“Los jóvenes no son un instrumento de guerra”. Victor Ochen, candidato al Premio Nobel de la Paz 2015 y Premio Mundo Negro a la Fraternidad 2015

04/02/2016

Por Alberto Eisman

 

Desde que se hizo pública su candidatura al Premio Nobel de la Paz de 2015, Victor Ochen apenas tiene tiempo para atender tantas peticiones de entrevistas como recibe, ya que se ha convertido en una celebridad tanto nacional como internacional. Puede que Ocen fuera hasta ahora un gran desconocido para el gran público, pero es un joven abogado que, desde su Lira natal, en el corazón del norte de Uganda, lleva muchos años de activismo a sus espaldas, organizando actividades y promoviendo una cultura de la paz en el país, participando en foros internacionales y hablando de la situación y la historia de una región que, durante casi 20 años, fue el escenario de uno de los conflictos de baja intensidad más terribles del planeta. La historia personal del candidato al Nobel refleja a la perfección el destino de esta torturada tierra y de sus gentes. El sábado recibirá en Madrid el Premio a la Fraternidad 2015 en el transcurso del XXVIII Encuentro África que organizan la revista Mundo Negro y los Misioneros Combonianos.

¿Quién es Victor Ochen? 

Antes de esta entrevista he recibido un mensaje del arzobispo emérito y Premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, en el que me decía que se sentía deslumbrado por mi candidatura para tal galardón. En ese mensaje me definía como un hijo de África que está transformando las comunidades no solo del continente, sino también de otras partes del mundo.

Algunas de las personas que me encuentro durante mis viajes me ven como un ejemplo para la sociedad, otros me preguntan si soy hijo de un ministro ugandés o si, simplemente, trabajo para el Gobierno. Pero no, yo soy hijo de un agricultor, Jebidayo Ogwengo, de la aldea de Abia. Trabajo en una organización llamada African Youth Initiative Network (AYINET), que para los jóvenes de África es un ejemplo de que ellos no son un instrumento de guerra, como ocurre en muchas situaciones, sino también un instrumento de paz. La UNESCO, durante los últimos meses, ha estado analizando y auditando nuestra organización y la han considerado un modelo en la promoción de la cultura de paz.

En Abia (una de las zonas más afectadas por las razias de los karimoyón, conocidos por atacar a comunidades vecinas para arrebatarles el ganado) fui de los primeros que organizaron a las personas desplazadas. Perdí a todos mis seres queridos como consecuencia de la violencia y crecí en un campo de desplazados.

 

¿Cómo normalizó su situación? 

Cuando intentamos volver a nuestra vida normal, vimos que se había vuelto muy difícil para nosotros. Intentamos volver a la escuela en medio de la pobreza. En ese momento tuve que hacer y vender carbón vegetal para pagar el colegio. Reconozco que he contribuido a la deforestación de mi región cortando árboles para obtener un beneficio económico. Cometí una injusticia contra el medio ambiente, lo cual estuvo mal, pero hizo posible que fuera a la escuela.

 

 

Victor Ochen, Executive Director, AYINET, Uganda at the World Economic Forum on Africa 2015 in Cape Town. Copyright by World Economic Forum / Benedikt von Loebell

Fotografía: World Economic Forum / Benedikt von Loebell

¿Cómo se siente al ser nominado para el Nobel de la Paz? 

Con una mezcla de respeto y de suerte. No es que esta haya venido accidentalmente, sino que es producto de mucho trabajo. El American Friends Service Committee –institución norteamericana que ha propuesto su candidatura– es una de las organizaciones sobresalientes en Estados Unidos de cuantas trabajan por la paz, la justicia y la reconciliación entre las víctimas de la guerra. Entre otros, ha propuesto a este galardón a personas como Gandhi, Martin Luther King, Desmond Tutu o Jimmy Carter. Mi candidatura también ha sido apoyada por la UNESCO.

Desde la Unión Africana me han comunicado que soy el africano más joven en ser nominado para este premio. Esto es para mí una gran alegría, a la vez que un poderoso mensaje para los jóvenes de todo el mundo, pero especialmente para los africanos, donde tantos de ellos se ven involucrados en conflictos armados.

Con todos estos apoyos, no tengo miedo. Sé que he sido nominado, entre otros, junto al Papa Francisco, cabeza de la Iglesia Católica y conocido en todo el mundo como un luchador por los derechos de los pobres, pero esto no me desanima.

 

¿Qué fue lo que le llevó a formar AYINET? 

Si uno reflexiona sobre su pasado, en ocasiones se sufre por las cosas difíciles que le han pasado en la vida. Y si en ese proceso se llega a la convicción de que hay momentos que no deberían repetirse, entonces comienzan a aparecer ciertas ideas para paliar aquello e intentar que no se repita.

