«Nuestro pueblo debe optar por la autodeterminación más que por la victimización»

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Kemi Seba, activista panafricanista

Líder de la juventud africana y considerado por algunos el Malcom X del siglo XXI, es uno de los principales defensores del panafricanismo actual, a favor de la lucha por la autodeterminación de los africanos. El francobeninés es autor de Supra-négritude (2013), trabajo en el que insta a los afrodescendientes a regresar a África y contribuir a su desarrollo. Recientemente ha publicado L´Afrique libre ou la mort (2018).

¿Por qué le acusan de ser un supremacista radical?

Cuando dices que es el momento de pensar en nosotros en primer lugar, te tachan de supremacista. Todo el mundo tiene derecho a favorecer a su pueblo menos los africanos, porque la globalización neoliberal ha empujado a los africanos a amar a todos excepto a sí mismos. 

¿A quién pertenece África?

A sí misma. Aunque ahora pertenece a la oligarquía africana neoliberal que trabaja en colaboración con la oligarquía occidental y no a la mayoría del pueblo, que es el proletariado africano excluido. Existe una clase extremadamente rica que se apodera de los recursos de los países, que desvía el dinero, reduce la inversión en sanidad, educación o agricultura… No llega la ayuda del Estado, y los dirigentes emplean el dinero en beneficio propio. En África seguimos en un proceso, a la vez, de colonización exógena y endógena.

A los 60 años de las independencias, ¿pueden los ciudadanos enfrentarse a esas oligarquías?

La única respuesta para comprender los compromisos y ser capaces de adaptarnos al mundo contemporáneo es el panafricanismo. Ayer cantábamos La Internacional, con una disciplina marxista y comunista para resistir; hoy, con la caída del Muro de Berlín, la configuración geopolítica ha cambiado. La población debe ser consciente de su paradigma histórico, de la igualdad social y el entorno, para redefinir el estado de ánimo de la solidaridad. 

¿Hay una implicación real en el terreno del panafricanismo?

Sí, lo vemos en mis movilizaciones, aunque no es solo movilizar a cientos de miles de personas. 

¿Qué más hace falta?

Mis movilizaciones han mostrado un cambio en los hechos, se acusa a las élites francesas y africanas para intentar una modificación. Y eso no se habría logrado sin una protesta real en África. Es cierto que cuanto más compromiso haya, las movilizaciones serán mayores, pero teniendo en cuenta el estado policial en el que vivimos, luchamos contra una estrategia psicológica para que los que se movilizan se sientan en minoría. Pero si las autoridades francesas interfieren es porque perciben una movilización contra el actual neocolonialismo.

¿El panafricanismo está en el interior o en la diáspora?

Viví en la diáspora y tomé la decisión de regresar. La diáspora puede movilizarse, pero no será la que cambie las cosas dentro. Existe una unión entre la diáspora y la juventud, y eso se ve en la implicación de las reivindicaciones civiles. La solidaridad de la diáspora tiene su importancia, pero la resistencia debe generarse en el interior.

¿Cómo se creó el frente anti-CFA?

Proviene de organizaciones africanistas. En 2017 decidimos establecer un frente que comprendiera las particularidades de todas ellas, y que pudiera constituirse como un bloque anticolonialista que incluyera todos los ángulos posibles, desde lo militar a lo económico. 

¿Será viable la nueva moneda, el ECO?

Es un proyecto antiguo que ha vuelto a partir de nuestras movilizaciones. Hemos obligado al poder público a pronunciarse. No hay una unión entre los Estados africanos. En el oeste, países como Nigeria o Ghana quieren que la moneda tenga un cambio flexible y que se llegue a pagar en divisas, mientras que los países francófonos prefieren mantener la referencia con el euro y seguir unidos al Tesoro Francés. Es un engaño, han cambiado la forma para mantener el fondo, no necesitamos ese acompañamiento.

Pero podría cambiar la dependencia de algunos países de Francia, o de países más fuertes en el continente como Sudáfrica o Nigeria.

La moneda no es suficiente para devolver la soberanía a un pueblo, también debe haber buena gobernanza, acabar con la corrupción, las directrices desde el exterior, la reapropiación de los recursos… Así se logrará la soberanía real. La nueva moneda es solo una etapa para una soberanía global.

¿Cuáles son las etapas?

No las hay. En la actualidad denunciamos la moneda, nos movilizamos por la presencia de bases extranjeras, que facilitan el acceso a los recursos. Nuestra lucha es sectorial, queremos la soberanía territorial, militar, monetaria y política. La necesidad de una soberanía para la explotación de los recursos, así se realizará el proceso de autodeterminación en una lucha global contra el neocolonialismo. 

¿Qué opina sobre los extremismos relacionados con la migración que se están registrando en Europa?

Malcom X decía que no se puede forzar a amar a los hombres que no lo hacen, que hay que organizarse y encontrar la solidaridad entre nosotros. Dejé Francia porque no quería que mis hijos vivieran en un racismo sistemático, cotidiano, ni que se avergonzasen de su color de piel. Me dije: «Debo llevar a mis hijos a África porque allí hay orden, y aunque existen países pobres, tendrán un espacio para sentirse realizados». Esto es mejor que ser discriminados en países ricos.

¿Es importante regresar a África?

Debemos ser capaces de organizarnos, vivir en nuestra tierra y contribuir a su desarrollo. Solo mejorando nuestro hogar seremos respetados en el exterior. Hay un proverbio que dice que no puedes ser considerado como una joya, una piedra preciosa, si tu casa es una pocilga.   


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