Los acordes de la protesta

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La música acompaña a un Sudán en cambio



La música forma parte de la naturaleza del pueblo sudanés, por eso cuando las manifestaciones empezaron a coger fuerza salieron los músicos y cantantes, y se multiplicaron nuevos temas en las redes sociales. Algunos se convirtieron en los himnos de la revolución, casi ninguno iba firmado por temor a las represalias, y todos llegaron a compartirse y sentirse como una única voz. Hablamos con dos de esas voces, Nancy Agag y el grupo Aswat al Medina. 



Nancy Agag

¿Cómo es su música?

Sudanesa auténtica con sabor moderno. Se basa en la escala pentatónica, con ritmos e instrumentos especiales. Mi música tiene su origen en el centro y norte del país, y eso se percibe en el idioma y en la forma de cantar. Mis letras hablan del amor por el país, por Sudán, e incluyen valores como la amistad o la honestidad.

¿Qué papel jugó durante la revolución?

Soy una ciudadana sudanesa que interactúa con la realidad que me rodea a través de las canciones. Cada vez que había una manifestación colgaba una entrada en mi Facebook para contar lo que estaba pasando.

¿Dio algún concierto?

Era muy difícil porque casi todo estaba parado. Además, la gente estaba triste y preocupada. No había ambiente para la celebración.

¿Qué importancia tuvo la música para la gente?

Les inspiraba. Los sudaneses aman la música. Está presente en su vida diaria. Se infiltra en su cotidianidad y les hace reaccionar. 

¿Esperaba lo que ocurrió durante la revolución?

Sí y no. Todos sentíamos que tenía que pasar algo, una explosión, porque había muchos problemas… las colas del pan, para el transporte público, había tensión. Algo tenía que suceder pero no sabíamos cuándo ni cómo. 

Usted se ha involucrado en acciones de la Asociación Hanabihum (Construimos). ¿Por qué?

Antes todo lo relacionado con la paz y la guerra estaba en manos de los políticos, ellos tomaban las decisiones y los ciudadanos no formábamos parte. Pero somos una nación y los civiles encarnamos la solución. Vamos a organizar caravanas culturales de paz, empezando por las zonas que más han sufrido los conflictos: Darfur, Nilo Azul y Montes Nuba.

¿Cuál debería ser el papel de los militares en el nuevo Sudán?

No hay lugar para ellos más allá de defender el país. No deberían estar gobernando. Ese fue el gran error del pasado.

¿Qué dificultades tienen en la actualidad los músicos sudaneses?

El Gobierno no hace nada por la cultura, faltan sitios para tocar, escenarios… todo lo tienes que hacer por ti mismo.

¿Qué le pediría al Gobierno que salga de las urnas?

Tras alcanzar la paz y la estabilidad, que entiendan que la música es el espejo de la sociedad. Y que necesita ser cuidada, con presupuesto e infraestructuras.


Ibrahim Ibn ­Almadya durante un concierto de Aswat al Medina. Fotografía: Carla Fibla García-Sala



Aswat al Medina

¿Qué es Aswat al Medina (AM)?

Un movimiento, una forma de vida y, claro, un grupo de música. Pero la banda tiene un gran mensaje detrás centrado en el amor y paz. Empezamos hace 8 años, tenemos dos discos y 20 singles, compuestos y producidos íntegramente por nosotros.

¿Quiénes forman el grupo?

Mohamed Beran es guitarrista, pintor, artista y director de arte; ­Mohamed Timon es el representante del grupo y toca el bajo; ­Mohamed Hamid es guitarrista, cantante y compositor; Mujtaba ­Alsiddig, pianista y compositor, productor de música y diseñador de audio; el baterista es Mohamed Nour, que ha introducido el cajón español en Sudán; Hussam Musa es el percusionista, e Ibrahim Ibn ­Almadya cantante y guitarrista.

¿Por qué han triunfado?

