Radio Voz de la Paz: la emisora del pueblo nuba

09/09/2016

Texto y fotos: Hno. Alberto Lamana

 

Radio Voz de la Paz nació en 2009 en los disputados Montes Nuba. A través de sus ondas, y en medio de interminables conflictos bélicos, ha logrado captar la atención de la población nuba y se ha convertido en un instrumento de paz y desarrollo impulsado por la Iglesia católica en la zona.

 

El avión inicia su descenso y pronto comienzan a aparecer innumerables puntos blancos que salpican el monótono paisaje pantanoso de Sudán del Sur. Yida es un campo de refugiados donde viven 70.000 personas a tan solo 12 kilómetros de la frontera con Sudán. Sus inicios se remontan a las resoluciones del Acuerdo de Paz entre el Norte y el Sur, suscrito en julio de 2011, cuando Sudán del Sur obtuvo su deseada independencia de Sudán, país con el que había mantenido una guerra de casi medio siglo, con un paréntesis de 11 años. Los tratados de paz abrieron una puerta a la esperanza en el sur, pero no lograron afrontar las tensiones en las regiones de Nilo Azul y Kordofán del Sur.

El Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA, por sus siglas en inglés) contó con un importante número de nubas que lucharon enérgicamente por la independencia de los Montes Nuba –la región sur del estado de ­Kordofán– al lado de sus hermanos del sur contra las tropas gubernamentales. Sin embargo, los tratados de paz no reconocieron sus aspiraciones. Con la separación del sur se creó el SPLA-N (Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés del Norte), integrado por los combatientes del SPLA que temían caer bajo la opresión del norte. A partir de 2011, el Gobierno de Jartum inició una dura campaña en contra de la población civil, provocando un enorme éxodo en busca de un lugar seguro.

 

 

Fotografía: Alberto Lamana

Fotografía: Alberto Lamana

 

El campo de refugiados de Yida, gestionado por el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), con la colaboración de diversas ONG para el desarrollo, está ya al máximo de su capacidad. Se ha tenido que crear un nuevo campo en las inmediaciones para poder acoger a los que siguen escapando de las montañas. El campo se encuentra en el estado de Unidad, escenario de la penúltima guerra civil que se ha vivido en Sudán del Sur anterior a los actuales enfrentamientos. Según ACNUR, más de la mitad de sus habitantes son menores de 14 años. El campo tiene estructuras educativas muy precarias organizadas por voluntarios. Jakob Kaloka, militar retirado, es la autoridad civil aquí. Se lamenta de la situación en la que viven los jóvenes, que están perdiendo un tiempo precioso en su formación. Con frecuencia su única ocupación es vagar por el mercado, lo que les hace muy vulnerables a caer en las redes destructivas del alcohol, la droga o la prostitución. Según Kaloka es urgente el establecimiento de escuelas técnicas que ofrezcan a los jóvenes perspectivas de futuro y la posibilidad de ganarse el sustento. De lo contrario, en unos pocos años, el futuro de los Montes Nuba estará en manos de personas que carecen de un proyecto de futuro para la sociedad.

Edward Anthony es un sacerdote diocesano que trabaja incansablemente en la atención a los refugiados. Anima a la comunidad cristiana a reunirse para mantener viva su fe y apoyarse mutuamente. Yida es también el centro logístico de la Iglesia católica en los Montes Nuba. Desde allí se envía la ayuda humanitaria a las diferentes misiones. Los meses de junio a septiembre son los más preocupantes desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, que también coinciden con el inicio de la estación de las lluvias. Con la firma del tratado de paz, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) puso fin a sus vuelos a Sudán. Ahora es necesario realizar un viaje de más de ocho horas, por unos caminos enormemente deteriorados que, además, solo son transitables en la época seca de diciembre a junio.

