Primer gobierno pos-Bashir en Sudán

Con más de dos semanas de retraso para asegurarse de que todas las regiones y facciones sudanesas están representadas, Abdallah Hamdok, Primer Ministro sudanés al mando del Gobierno de transición, anunció el jueves por la tarde los nombres de los 19 ministros (la lista se completará con dos más que comunicará en los próximos días) con los que emprenderá la titánica tarea de ejecutar un cambio real en Sudán.

«Hemos practicado un ejercicio democrático, y hemos realizado amplias y profundas consultas para cumplir con los estándares de eficacia y género», explicó en una inédita rueda de prensa en la que, por primera vez en décadas, se permitió que los periodistas hicieran preguntas.

Todas las miradas están sobre Hamdok, un tecnócrata que se negó a formar parte de un gobierno controlado por el ex dictador Omar al Bashir y que trabajó como economista para la ONU, igual que sobre muchas de las personalidades que ha elegido, tras una ardua negociación, para que formen parte de su Ejecutivo. Provienen de instituciones internacionales o son perfiles tecnócratas con amplia experiencia, como es el caso del ministro de Finanzas y Economía, Ibrahim Elbadawi.

En el nuevo Gobierno sudanés hay cuatro mujeres (lejos de la paridad que pedía el Sindicato de Mujeres) y se ha estudiado la procedencia de sus miembros, para que esté representado todo el territorio. La jefa de la diplomacia es Asma Mohamed Abdallah; Walaa Essan Al Boushi, la ministra de Juventud y Deportes; Intisar al Zein Sghairyoun, la ministra de Educación Superior y Lina Al Sheij, la ministra de Asuntos Sociales y Trabajo.

Según la prensa sudanesa una de las negociaciones más duras ha sido la inclusión de Maddani Abbas Madani, una de las figuras más relevantes de las revueltas que comenzaron en diciembre de 2018, y sobre el que las Fuerzas de la Libertad y el Cambio (FFC, en sus siglas en inglés) no estaban dispuestos a ceder. Finalmente, ocupará la cartera de Comercio e Industria.

Y como quedó recogido en el acuerdo institucional firmado el 17 de agosto entre los militares y las fuerzas de la oposición civiles, el Ejército y la Policía nombraron a Idriss al- Traifi, como ministro del Interior y a Jamal Aldin Omar, como ministro de Defensa. Unos cargos que, como recordó este jueves Hamdok durante su comparecencia «están bajo su autoridad como cualquier otro miembro del nuevo Gobierno».

Sin bajar la guardia

El primer Ejecutivo pos-Bashir es mayoritariamente civil, igual que el Consejo de Soberanía (con cinco civiles y cuatro militares), y quedará por constituir un Parlamento tras la ardua tarea del registro de las formaciones políticas y la celebración de unas elecciones legislativas dentro de tres años. La compleja, y por el momento aún esperanzadora, transición sudanesa tiene en la actualidad dos pilares: el Gobierno liderado por Hamdok y el Consejo de Soberanía, que incluye a figuras relevantes y muy cuestionadas por su pertenencia al régimen de Bashir como Mohamed Hamdan Dagalo (conocido como Hemeti y responsable de las Fuerzas de Apoyo Rápido, las temidas milicias janjaweed).

El acuerdo permite a los militares que sigan ostentando el poder hasta pasados los primeros 21 meses de la transición, por lo que tanto las FFC como el Ejecutivo no podrán bajar la guardia en ningún momento. «Cuando el ex Consejo Militar de Transición asumió el poder en abril, aseguraron que lo entregarían para salvar a la gente de Sudán, pero después cambiaron y dijeron que querían compartirlo. No protegieron a la gente porque hubo una masacre el 3 de junio. Y ellos siguieron diciendo que querían proporcionar seguridad, pero son responsables de lo que ocurrió. Como están compartiendo el poder con los civiles en el Consejo Soberano, obviamente, no consideramos haber alcanzado completamente el gobierno civil por el que luchamos. Hemos aceptado este compromiso con la esperanza de avanzar para establecer un nuevo Sudán. La justicia transicional será la que analice las violaciones que se han producido en los últimos meses y si alguien es acusado, aunque esté en los nuevos órganos de poder, deberá presentarse ante la justicia», explica a MUNDO NEGRO desde Londres Sara Abdelgalil, portavoz de los doctores de la Asociación de Profesionales, una institución clave en las movilizaciones y el apoyo desde el exilio de las revueltas que lograron derrocar a Omar el Bashir el pasado 11 de abril.