Porque creemos en lo que hacemos. Cada uno tiene su propia experiencia en la industria de la música en Sudán, pero los que nos hemos encontrado en este proyecto sabemos que componemos para las próximas generaciones, que AM, que significa «Sonidos de la ciudad», se irá convirtiendo en otras versiones de este grupo, porque no puedes obviar lo que siempre está presente.

Pero, a este AM le ha tocado un momento crucial para Sudán.

No lo sé, nosotros estamos haciendo nuestra parte, lo que sentimos que tenemos que hacer. Y todo el mundo debería hacer lo mismo desde su posición. Cantamos sobre lo que está ocurriendo en el idioma de la calle.

¿Cómo lograron llegar a la gente en tiempos del antiguo régimen?

El problema en el pasado eran los permisos del Gobierno, porque no querían que se escuchara la verdad. Por eso pedimos autorización para hacer un programa de televisión, y con él tocábamos en la calle de forma abierta y gratuita, como seguimos haciéndolo, y cuando nos preguntaban les decíamos que estábamos grabando un programa de televisión, para el que sí teníamos permiso. Somos unos supervivientes. 

¿Qué aprendieron de aquella época de control y censura?

Me detuvieron un par de veces por lo que estaba cantando, porque decía la verdad, pero no me rendí. Seguí haciendo lo que hago, porque para pararme tendrían que arrancarme la lengua. A la mayor parte del sistema no le gusta escuchar la realidad, lo que opina la gente, pero les forzamos a escucharlo porque estábamos en las calles y la gente nos escuchó, y luego decidió seguirnos. Así nos convertimos en un grupo famoso, con mucha gente apoyándonos. 

¿De qué van las letras de sus canciones?

Amor y paz, aunque no el típico amor de chico encuentra chica y se besan. Hablamos de los conceptos de amor y paz. Nuestro último trabajo, Lenguaje de la calle, refleja lo que hablamos, somos hijos de la ciudad.

¿Qué es el amor?

Es una filosofía, todo el mundo quiere vivir en paz y amor. Es la familia, es Dios, básicamente, el amor es el amor. Dar y tomar con ese espíritu de compartir conocimiento, comida, experiencias de vida, todo. Es una pregunta filosófica y yo solo soy un músico. 

¿Cómo puede contribuir la música al cambio en Sudán?

Nuestra industria musical está jodida. Hacemos lo que podemos. Nos mantenemos fieles a reflejar lo que vemos y mezclamos muchos tipos de música: experimental, independiente o blues y jazz con ritmos sudaneses.

¿Con un mensaje político?

No nos relacionamos con partidos políticos, pero decimos la verdad, y a los políticos no les gusta escuchar la verdad. No pertenecemos a ningún partido, tenemos nuestra propia visión.


El cantante y guitarrista Ibrahim Ibn Almadya con otros tres miembros de la formación. Fotografía: Carla Fibla García-Sala



¿Cómo consume música la gente en Sudán?

Nosotros organizamos nuestros propios conciertos cuando logramos tener un presupuesto y disponer de tiempo. No pedimos nunca dinero a nuestra audiencia.

¿No se admiten mujeres en AM?

En Sudán es complicado formar bandas mixtas, he pasado por esa experiencia. Las familias no las dejan quedarse hasta tarde, tienen que irse de los conciertos antes de que acaben y hay que acompañarlas a casa. Deben cambiar muchas costumbres para que sea posible. Y el compromiso de ellas tiene que ser igual al nuestro, porque a veces nos quedamos tres días encerrados componiendo un tema. Nos encantaría tener voces femeninas y mujeres que toquen, pero faltan profesionales femeninas capaces de considerar a la banda como un proyecto de vida.

Mencionaba que AM dice «la verdad». ¿Cuál es esa verdad en la actualidad?

Hay que construir el Sudán que tenemos en la cabeza, y no esperar a que el nuevo Gobierno lo haga por nosotros. Culpo a los jóvenes de que, si se sienten cualificados, no tomen la palabra y generen el cambio. No hay que esperar a que alguien llame a tu puerta y te dé lo que quieres, hay que trabajar por ello. No llegará sin más.   


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