 

 

Un hombre lleva agua en un bidón tirado por un burro en el campo de refugiados de Yida, cuya alta ocupación ha obligado a la apertura de un nuevo emplazamiento para las personas que huyen de los Montes Nuba / Fotografía: UN-Photo, Martine Perret

Un hombre lleva agua en un bidón tirado por un burro en el campo de refugiados de Yida, cuya alta ocupación ha obligado a la apertura de un nuevo emplazamiento para las personas que huyen de los Montes Nuba / Fotografía: UN-Photo, Martine Perret

 

 

Una zona militarizada

La frontera entre el norte y el sur está marcada por una cuerda que cuelga de dos palos clavados en la tierra. Un soldado sale de debajo de una sombra, saluda amablemente al conductor del camión en el que está escrito ‘Iglesia Católica’ y da paso libre al vehículo. El camino discurre por entre las numerosas colinas que salpican la región. De vez en cuando se observan familias enteras que transitan al lado de la carretera cargando con –supuestamente– todas sus pertenencias. Existen numerosos puestos de control a través de los que se percibe el alto grado de militarización de la región. También es fácil ver a jóvenes pasear con sus Kaláshnikov bajo el brazo.

El Gobierno de Jartum se empeña en atemorizar a la población con esporádicos ataques aéreos con el pretexto de perseguir a las tropas del SPLA-N. En realidad, estos bombardeos provocan un gran sufrimiento en la población, no solo por las muertes, heridas y destrucción que producen, sino por la presión psicológica que ejercen. Tanto el hospital diocesano Madre de la Misericordia como las escuelas de la Iglesia han sido con frecuencia objetivos militares. Estas acciones ponen de manifiesto la motivación del Gobierno sudanés en el conflicto: la eliminación de la población de esta región para imponer su programa de control de la zona.

Los Montes Nuba sufren un aislamiento comercial que deja a sus habitantes a merced de la producción agrícola y ganadera. Las forzadas migraciones de la población llevan consigo la pérdida de este sustento vital. La ayuda humanitaria, que solo puede llegar por carretera, con frecuencia se tiene que detener por la guerra.

 

 

Fotografía: Alberto Lamana

Fotografía: Alberto Lamana

 

La paz, a través de las ondas

La Iglesia católica ha mantenido una presencia viva y comprometida en este contexto bélico con acciones concretas y decididas. La emisora de radio Voz de la Paz nació en 2009 con la idea de ser una herramienta, como servicio de evangelización, del proyecto pastoral de la diócesis. Los pilares sobre los que se asienta este proyecto son la formación, la información y la potenciación de la participación.

Debido a las condiciones creadas por la guerra, la región sufre una altísima tasa de analfabetismo. La radio resulta muy eficaz en la educación informal, así como en la prevención de enfermedades. La información es una de las necesidades de la comunidad local. Una sociedad privada de información, pierde juicio crítico y es susceptible de manipulación. El entretenimiento es también una dimensión importante de la programación y la música de artistas locales tiene una relevancia singular.

La radio emite en diversas lenguas locales, además del inglés y el árabe. En los seis años que lleva en funcionamiento ya se han podido identificar mejoras en el conocimiento y la prevención de diversas enfermedades. Se abordan temas como la medicina tradicional o la prevención de la malaria. Ayuda también a superar prejuicios existentes sobre el hospital y la medicina occidental. Uno de los principales valores es que los locutores y realizadores son jóvenes de la comunidad que hablan y comunican a partir de una plataforma cultural común, lo que los hace más creíbles ante la audiencia.

 

Locutor de Radio Voz de la Paz, Sudán

Uno de los locutores de Radio Voz de la Paz en le estudio de la emisora, que basa su programación en la formación y la información / Fotografía: Alberto Lamana

 

Una de las áreas donde la radio está haciendo más hincapié es en la promoción de la mujer. Se crean espacios de discusión sobre cuestiones como la poligamia, el matrimonio de adolescentes o la baja asistencia de las niñas a la escuela. En pocos años, el intenso trabajo en esta línea ha logrado incrementar la presencia de las menores en el colegio. También se lleva a cabo una lucha activa contra la violencia doméstica que sufren las mujeres, un drama relacionado con el abuso del alcohol, un problema muy presente en la sociedad nuba.