Todo por hacer

«Los miembros del nuevo Gobierno deben estar preparados para trabajar en situaciones muy difíciles, porque van a asumir una responsabilidad careciendo de infraestructuras, bajo una crisis financiera. Deben demostrar sus habilidades técnicas, y también ser capaces de comprender la situación política. Es importante que su compromiso sea absoluto, y que no estén unidos a ninguna militancia con grupos o partidos porque los próximos tres años van a ser muy complejos hasta lograr demoler el antiguo régimen para restablecer el sector público, construir las infraestructuras… los retos son inmensos. Necesitamos un equipo dispuesto a trabajar juntos y comprometido en la reconstrucción de Sudan», continúa Abdelgalil.

Una opinión que comparten otros analistas consultados, y que también recogen medios alternativos y de la oposición como Radio Dabanga, 500 words magazine o Salam Media

Cada ministro tiene que gozar de cierta libertad para enfrentarse a las dificultades específicas de cada sector, pero Hamdok supervisará junto a un gabinete de asesores la evolución de las etapas que se deberán ir cumpliendo. «Los aspectos principales urgentes que deben abordarse son los problemas generados por las recientes inundaciones en varios puntos del país, la justicia transicional, la paz… todo estará condicionada por la crisis financiera», añade Abdelgalil.

La herramienta popular en la que se han convertido las protestas pacíficas en Jartum y, de forma notable, en otros puntos del país, seguirá utilizándose cuando el poder no responda a lo que la calle exigió hace nueve meses.

Esperanza contenida

Nadie se atreve a ser declaradamente optimista sobre el futuro inmediato, a medio y largo plazo de Sudán, de la misma forma que tampoco se deja de reconocer el gran órdago lanzado por la población para, una vez retirado de la escena Omar el Bashir, el gran ideólogo del férreo régimen con el que consiguió perpetuarse en el poder durante 30 años, siga cayendo la sólida estructura de corrupción, patronazgo y clientelismo que permanece vigente.

«Hay que ser muy cautos, es muy difícil saber qué va a pasar. Estamos en un ambiente de esperanza, pero solo el hecho de que Hemeti siga ahí, uno de los hombres de Bashir… Ya lo dijo Alex de Waal, no van a pagar por crímenes de lesa humanidad ni genocidio. Un juicio por corrupción, que es por lo que está procesado Bashir, es una farsa. El Consejo de Transición Militar no va a ceder el poder, no van a prescindir de sus redes, y Hemeti era la mano derecha. Hay que esperar», explica en una conversación telefónica María Ángeles Alaminos, profesora del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Loyola (Sevilla) y experta en Sudán.

Alaminos también diferencia sobre el control absoluto y la capacidad de gestión del país mediante la violencia que ejercía Bashir, con los militares que están ahora al mando de la situación, después de haber pasado por una pugna que mostró parte de su debilidad. «A ver qué importancia y qué fuerza otorgan los militares a los civiles y a la oposición política, cuánto les dejan participar; o si, como ha ocurrido otras veces, acaban influyéndoles e incluyéndoles en la estructura de poder, otorgándoles beneficios. Lo importante será como irá reaccionando la población. Para que exista una transformación en Sudán, tiene que hacerse desde arriba, si no será imposible», concluye Alaminos.

Entre las primeras medidas anunciadas por Hamdok, ha asegurado que «terminar con la guerra» será una prioridad, después de que a finales de agosto una coalición de los movimientos rebeldes anunciase que se opondrían al nuevo Ejecutivo si no se sentían representados, de que algunos de sus líderes amenazasen con el reagrupamiento de sus fuerzas en el norte de Darfur y de que los movimientos islamistas denunciasen haber sido excluidos. El fin de la guerra «supondría recuperar el 80% que en la actualidad se destina a gasto militar, que iría para sanidad y educación», ha declarado esta semana el Primer Ministro. También ha pedido que Estado Unidos quite a Sudán de la lista de estados que patrocinan el terrorismo, «porque Sudan no es una amenaza para nadie», y se ha referido a la necesaria libertad de expresión y de prensa para que el país evolucione.

Fotografía: Jartum, por Christopher Michel

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