Phiona Mutesi

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Jugadora de ajedrez

En uno de los numerosos perfiles de Phiona Mutesi que se pueden encontrar en Internet, una frase escondida en un párrafo secundario permite vislumbrar los orígenes de la ajedrecista más reputada de Uganda: «Mutesi, que cree tener 25 años…». Una mujer que no conoce su punto de partida, igual que millones de personas que nacen en países donde los registros de natalidad son una utopía. Arañando aquí y allá surge una fecha: «Puede que naciera el 28 de marzo de 1996».

Residente en Seattle (EE. UU.) desde 2017, licenciada en Administración de Empresas y empleada de Microsoft, -Mutesi nació en Katwe, uno de los suburbios de Kampala (Uganda). Huérfana de padre a los tres años –su progenitor falleció de sida–, tuvo que dejar el colegio de forma prematura porque los exiguos ingresos familiares no eran suficientes para afrontar sus gastos escolares. Empezó a vender maíz por las calles de la capital hasta que descubrió de forma casual la escuela de ajedrez que dirigía un misionero cristiano, Robert Kalende. Allí se topó con un juego que ni siquiera podía nombrar en luganda, su lengua materna. Aquel silencioso y ordenado baile de extrañas figuras sobre un tablero era entonces «un juego de blancos». Aunque todo era una sorpresa para aquella niña de 9 años, entendió que aquel era su sitio. Además de enseñarle los movimientos de caballos, reyes y reinas, le daban la comida del día, algo no desdeñable para una familia del suburbio. Solo 50 partidas le bastaron para ser la mejor de la escuela. En numerosas entrevistas ha repetido que «los chicos del slum, cuando comemos, nos lo comemos todo, porque no sabemos cuándo volveremos a comer. Cuando aprendemos es igual».

Con 11 años se convirtió en la mejor jugadora júnior de Uganda. En 2009 participó en Sudán en su primer campeonato internacional. El Mundial de 2010 consagró su valía –cuentan que antes de salir una de sus mayores preocupaciones era saber si hacía mucho frío en Siberia, lugar donde se celebró la competición–, y en 2012, en Estambul, obtuvo el Woman Candidate Master de la Fundación Internacional de Ajedrez, uno de los principales reconocimientos de la especialidad.

Después de conocer su historia, Tim Crothes escribió su biografía, La reina de Katwe, que luego Disney llevaría en 2016 al cine con el mismo nombre. Crothes, en aquellas páginas, describió con meridiana crudeza el entorno en el que había crecido Mutesi: «Nacer africano es ser un marginado en el mundo. Nacer en Uganda es ser un marginado en África. Nacer en Katwe es ser un marginado en Uganda. Nacer niña es ser una marginada en Katwe». A esa secuencia de aseveraciones Mutesi respondió en una entrevista en el diario digital La Voz: «Las mujeres tienen problemas para crecer en todas partes, pero ahora estamos tomando fuerza y logrando mejores posiciones en la sociedad que antes eran solo para hombres».

En la actualidad, Mutesi juega menos al ajedrez. Sin embargo, recuerda una partida con detalle, la que jugó hace un par de años con Gari Kaspárov. Perdió. Sin embargo, «me enseñó cómo medir mis tiempos de respuesta, me enseñó a no jugar rápido. Básicamente me dijo que fuera más paciente». Tan paciente como para esperar a que en uno de los suburbios más depauperados de Kampala alguien abriera una puerta para conseguir dar jaque mate a la pobreza. «Gracias al ajedrez, mi familia tiene una casa y comida». 

Ilustración: Tina Ramos Ekongo


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