«Los menores acaban en la cárcel por el delito de existir»

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Raúl de la Fuente, director de cine

Nominado a los Goya 2020, el documental El Infierno narra la realidad de más de 2.000 presos hacinados en la cárcel de adultos Pademba Road de Freetown (Sierra Leona), que también alberga a muchos menores. Otro de sus trabajos, Palabek, que presenta la vida de refugiados sursudaneses en un campo de Uganda, se ha proyectado en el
XXXII Encuentro África.

Chennu camina con paso decidido por las calles de Freetown (Sierra Leona). Se busca la vida con el objetivo no solo de sobrevivir él, sino de ayudar a salir de -Pademba Road, la cárcel de adultos de la capital, a chavales que, igual que él, cometieron el delito de «ser un niño de la calle» cuando no habían cumplido los 18 años. 

A Chennu le graba un equipo reducido de dos técnicos y dos misioneros que dirige Raúl de la Fuente, el mismo que firmó la cinta Un día más con vida, sobre la cobertura del reportero polaco Ryszard Kapuscinski de la guerra de Angola en 1975, con la que ya ganó un Goya; igual que con su cortometraje Minerita, que llegó a estar en la shortlist para los Oscar. De la Fuente también es el guionista, montador y director del corto documental Palabek, que narra la vida de dos jovenes madres, Alice y Gladys, que tuvieron que dejar Sudán del Sur para asentarse en el último campo de refugiados abierto en Uganda y comenzar una nueva vida.

«Cuando entré por primera vez en la cárcel y vi esa luz azul sentí que aquello era importante, que teníamos que contarlo. Más tarde, durante el rodaje, vivía a 500 metros de la prisión, y cuando caía la noche comenzaba el terror en las celdas y no podía dormir. A la vuelta me encanta ponerme a trabajar en lo que he traído, pero con El Infierno no podía. Me venía incluso el olor de la cárcel, las imágenes me molestaban. Ha sido la historia que más me ha tocado», explica a MUNDO NEGRO a finales de diciembre, tras el estreno de este documental en la 64 Semana Internacional de Cine de Valladolid-SEMICI.

Tres viajes, en total 24 días de intenso rodaje, después de haber -hecho un trabajo previo –en colaboración con Misiones Salesianas y el Centro Don Bosco Fambul– que le permite encarar el proyecto con «unas pocas ideas claras, para luego dejarme llevar por la vida caótica del lugar». El Infierno se cruzó en la vida de De la Fuente cuando estaba rodando otro trabajo para los Misioneros Salesianos sobre la situación de las niñas obligadas a prostituirse en las calles de la capital de Sierra Leona (que tituló Love). «El misionero Jorge Crisafulli me contó que estaban trabajando en la cárcel y que había menores. Pude entrar con él, y fue como bajar al infierno en vida. Me impactó mucho y me quedé obsesionado con la situación de los menores presos. Luego descubrí a Chennu, el pr0tagonista, un joven que estuvo allí siendo menor de edad y que logró sobrevivir».

Cámara al hombro, desde diferentes alturas y abriéndose paso entre los presos –a los que se recuerda que deben cubrirse el rostro por «una indicación de la dirección de la cárcel, que no quería que se reconociese a nadie»–, la tensión era inevitable pero también la complicidad con la que los presos, y sobre todo los menores, se acercaban a -Crisafulli para trasladarle sus necesidades. «Las condiciones de seguridad son muy malas y el hacinamiento es terrible: conviven más de 2.000 personas en un espacio construido para 220. Hay muy pocos guardas. Para nosotros la sensación fue de cierta tensión porque tenías la impresión de que en cualquier momento podía estallar un motín, pero el rodaje no fue difícil. Lo más complejo fue comprobar en directo las condiciones de vida de los menores».

El salesiano Jorge Crisafulli fue su salvoconducto, el que les convenció para que se abrieran y contasen su historia. «Nos veían como un altavoz. Muchos intentaban lanzarnos su historia. Algunos presos llevaban 12 años encarcelados sin juicio, otros habían sido condenados dos años por robar un móvil, la familia de algunos ni sabía que estaban allí. Gente que estaba condenada a 25 años por robar un coche… Una situación de desesperación total».

