Ogun Afrobeat: El sonido del machete

28/06/2017

Parece exótico encontrarse con una banda madrileña que perpetúe el legado de Fela Kuti. En torno a la figura del batería Akin Onasanja se agrupa este octeto musical. Toda una rara avis dentro del afrobeat hecho en España. Daniel Niño, saxo barítono, toma la voz en esta entrevista.

 

Por Miguel Ángel Sánchez Gárate

 

¿Qué significa la voz yoruba Ogun?

Ogun es uno de los orishas de la cultura yoruba. Es el dios del metal y su símbolo es el machete. Nuestra música comparte su carácter guerrero.

¿De quién y cuándo surge la idea de la primera formación?

La idea partió de Akin, nuestro baterista y cantante. El afrobeat forma parte de su cultura. En 2006 coincidimos con él en la banda Afro Soul Toasting All Stars y tras acabar el proyecto, comenzamos con Ogun. Akin nos abrió su corazón para enseñarnos las canciones tradicionales de su cultura, la música de Fela Kuti y muchos de los ritmos de la cultura africana. A partir de ahí, comenzamos a adaptar esa música al siglo XXI para llegar a nuestro último trabajo, Koko Iroyin.

¿Ha habido muchos cambios en la formación?

Sí, aunque teniendo en cuenta que llevamos 11 años como banda y el desastroso estado de la cultura musical en España, pocos me parecen. Echar a andar una banda de música no comercial es tremendamente difícil, y no hay apoyos para las músicas que se salen del circuito de masas. Por aquí han pasado músicos alucinantes que se han dejado la piel en el proyecto cuando no éramos ni la mitad de conocidos que ahora. Ogun les debe muchísimo a todos. De los que empezamos solo quedamos Frank Santiuste, Pablo Hernández y un servidor, de la sección de vientos, y Akin, por supuesto. Otros como el guitarra Carlos Leal estuvieron en su momento y han decidido unirse de nuevo. Y el resto de la banda está compuesto por Chavi Ontoria (teclados), Enzo Apicella (bajo) y Shangó Dely (percusión). Italianos, nigerianos, colombianos, cubanos, españoles… Es la versión afrobeat de la Torre de Babel.


Algunos de vuestros músicos tienen proyectos paralelos.

Todos tenemos que compatibilizar, es parte del oficio. Esta es una banda conjunta, pero cada uno tiene su propio proyecto.

 


¿Qué grabaciones tenéis además de Koko Iroyin?

Nuestro primer disco se llama The Observer, que se puede escuchar en Bandcamp o Spotify.

¿En que tipo de locales soléis actuar?
Lo cierto es que no sé si quedan muchos bares en los que no hayamos actuado: Clamores, Galileo, Tempo, El Intruso, El Junco, Berlín, la Caracol… Hasta en las fiestas de la Verbena de la Paloma. El que no nos haya visto en Madrid es que no le gusta el afrobeat.

¿Qué significan para vosotros el afrobeat y Fela Kuti?
Pues imagínate… Fela fue el creador de este género y por mucha vuelta que nosotros le hayamos dado, todo parte de ahí. De alguna manera es nuestro padre musical, y como tal, siempre tiene hueco en nuestro repertorio.

¿Es difícil tocar esta música proviniendo de otros campos musicales y arrastrando experiencias diferentes?
Es como adaptarte a la cultura de otro país. Difícil al principio, pero cuando te sumerges y consigues entenderlo, todo tiene sentido. Los ritmos africanos son endiabladamente difíciles, pero como casi todas las músicas negras (blues, jazz, funk…) tienen su origen en África, hay una parte que nos es familiar.

¿Cómo ha sido la grabación del disco?
Los mayores problemas han sido coordinar a tanta gente en un estudio. Entre músicos, artistas invitados, técnicos, cámaras… rondamos las 20 personas. Hacer un disco es un proceso largo e intenso, que casi siempre te lleva al límite… Pero cuando escuchas el resultado final, se te quitan todas las penas.

¿Qué significa Koko Iroyin?
En yoruba quiere decir “la importancia del mensaje”. Vivimos en un mundo saturado por la información, los mensajes, los eslóganes, las ideologías… y muchas veces perdemos el sentido de lo que queremos, de lo que nos hace disfrutar, lo que nos pone a bailar el corazón. Y ahí es donde pretendemos llegar. Nuestra música indaga en las raíces de África para extraer parte de esa verdad.

¿Tienen algo en común las canciones del disco o cada una va por libre?
Podríamos decir que cada una va por libre pero todas siguen el mismo camino, la vereda del afrobeat.

¿Habeis contado con colaboraciones de otros músicos a la hora de grabar el disco?
¡Claro! Y colaboraciones de primerísimo nivel: Seydina Mboup ­canta un emocionante “Resurrection”, Aqeel entra con el funk en “Noah´s Dance”, y Mohamed Bouzidi & Bidal Artiach tintan de gnawa el “Afromaghreb”. Frank T le pone su vozarrón al “Open & Close” de Fela Kuti, y Roberto Lorenzo revienta su trombón en varios de nuestros temas.

¿Cuáles son vuestros referentes musicales?
Cada uno tiene los suyos, así que es complicado elegir fuera del afrobeat. Pero dentro, Fela Kuti y todos sus descendientes son los más directos. Aunque también hay un montón de bandas que están haciendo un ­afrobeat brutal en EEUU, en Francia, Reino Unido o Japón.

¿En que festivales habeis tocado hasta la fecha?
Pues en muchos… tanto nacionales como internacionales: Enclave de Agua, Imagina Funk, Etnosur, ­Tanjazz, también en Holanda…

¿Qué bandas españolas de afrobeat recomendáis?
Alma Afrobeat o incluso Moya Kalongo, porque aunque no hagan ­afrobeat directamente, sí que siguen su vereda y son bandazas, exponentes de la buena salud de las músicas del mundo en nuestro país.

 

 

¿Actuaréis en Nigeria?
Mover a una banda de ocho personas en avión es difícil. Para nosotros sería como viajar a La Meca. Tarde o temprano lo conseguiremos.

¿Que tal os fue la gira europea que hicisteis hace meses?
Fueron unos conciertos en Holanda y fue genial ver a gente de todas las edades bailar afrobeat. Una señora que rondaba los 60 y que podría ser mi abuela se subió al escenario en medio de una canción a tocar la percusión. Luego nos confesó que había tocado la batería en algunos grupos de reggae y ska.

¿Qué planes teneis a corto plazo?
Ahora mismo estamos girando con Koko Iroyin, y probablemente seguiremos haciéndolo hasta 2018. Por el camino vendrán los nuevos temas y en cuanto podamos volveremos a encerrarnos en el estudio.