jesús como Cristo y Señor, vencedor de la muerte y portador de esperanza para el mundo. Esto es lo esencial de la Misión.

Los misioneros –y todos los bautizados estamos llamados a serlo según los diferentes carismas y dones recibidos– son, antes que nada, hombres y mujeres de Dios. Por eso san Daniel Comboni nos recordaba en el lenguaje característico de su época que «el misionero que no tuviera un fuerte sentimiento de Dios y un vivo interés por su gloria y el bien de las almas, carecería de aptitud para sus ministerios y acabaría por encontrarse en una especie de vacío y aislamiento intolerables».

El anuncio de la Buena Noticia del Evangelio es lo esencial, y no sería acertado juzgar a la Iglesia exclusivamente por su compromiso social. El papa Francisco no se ha cansado de repetir desde su primer mensaje para el DOMUND, en 2013, que «la Iglesia no es una organización asistencial, una empresa, una ONG, sino que es una comunidad de personas, animadas por la acción del Espíritu Santo, que han vivido y viven la maravilla del encuentro con Jesucristo». Y, sin embargo, la «huella imborrable» de ese encuentro con el Señor hace que los cristianos vivan su vocación «como una verdadera historia de amor, que les hace salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión» y, de este modo, expresar «su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación», escribe Francisco en el mensaje del DOMUND de este año (pp. 30-32). Sin esa implicación en todas las realidades del mundo y sin cercanía a los más pobres y necesitados, el mensaje cristiano sería solo una ideología desencarnada. Jesús se encarnó y sus discípulos lo vieron «curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad…». Estamos llamados a seguir su ejemplo.

Esta es la clave para interpretar todas las actividades de la Iglesia misionera, entre las cuales presentamos el trabajo de las hermanas hospitalarias en el centro de salud mental Telema de Kinshasa, capital de RDC (pp. 38-43); la presencia de la Hna. Pilar Cobreros en el hospital de la localidad camerunesa de Batsengla (pp. 46-47); o la opción de vida elegida por los jóvenes combonianos del teologado sudafricano de Pietermaritzburg (pp. 33-37). También en la redacción de MUNDO NEGRO hemos dado un paso adelante, y por primera vez invitamos a nuestros lectores a colaborar con un proyecto solidario con el que también queremos hacer Misión. Nos hemos comprometido a apoyar una pequeña escuela en Lusaka, la capital de Zambia. Nos lo cuenta en detalle el misionero comboniano P. Mathurin Mokpie-Dewe (pp. 48-51). De todo corazón, y por anticipado, muchas gracias.



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