Regresan los piratas

Chema Caballero     Por Chema Caballero

 

Recientemente se ha producido una aumento de ataques de piratas a naves comerciales frente a las costas de Somalia. Este acontecimiento coincide con la fuerte sequía que está azotando a este país del Cuerno de África.

Desde 2005, varias organizaciones internacionales empezaron a alertar de la presencia de piratas somalíes que ponían en riesgo el tránsito de buques y las actividades de pesca en el Golfo de Adén, en el de Omán, en el Mar Arábigo, el Rojo y el Océano Índico. La comunidad internacional respondió con seguridad privada y patrullas militares integradas en operaciones como Atalanta, de la Unión Europea, Ocean Shield, de la OTAN, y Task Force 150, de una coalición liderada por Estados Unidos. A partir de 2011, empezaron a notarse los efectos de estos dispositivos de seguridad y poco a poco fue desapareciendo la actividad criminal en la zona. El último ataque pirata registrado sucedió en 2012.

La respuesta militar no tenía en cuenta que la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (pesca INDNR) practicada en esas aguas por los pesqueros europeos (muchos de ellos españoles) o asiáticos las estaban mermando de peces y empujando a las comunidades locales, que hasta el momento habían vivido del mar, al hambre.

En 2015, parecía que los piratas habían cambiado de orilla y se habían trasladado al Golfo de Guinea. Y ahora las noticias que nos llegan hablan de un nuevo repunte de sus actividades en el Cuerno de África. Para ilustrar este punto basta con visualizar una filmación que ha circulado por las redes sociales de un ataque frustrado de piratas somalíes a un buque. En el vídeo se aprecia cómo los vigilantes privados contratados por la naviera repelen el intento de apropiación de la nave que tuvo lugar el 16 de abril y da cuenta de la envergadura de estos encuentros.

 

 

 

 

“Las fuerzas armadas estadounidenses están vigilando a los piratas”, informaba el pasado 23 de abril el capitán de navío Richard Rodriguez, perteneciente al Comando para África de los Estados Unidos (AFRICOM), con sede en Yibuti, en declaraciones a USA Today.

Rodriguez confirmó a los periodistas que en las últimas ocho semanas las actividades de los piratas han aumentado. Tras una ausencia de ataques a buques comerciales en los últimos cinco años, se habrían producido al menos cuatro incidentes entre el 14 y el 23 de abril, según los registros de IMB Piracy Reporting Center.

Pero ya antes de esas fechas se habían registrado algunos ataques. El primero de los cuales sucedió el 13 de marzo cuando el Aris 13, un barco con bandera de Comoros que transportaba combustible desde Yibuti a Mogadiscio, fue secuestrado, según confirmó la fuerza naval de la Unión Europea que opera en la zona. Dos días después, la nave era liberada sin pagar rescate tras un enfrentamiento entre la fuerza naval somalí y los piratas y una negociación entre militares y ancianos de la zona. Es la primera vez que una barco secuestrado es puesto en libertad de esta forma. En esta ocasión se debe a que el navío estaba fletado por empresarios somalíes que habían comprado el combustible. De siempre se ha sabido que los piratas nunca han querido enfrentarse a estos poderosos personajes de su país.

El siguiente incidente tuvo lugar el 5 de abril. En aquella ocasión los piratas se apoderaron de un carguero indio con 11 tripulantes en aguas de la costa somalí y lo llevaron a El Hur, cerca del puerto de Hobyo, en el estado semi-autonómo de Galmudug. Tras este aconteció el ataque del 16 de abril y luego tres más, que se tenga noticia.

Este aumento preocupa especialmente al Pentágono. El ecretario de defensa estadounidense, Jim Mattis, durante una reciente visita a Camp Lemmonnier, sede de AFRICOM en Yibuti, dijo que mientras que no estaba pidiendo, todavía, una respuesta de la Marina de guerra de Estados Unidos, media docena de ataques piratas a barcos comerciales cerca de las costas de Somalia en las últimas ocho semanas significaba que los marineros civiles y las compañías navieras deberían estar otra vez en máxima alerta.

El general Thomas D. Waldhauser, jefe de AFRICOM, por su parte, achaca este repunte de la piratería a la sequía y el hambre que en la actualidad golpean Somalia. La mayoría de los ataques han sido llevados a cabo por personas procedentes del centro de Somalia o de Puntland, zonas donde la actual catástrofe está teniendo más impacto.

Estamos ante la sequía más grave que se recuerde. Las agencias de ayuda humanitaria y los organismos internacionales creen que más de seis millones de personas, solo en Somalia, necesitan asistencia urgente, de las cuales cerca de la mitad están amenazadas de hambruna. Debido al fenómeno meteorológico conocido como El Niño, ya son dos años en los que no ha caído ni una gota de lluvia en la zona. Se esperaban ardientemente las precipitaciones que deberían haber llegado en el mes de abril para aliviar algo la situación, pero que nunca cayeron, por lo que se está llegando a situaciones límites con muerte de ganado y personas. Esto unido a la escasa respuesta internacional ante esta catástrofe, hace temer que se puedan superar las cifras de la histórica hambruna de 2011. En aquella ocasión, solo en Somalia murieron 260.000 personas.

Estos datos dan pie para pensar que la desesperación empuja a muchos jóvenes a echarse de nuevo al mar para atacar a naves que transportan combustible o víveres por una de las rutas más concurridas del planeta. Cerca de un tercio de los buques del mundo pasan por el Golfo de Adén hacia el Mediterráneo y de regreso, de ahí la importancia que la mayoría de los países dan a la seguridad en esta zona.

Visto que en los últimos cinco años no se había producido ningún nuevo incidente muchas navieras habían reducido el número de vigilantes privados que llevaban a bordo sus barcos. Pero ahora están volviendo a contratarlos siguiendo las recomendaciones del Pentágono. Por su parte, la comunidad internacional está observando la evolución de la situación antes de decidir si incrementa las fuerzas militares que tiene desplegadas en la zona.

Otra vez más, la respuesta a esta crisis puede ser militar en vez de buscar medios que ayuden a paliar las causas que están detrás de este repunte de la piratería.