Cuando el conflicto del Ejército de Resistencia del Señor (LRA, por sus siglas en inglés) se incrementó, yo comencé a reflexionar sobre esa realidad. Primero, los supervivientes no teníamos a ningún pariente en Lira –la ciudad más grande de la zona– que nos pudiera ofrecer refugio. No había más opciones que ser secuestrado por los rebeldes o unirse a la milicia juvenil que luchaba junto con los soldados del Gobierno. Entonces recordé un mensaje de mi madre: “No escojas las armas como solución para traer la paz”. Y esa fue la inspiración que tuve para fundar una organización que se encargara, exclusivamente, de promover la paz.

 

¿Cómo ha sido el proceso por el cual una pequeña ONG local se ha convertido en una referencia internacional? 

AYINET lleva trabajando desde el año 2008, pero ha sido recientemente cuando algunas organizaciones internacionales la han analizado con mucho más detenimiento y se ha podido corroborar cómo, en todo este tiempo, hemos sido capaces de apoyar a las víctimas de la guerra, a los discapacitados –para los que hemos procurado tratamiento médico–, y cómo hemos organizado programas e iniciativas de paz en la zona. Han visto que hemos seguido muy de cerca a las víctimas de Barlonyo (la aldea donde se produjo el ataque más sangriento del LRA en la zona Lango, el 21 de Febrero de 2004, en la que más de 300 personas fueron masacradas), tratando de hacer llegar su voz al mundo. Desde nuestra organización montamos un partido de fútbol en el que participaron el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, para llamar la atención acerca del destino de tantas víctimas de conflictos armados, no solo en Uganda sino también en otros países como Sudán, República Democrática de Congo, en el occidente africano, en Afganistán… Este evento hizo que AYINET llamara la atención de todo el mundo, y que ese interés se focalizara, aunque solo fuera por un momento, en la capital, Kampala.

 

Desmond Tutu, al que usted aludía antes, también colaboró a difundir el trabajo de AYINET.

En el año 2011, Desmond Tutu –a través de su equipo– estaba buscando jóvenes africanos que, a pesar de haber pasado por sufrimientos, habían luchado y conseguido alcanzar una vida mejor. El arzobispo sudafricano me entregó un galardón que se concede a jóvenes líderes africanos. Después, cuando se difundió el famoso vídeo Kony2012, nosotros lo trajimos a nuestra región porque era una oportunidad para que la comunidad supiera lo que se estaba diciendo en el mundo acerca de ellos. No es justo hablar de un grupo humano y negarles la información relativa a su situación. Hicimos posible que la gente expresara sus opiniones acerca de lo que pasó aquí.

En 2013, con el apoyo de un programa gubernamental, fuimos a las zonas rurales para informar a la gente acerca de los reasentamientos, la necesidad de vivir como vecinos unidos, la obligación de diálogo y reconciliación, así como de decir la verdad sobre lo que pasó aquí. Era una iniciativa del Gobierno para curar las heridas creadas por las divisiones y el odio que ha habido desde el tiempo colonial hasta nuestros días.

 

¿Ha estado solo en todo este proceso?

No. La verdad es que yo no he sido el único que ha trabajado en todo esto. Cuando invité a varios amigos a colaborar en el comienzo de la organización, algunos se unieron, pero otros lo dejaron cuando se dieron cuenta de que no conseguían ningún beneficio. No estaban dispuestos a sacrificar su tiempo y sus recursos si no obtenían alguna contraprestación económica. Ahora mismo AYINET cuenta con 30 trabajadores, está registrada oficialmente y es reconocida en todo el mundo.

 

 

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Fotografía: Allan Egeberg

 

 

¿Importa de verdad si gana o pierde en la carrera por este premio? 

Sería divino ganar el galardón, pero ya de por sí la nominación es suficiente. Claro que si uno gana hay una dotación económica que ayudaría mucho a nuestro trabajo. Si no gano, la información que ha llegado a millones de personas en el mundo acerca de nuestras actividades en AYINET es ya de por sí un hecho muy alentador. Ahora se sabe dónde está Lira o la región de Lango en el mapa, incluso mi aldea. Periodistas de la CNN y de Al Jazeera están interesados en hablar con la gente de la región, en documentar mi perfil… Así que aunque no gane, esto es ya muy grande.

 

Si su candidatura tiene éxito y se alza con el galardón el próximo mes de octubre, ¿cree que podría ser utilizado por alguien?

Sé que si este proceso tiene éxito, se mezclarán también temas de política, religión o cultura, puesto que en este país se acerca el tiempo de elecciones. Esto no debería ocurrir. ¿Por qué deberíamos aceptar la violencia? Tenemos que continuar con el espíritu de unidad.

 

Esto que está viviendo ahora, ¿fortalecerá su capacidad de trabajo y de influencia en el futuro? 

Yo amo África. En el continente hay muchos jóvenes que están muy inquietos debido a los problemas a los que se enfrentan. He visitado 44 países africanos y siempre encuentro gente que no es feliz. Los jóvenes son a veces manipulados y llevados al conflicto por cosas pequeñas. Si fuera capaz de hablarles y conseguir un cambio en esa situación, pondría el énfasis en la construcción de paz porque todos los problemas con los que se encuentran son el resultado de guerras y conflictos.

 

¿Se ve en política?

