Misioneros Combonianos, 150 años de compromiso

23/03/2017

    Por Gerardo González Calvo

 

San Daniel Comboni tenía 36 años cuando fundó en 1867 el Instituto Misionero para la Nigrizia, hará 150 años el próximo mes de junio. Diez años antes había salido por primera vez hacia África como misionero y en 1864 había escrito su Plan para la Regeneración de África, un ambicioso proyecto para hacer viable la evangelización en el continente negro, que hasta entonces no solo había resultado un fracaso, sino que se había cobrado la vida de numerosos misioneros muy jóvenes, y por eso la Santa Sede se planteaba la oportunidad de cerrar las misiones africanas.

Los actualmente conocidos como Misioneros Combonianos son los herederos de aquel sueño de salvar África por medio de África, es decir, con los propios africanos. Esto hoy nos parece obvio, pero cuando Comboni formuló esta propuesta y la presentó al Concilio Vaticano I, en muchos países europeos los negros africanos estaban considerados seres con escasas facultades humanas, cuando no desprovistos de racionalidad. De hecho, un obispo propuso que en el Vaticano I se proclamara solemnemente que los negros tenían alma. Esto quiere decir que en algunos países abundaba la idea de que no la tenían.

La fundación del Instituto Misionero para la Nigrizia fue una garantía para que el Plan de Comboni tuviera continuidad. No soplaban entonces buenos vientos en la Iglesia católica, que había quedado arrinconada en el recinto del Vaticano, después de la unificación italiana y la desaparición de los Estados Pontificios. Parecía normal que los sacerdotes se atrincheraran para recomponer una cristiandad presumiblemente asolada. Sin embargo, hombres como Daniel Comboni tuvieron la clarividencia de formular que era necesario abrir de par en par las puertas de la Iglesia y darle una dimensión más universal. Lo intuyeron un siglo antes de que el Concilio Vaticano II declarara que toda la Iglesia es misionera.

 

Los exploradores y los Misioneros Combonianos

Existe una diferencia sustancial entre el papel desempeñado por los misioneros en África y el de los exploradores que se lanzaron a “descubrir” el continente en la época de Comboni. Los grandes exploradores del siglo XIX, como David Livingstone, Henry Morton Stantely y Pierre Savorgan Brazza, fueron, de manera directa o indirecta, a extender los imperios europeos; se convirtieron en colaboradores necesarios para la conquista de África, que cristalizó en el reparto de los territorios del continente en la Conferencia de Berlín (1884-1885).

Una vez suprimida la trata de esclavos, que coincide -y no por casualidad- con la etapa de la industrialización occidental, las fábricas necesitaban materias primas. Los nuevos conquistadores creían en la importancia de África para el éxito de la industria y se lanzaron a la explotación intensiva de sus cuantiosos recursos naturales, al margen de las necesidades de los africanos.

Los Misioneros Combonianos, en cambio, siguieron sin titubeos las intuiciones de su fundador y creyeron en el hombre africano. Por eso, abrieron escuelas primarias en los lugares más apartados de la misión y hasta centros de estudios superiores en las grandes ciudades. El mismo Comboni creó tres institutos para los africanos en El Cairo y posteriormente los Misioneros Combonianos fundaron el Comboni College en Jartum, transformado posteriormente en Universidad.

Los misioneros aprendieron y difundieron las lenguas africanas de los pueblos con los que trabajaron. Muchos de ellos elaboraron las primeras gramáticas y diccionarios; otros se convirtieron en grandes etnólogos y etnógrafos. Fue una de las señas de identidad de unas personas que creyeron en el hombre africano, en su valía y en su cultura. Las Misioneras Combonianas, fundadas por Comboni en 1872, crearon en Asmara a mediados del siglo XX la primera Universidad de Eritrea, entonces perteneciente al imperio etíope. Esta actividad cultural formó siempre parte esencial de una evangelización impregnada de regeneración, un término que acuñó Daniel Comboni en su propio Plan.

Los Misioneros Combonianos están actualmente presentes en cuatro continentes. En Europa llevan a cabo principalmente tareas de animación misionera, una labor a la que el propio Comboni dedicó muchas de sus energías y promocionó a través de la revista Anales del Buen Pastor, que fundó en 1872 y se convirtió en 1883 en Nigrizia, dos años después de la muerte de Comboni.

En estos 150 años de historia como Instituto Misionero, los combonianos han dejado una huella indeleble no solo en África, sino también en América Latina, en donde se han dedicado con empeño a dignificar a la población negra. Los Misioneros Combonianos han sido -y siguen siendo- leales a su fundador, San Daniel Comboni, que tuvo el sueño de engarzar en la corona de la Iglesia la perla de África, o sea, de los pueblos negros.

 

[Fotografía: Misionero comboniano español P. Fidel González con una maestra de catecúmenos en Kitgum, Uganda (1969) / Archivo Mundo Negro]