Uno de los grandes desafíos de la radio es la necesidad de generar la electricidad necesaria para su funcionamiento, lo que requiere un sistema híbrido alimentado por energía solar y un grupo electrógeno. Además, la orografía del terreno no ayuda a la transmisión limpia de la señal de FM. En julio de 2015 se llevó a cabo un ambicioso proyecto de ampliación de la señal que consistió en situar un nuevo transmisor –que opera únicamente con energía solar– en la cima de una colina cercana a la estación de radio. Con esto se logró extender la señal significativamente, llegando a nuevas comunidades y lenguas locales.

Con la incorporación de la radio al plan de acción de la Iglesia católica, el proyecto de evangelización se hace más integral y viene a complementar el trabajo en sectores como la educación, la salud, la pastoral así como todos los compromisos relacionados con la justicia y la paz. Para muchos resulta extraño que se realicen inversiones en tecnología cuando la ayuda humanitaria sigue siendo una urgencia. Sin embargo, en los pocos años que lleva funcionando, la radio ya ha demostrado su capacidad de mejorar la calidad de vida de la población a través de sus servicios formativos e informativos. Pero lo más importante es su potencial para crear un espacio abierto en manos de los nubas que permita hacer un juicio crítico sobre su propia realidad.

 

Fotografía: Alberto Lamana

Fotografía: Alberto Lamana

 

 


 

 

La situación en los Montes Nuba continúa deteriorándose

 

Por Avejege Makki, director de Radio Voz de la Paz

La situación humanitaria en la región de los Montes Nuba, Kordofán del Sur, continúa empeorando debido a la falta de alimentos para los ciudadanos atrapados por la guerra. En estas comunidades numerosas familias llevan meses sin comida, alimentándose de hierba o de frutos silvestres. Este año la escasez de lluvias ha afectado a los cultivos y los alimentos en los mercados son demasiado caros, en comparación con los últimos cinco años.

Jartum sigue negando el acceso a las organizaciones no gubernamentales internacionales para que puedan llevar alimentos a los desplazados internos y a las poblaciones afectadas por el conflicto. Decenas de miles de personas han sido asesinadas o desplazadas a campos de refugiados en los países vecinos. El Gobierno sudanés utiliza los alimentos como un arma para matar a la población ya hambrienta en las zonas de presencia rebelde. Y la comunidad internacional aún no ha respondido a esta crisis.

Los intentos de la Unión Africana y los mediadores de paz para detener la guerra en las regiones de los Montes Nuba, Nilo Azul y Darfur han fallado desde el estallido de las hostilidades.

Los ciudadanos de las zonas devastadas por la guerra prevén un incremento de los ataques por parte del Gobierno de Sudán cuando cesen las lluvias, a principios de noviembre. Mientras tanto, los ataques aéreos y terrestres de las Fuerzas Armadas de Sudán continúan destruyendo hogares de la población civil, propiedades, ganado y cultivos. Desde que estalló la guerra, en junio de 2011, no se ha atendido la salud ni la educación.

En junio de 2016 el presidente sudanés, Omar El-Beshir, anunció un alto el fuego unilateral de cuatro meses en Nilo Azul y Kordofán del Sur. El alto el fuego no consiguió que los que tomaron las armas contra el Gobierno se sumaran al proceso de paz y al diálogo nacional en Jartum. El SPLM-Norte, que lucha contra el Gobierno en los Montes Nuba, Nilo Azul y Darfur dice que primero necesitan el alto el fuego para ofrecer ayuda a sus poblaciones, antes de que las negociaciones de paz comiencen en la capital etíope, Adís Abeba.