Repensando la paz en África

en |

Chema Caballero   Por Chema Caballero

 

Llega el fin del año y estas fechas nos suelen invitar a reflexionar sobre la paz. La mayoría de los medios de comunicación y un imaginario plagado de tópicos, han logrado que nos acostumbremos a relacionar África con violencia. Sin embargo, esto no es cierto del todo, en el continente existe un gran deseo de paz y seguridad y son muchos los medios que se están poniendo en marcha para alcanzarlas.

En 2013, cuando se celebraba el 50 aniversario de la fundación de la Organización para la Unidad Africana, antecedente de la actual Unión Africana (UA), este organismo firmó con mucha solemnidad y boato una declaración para poner fin a las luchas en el continente y trabajar juntos por la paz y la prosperidad.

Los principales objetivos de ese documento eran liberar a África de conflictos violentos, guerras, violaciones de derechos humanos, desastres humanitarios y genocidios. Más ambiciosamente, los líderes africanos se comprometieron a no traspasar la carga de los conflictos actuales a la próxima generación y poner fin a las guerras en el continente para el año 2020.

Esta declaración es parte de la Agenda 2063 de la UA y lleva por título El África que queremos. Esta prevé un África integrada, próspera y pacífica, impulsada por sus propios ciudadanos y que represente una fuerza dinámica en el ámbito internacional.

Pero de verdad, si en los próximos cuatro años, la UA quiere silenciar las armas, tendrá que abordar el tema de la paz y la seguridad en el continente simultáneamente con el tema de la explotación de los recursos naturales y el tráfico y proliferación de armas pequeñas y ligeras en su suelo. Para ello no basta con retirar de la circulación las armas que se mueven por África, que tampoco estaría mal; hay que tratar también otros problemas estructurales, como ya hemos señalado en ocasiones anteriores, tales como la promoción del estado de derecho, la lucha contra la corrupción, la expansión de los conflictos fuera de las fronteras nacionales, la radicalización de los grupos armados… y otros elementos que tienen un fuerte impacto en la proliferación de las armas pequeñas y ligeras. También hay que luchar contra los grandes beneficios que genera el comercio de armas.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible 16, también sueña con reducir de manera significativa las corrientes financieras y de armas ilícitas, fortalecer la recuperación y devolución de bienes robados y luchar contra todas las formas de delincuencia organizada, aunque se da diez años más que la UA, ya que se plantea esta meta para 2030.

La iniciativa de la UA tiene muy claro que para conseguir la paz en el continente tiene que lograr primero, o al mismo tiempo, el desarrollo económico. Esta propuesta no es nada novedosa ya que desde hace años, el continente viene reflejando este deseo en declaraciones como el Plan de Acción de Lagos para el Desarrollo Económico de África, firmado en 1980 o la Nueva Alianza para el desarrollo de África, aprobada en Lusaka en 2001, por citar solo un par de ejemplos.

La Agenda 2063 mira más allá del mero desarrollo económico, como se ve en el primer Plan de implementación para los primeros 10 años (2014-2023), firmado en septiembre de 2015. De él se desprende que una de las iniciativas más importantes de la Agenda es la conocida como Silenciando las armas para 2020, lo que pone de relieve el gran deseo de vivir en un continente en paz y seguro que expresan la inmensa mayoría de los ciudadanos africanos.

Sin embargo, cuatro años antes de alcanzar la fecha fijada por la iniciativa, el panorama que se presenta en África es bastante sombrío. Todo hace pensar que si la UA no pone fin a todos los conflictos que en la actualidad están abiertos en el continente, ese África que queremos – unida, en paz y próspera- no pasará de ser una bonita declaración de intenciones.

Solo por citar los conflictos más violentos que en este momento se desarrollan en África podemos señalar: Libia, Sudán (Darfur, Blue Nile, Kordofan del Sur…), Sudán del Sur, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Somalia, la presencia de Boko Haram en Nigeria, Níger, Chad y Camerún, la de al-Qaeda en el Magreb, la expansión del Daesh por el norte y este del continente o las actividades de al-Shabaab. También se puede hablar de la situación del Delta de Níger en Nigeria, las tensiones vividas en Etiopía, la situación de Eritrea o Burundi, el pueblo saharaui…

Por otro lado, la intolerancia política, como se observe de manera prominente en varios país como Zimbabue, Kenia o Uganda, ha creado un ambiente en el que el debate político y las disidencias están siendo sofocados, lo que, sin duda, es caldo de cultivo para futuros conflictos.

Este mismo mes de diciembre, el hecho de que las elecciones presidenciales de Gambia la ganase el candidato de la oposición, Adama Barrow y que, en un primer momento, el presidente Yahya Jammeh aceptase los resultados, hacía crecer la esperanza de que poco a poco las cosas podían ir cambiando en el continente y de que el afianzamiento de la democracia y el respeto a los derechos humanos se consolidaba. Además, este sentimiento crecía cuando momentos después de aquella victoria histórica el también casi eterno presidente de de Angola, José Eduardo dos Santos, anunciaba que no se presentaría a la reelección en las elecciones de 2018. Pocos días más tarde, en Ghana, el candidato de la oposición Nana Akufo-Addo, ganaba limpiamente en las urnas y el perdedor, el presidente John Dramani Mahama, llamaba para felicitarle.

No duró mucho la alegría y la euforia; pronto, Yahya Jammeh dio marcha atrás y cuestionó los resultados electorales, haciendo que los fusiles volviesen a sonar en las calles de Banjul y otras ciudades de país, devolviéndonos, así, a la realidad del continente y sus contradicciones.

Por tanto, silenciar las armas para 2020 requerirá de un gran esfuerzo y mucha astucia por parte de Consejo de Paz y Seguridad de la UA. Este órgano, que está en sus inicios, tiene por mandato prevenir, gestionar y resolver los conflictos. También es responsable de mantener la paz y la seguridad.

Quizás, el hecho de que el conjunto de instituciones e instancias que en el continente están destinadas a trabajar por la paz estén todavía en sus inicios o no hayan, ni siquiera, comenzado a hacerse realidad, sea uno de los grandes obstáculos para conseguir el sueño de que las armas callen de una vez para todas. Además del Consejo de Paz y Seguridad, tienen que hacerse realidad el Sistema Continental de Alerta Temprana.

De igual manera, la lentitud en poner en marcha la Fuerza de intervención rápida africana también frena los esfuerzos del continente para intervenir y poner fin a los conflictos de forma más contundente.

La Unión Africana necesita hacer mucho más que publicar comunicados condenado las acciones de sus miembros más díscolos. De una vez por todas, el organismo debe perder el miedo a sancionar a los estados infractores o presidentes que se niegan a aceptar resultados democráticos o impiden el libre desarrollo de la democracia.

No debemos perder la esperanza y debemos seguir pensando que la fecha establecida por la Agenda 2063 es alcanzable, que en los próximos cuatro años, de verdad se va a trabajar para poner fin a todos los conflictos abiertos en el continente y que finalmente en 2020 los fusiles callarán de una vez por todas en África. No es tarea fácil y se requiere mucha buena voluntad y mucha diplomacia para lograrlo, pero seguir soñando no cuesta nada.

 

Foto: Tienda en un campamento de Darfur (Sudán) /  Futureland.com

Colabora con Mundo Negro