Occidente castiga el buen trabajo de Sudáfrica

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COVID-19. El país austral, aislado tras el descubrimiento de la variante ómicron


Por Fernando Albericio, doctor en Química Orgánica, Universidad KwaZulu-Natal (Sudáfrica)



Sudáfrica está considerada como un país del llamado Tercer Mundo tanto desde el punto de vista político, social o económico y,  cómo no, también científico, a pesar de que la nación austral tiene un sistema sólido de universidades y centros de investigación que aparecen entre los mejores del mundo en distintas clasificaciones.

Esta semana, Sudáfrica ha vuelto a ser noticia a nivel mundial gracias a la excelente investigación en el área de genómica y bioinformática que un grupo de la Universidad de KwaZulu-Natal está llevando a cabo desde que empezó la pandemia de la COVID-19.  Este grupo, tal y como hizo un año atrás con la beta, ha detectado otra variante en sudafricanos que dieron positivo en los test de coronavirus en el área de Johannesburgo. La variante ha sido bautizada rápidamente como ómicron.

Detectar –cuyo significado no es sinónimo de generar– es una etapa importante del método científico que debe conducir al avance del conocimiento para una mejora en la calidad de vida de la ciudadanía. Esto es lo que este grupo de la de Universidad KwaZulu-Natal ha hecho: ha detectado la nueva variante y ha compartido rápidamente la información científica generada por sus descubrimientos con la comunidad internacional a través de la Organización Mundial de la Salud (OMS).  Su actitud ha sido impecable desde el punto de vista científico y social.

La respuesta dada por la clase política internacional ha sido de una total irresponsabilidad y ha provocado, por ejemplo, el mayor desplome de los mercados de valores sudafricanos desde hace más de un año, y, por descontado, al aislamiento, una vez mas, del país, con las consiguientes repercusiones económicas y sociales para la ciudadanía sudafricana.  El Gobierno español respondió con una medida ridícula, la suspensión inmediata de la llegada a España de vuelos procedentes de Sudáfrica y Botsuana. Este tipo de medidas  es lo que se conoce cotidianamente como un brindis al sol: nunca ha habido vuelos directos entre Botsuana  y España, y los que había entre Sudáfrica y España se cancelaron hace años.

En vez de haber creado alarma social y económica, se tendría que haber analizado cuidadosamente la información científica de la que se dispone. En estos momentos no se sabe si esta variante es más contagiosa o mas dañina, si las vacunas actuales serán válidas para ella ni, por descontado, dónde se ha generado. En este último punto, las primeras informaciones relativas a una persona en Europa en la que se ha detectado esta variante excluyen que haya estado en contacto con alguien de Sudáfrica o que proceda de este país. Posiblemente la variante ómicron no se ha generado en Sudáfrica y puede que esté presente en muchas otras latitudes sin la intermediación de este país.

Hace un año se proclamaba que la variante beta sería mucho más problemática que la original. Con el transcurso del tiempo, se ha comprobado que aquellas predicciones catastrofistas no se han cumplido. Durante la pandemia estamos comprobando reiteradamente de que las malas noticias son «mejores» noticias.

Como ciudadanos y como científicos nos debemos preguntar cómo es posible que el mismo grupo de investigación en la Universidad de KwaZulu-Natal haya detectado dos de las escasas variantes del coronavirus que han surgido. La respuesta no tiene relación con la ciudadanía de la nación del arcoíris. Sudáfrica es, posiblemente, el país del mundo donde conviven mas razas y etnias.  La respuesta es otra y debe enfocarse hacia el hecho de que en Sudáfrica se desarrolla una investigación científica de calidad al servicio de la sociedad. 

Esta respuesta, por descontado, nos lleva a otra pregunta. ¿Por qué en otros centros de investigación del mundo mejor dotados económicamente no se detectan más variantes? Que cada persona encuentre su propia respuesta, pero posiblemente se deba a razones políticas y/o financieras.

En la imagen, el personal del aeropuerto ayuda a los viajeros en varios mostradores de facturación mientras un tablón de anuncios de vuelos electrónico muestra algunos vuelos cancelados en el Aeropuerto Internacional OR Tambo en Johannesburgo el 27 de noviembre de 202. Fotografía: Phill Magakoe / Getty.


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