Magufuli o la quiebra de la paz

Por: Sebastián Ruiz-Cabrera - 10/12/2018
Desde 2015, Tanzania asiste a una ola de represión

 

El 5 de noviembre de 2015 las calles de Arusha se llenaron de banderas amarillas y verdes para celebrar la victoria de John Magufuli, otro presidente tanzano –el quinto– surgido del único partido que ha gobernado el país desde su independencia, el Chama cha Mapinduzi (CCM). Sin embargo, también se constató que el poder que solía aglutinar la mítica formación estaba perdiendo adeptos. Es decir, la oposición del partido CHADEMA, de Edward Lowassa, mayoritaria en la región del norte, se hacía cada vez más fuerte en todo el Estado.

 

Tres años más tarde, la represión que está encabezando Magufuli tendría una lectura en clave electoral: minimizar la posibilidad de una victoria de la oposición en el futuro. Es decir, al reducir el espacio de crítica, se reduce también el riesgo de una posible victoria de la oposición. Sin embargo, esta guerra a la democracia le puede pasar factura al CCM en los próximos meses. Ya se han producido numerosos cierres y suspensiones de medios de comunicación; intentos de socavar la independencia judicial y parlamentaria; se han prohibido parcialmente las manifestaciones públicas; y se ha cerrado el espacio político en Internet bajo nuevas leyes de difamación y sedición.

Aunque este fuerte giro autoritario no está exento de paralelismos en el continente, pocos han sido tan explícitos como Magufuli. La mayoría de los líderes encubren este tipo de medidas represivas en la ambigüedad (y la negación), en parte, para evitar la condena internacional. Pero las iniciativas del presidente tanzano se han codificado como leyes, por lo que la respuesta de los medios y organizaciones internacionales no se ha hecho esperar. Joan Nyanyuki, directora regional de Amnistía Internacional para África Oriental, el Cuerno de África y los Grandes Lagos, al referirse a la persecución que sufre el colectivo LGTBI en el país, señala que «es muy lamentable que Tanzania haya elegido este peligroso camino para tratar a un grupo de personas ya de por sí marginado. La comunidad LGBTI en Tanzania sufre ya amenazas y ataques sin declaraciones de odio de este tipo. Y ahora con leyes».

La atmósfera política se volvió aún más amarga en septiembre, cuando el destacado político opositor Tundu Lissu recibió un disparo en un ataque que dejó 28 balas en su coche. Lissu ha sido uno de los críticos más vociferantes del Gobierno, lo que ha supuesto que sea acosado repetidamente por el Estado. Fue juzgado por sedición solo cuatro días antes del fallido intento de asesinato. Se desconoce quiénes fueron los culpables, pero el incidente se ha convertido en un símbolo de la actual agenda implacable y de la polarización política en Tanzania. Magufuli está construyendo una narrativa pública basada en la mano dura para tratar de reflotar la denostada imagen de su partido. Pero, al mismo tiempo, está vinculando el éxito final de su popular agenda doméstica con el cierre del espacio político, un viejo truco de los nacionalistas autoritarios.