Si me pregunta si quiero convertirme en líder político, mi respuesta es clara, no. Mi visión va más allá, yo quiero elevar la imagen de mi región y la imagen de mi país, Uganda, a nivel internacional. Lo único que puedo hacer es apoyar a gente extraordinaria que nos represente en el Parlamento y en la administración local para promover la paz.

 

¿Qué sería lo que la gente joven podría aprender de su experiencia en la lucha por promover la paz dentro de su país? 

Lo primero que hay que hacer es ser conscientes de que los problemas existen y que el resentimiento nunca podrá solucionarlos. Aun cuando yo me encuentre dolorido, no debería extender ese dolor a otros o convertirme en una especie de ‘dolor humano’. La juventud debería saber que no crecí lejos de mi hogar. La primera vez que viajé a Kampala, la capital de Uganda, fue en 2003. Tuve mi primer par de zapatos cuando estudiaba en segundo de Secundaria, trabajé como zapatero remendón para ahorrar dinero para comprar mi propio calzado. Mi padre nunca tuvo un trabajo estable, nunca tuvo una nómina, y yo tuve que dedicarme a cocer ladrillos. Pero de todo esto la cosa más importante fue la disciplina que mantuve con mis padres y con la gente mayor. Lo que yo he conseguido en la vida no se debe a mi nivel académico, sino al tipo de vida que tuve que vivir.

 

Victor Ochen, the executive director of the African Youth Initiative Network in Uganda, narrowly escaped being kidnapped by the Lord's Resistance Army as a child. One of his brothers was kidnapped and made a child soldier. Photo by Todd Post/Bread for the World Institute

Fotografía: Todd Post/Bread for the World Institute

 

En todo este trayecto, ¿se arrepiente de algo?

Cuando comencé el proyecto que culminaría en la fundación de AYINET, me vi obligado a rechazar algunas becas de estudio. Hubo gente que me dijo que me arrepentiría de eso un día, pero yo les respondí que lo más importante en la vida no era lo mucho que yo supiera, sino la preocupación por los otros. Puedo tener muchos títulos, pero no me servirán de nada si no me importa el destino o la situación de la gente. Ni que decir tiene que yo apoyo la educación y quiero que todos los jóvenes estén escolarizados, pero eso no quiere decir que uno tenga que considerarse un fracasado si no ha ido nunca a la escuela.

 

¿Qué planes tienes ahora para la gente para la que trabaja? 

Aquí hay muchas personas que necesitan nuestro apoyo, pero nos faltan los fondos económicos. Por ejemplo, cuando comenzamos nuestros proyectos con las víctimas de la guerra en 2007 tuvimos 5.000 pacientes que vinieron de diferentes regiones. Muchas más siguen acudiendo a nuestras oficinas con complicaciones que requieren de cirugía y otros tratamientos. Sin embargo, la oportunidad de esta nominación al Nobel de la Paz significará más apoyo por parte de organizaciones y de donantes para poder ayudar a esta gente.

 

¿Los ugandeses siguen sufriendo las consecuencias de aquel conflicto?

La verdad es que el efecto de la guerra todavía es palpable entre las víctimas. Muchas de ellas tienen que vivir con el trauma que supuso aquel período, con minusvalías físicas o de cualquier otro tipo. La razón por la cual no quiero involucrarme en política es porque no quiero identificarme con un partido, pero en nuestra organización trabajamos para todos, más allá de su ideología.

 

El problema de las zonas afectadas por la guerra en el norte de Uganda está también relacionado con el conflicto de la tierra y la pérdida de valores culturales, entre otros factores. ¿Cómo ayuda su organización en este sentido? 

La mayoría de los ugandeses se han visto afectados por la guerra, tanto física como psicológicamente. Hay muchos otros temas pendientes. El Gobierno comenzó un programa para la reparación y rehabilitación de las personas afectadas por la guerra. AYINET está sugiriendo al Gobierno que apoye una plataforma que ayude a que la voz de la gente pueda ser oída por la comunidad internacional. Dominic Ongwen (uno de los dirigentes del LRA que ha llevado a cabo sangrientos ataques contra la población civil y que se entregó recientemente a la Justicia) ha sido llevado al Tribunal Penal Internacional. Estuve en La Haya y visité aquel tribunal. Probablemente yo era el único ugandés dentro de la sala, y estaba sentado a cinco metros de Ongwen. Cuando lo vi, tuve un sentimiento insondable dentro de mí. ¿Era este el hombre que posiblemente en otro tiempo me habría raptado a mí y a otros muchos? ¿Y ahora estamos aquí mirándonos el uno al otro? Seguí preguntándome por qué Ongwen raptaba a la gente, quemaba sus casas… Estar allí presente, enfrente de él, requería mucha osadía, pero estoy contento de que tenga que dar cuentas de los cargos que pesan contra él.

 

¿Un último mensaje? 

Mi nominación está colocando el foco de la atención internacional sobre Uganda. La gente no debería identificar mi país con los crímenes de Idi Amin Dada o Joseph Kony. Esta Uganda que se presenta hoy al Premio Nobel es la Uganda que ama la paz. Me siento muy orgulloso de la nominación como joven de Abia, en la región de Lango.