De la Fuente dice haber visto con El Infierno «los sumideros de la raza humana, donde más bajo puede caer una persona, un lugar que no puedes ni imaginar que exista». El equipo de Kanaki Films ha decidido entregar los premios económicos que reciba el corto a Chennu –«que es soldador pero aún no tiene una vivienda propia, y con ese dinero puede empezar a labrarse un futuro»–, con el que contarán para hacer una futura película de ficción basada en la vida de estos chavales. «También nos gustaría crear una escuela de interpretación para niños y niñas de la calle, e intentar que actuar les sirva como terapia y les ayude a superar los traumas vividos».

Imagen: Kanaki Films


El director y África

«Cuando miro a África lo hago con admiración y optimismo porque es un continente que amo. No quiero contar los problemas o los dramas de África, sino que trato de buscar la esperanza que sé que existe. Chennu representa eso», comenta De la Fuente, quien espera que El Infierno se convierta en una denuncia que obligue a sacar a los menores de la cárcel de adultos y que genere una acción política –como ocurrió con Love– que provoque una reacción por parte del Gobierno sierraleonés. «Hay menores que nadie sabe que están allí, que se perdieron, que a veces entran por ser huérfanos de la guerra o del Ébola, son niños de la calle. Cuando la policía te detiene más de una vez en el mismo lugar, te pueden acusar de “frecuencia”, lo que indica que estás vagabundeando, un delito por el que acabas en prisión, en la temida Pademba. Muchos jóvenes han pasado por la cárcel solo por el delito de existir. Lo más dramático son los menores condenados a muerte. Eso existe en Sierra Leona y queremos denunciarlo e intentar cambiarlo».

De la Fuente se deshace en elogios a los misioneros con los que ha trabajado, una pieza imprescindible para acercarse a realidades sociales muy complejas: «Los misioneros hacen un trabajo impresionante. Son admirables, auténticos héroes, aunque a ellos no les guste que les llamen así, pero lo son. Hacen tanto bien, han salvado y salvan tantas vidas, y consiguen que otras mejoren. Es un trabajo increíble. No hay una misión en la vida más importante que la suya. Además, suelen ser muy divertidos y aventureros. Conecto mucho con ellos porque están implicados al máximo en lo que hacen, y  cuanto más tiempo paso con ellos, más feliz soy. Estoy completamente de acuerdo en lo que dicen: para cambiar una realidad lo primero es conocerla».

Imagen: Kanaki Films


Historias intensas

El director no puede dejar de citar a Kapuscinski, la referencia que sigue marcando su trabajo, para explicar lo que pretende aportar con sus cortos: «A los documentales no tiene acceso un público amplio, y además compiten con un presupuesto muy bajo. Me gusta contar las historias con toda su fuerza, poderío, potencia visual y sonora, porque al final son invitaciones a viajes y quiero que el espectador disfrute, aunque tenga que contemplar historias duras. Quiero que sea una experiencia transformadora. No me interesan los documentales de pura denuncia porque soy un cineasta, un esteta, y a la vez me interesan esas historias anónimas marginales. Intento contar las cosas de forma radical, fuerte, con pasión, porque cuando viajo a esos lugares, eso es precisamente lo que encuentro. Veo el cine así, que te revuelva, con ritmo, que no te aburra, poderoso».

«Cuando piso tierra africana o latinoamericana pienso: “Por fin, he llegado, de nuevo aquí”. Y tiene que ver con la luz, el ambiente, me siento cómodo, “en casa”. Me inspiro y las historias salen de forma muy natural, hay una conexión. Estoy donde quiero estar. El rodaje es una experiencia de vida», añade buscando las palabras para ser lo más preciso posible.

Cuando le preguntamos por la estética, por la luz que caracteriza los planos de sus cortos, en los que la belleza de un relato terrible hace incluso daño, responde sin titubeos: «Sé que provoca polémica, incluso cierta incomodidad, unir tanta belleza fotográfica con historias muy duras, pero no creo que haya ninguna contradicción. En la fotografía busco siempre la belleza, y más en personas que considero bellas en su interior. Narro lo que veo, y así es como me sale». 

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