Rodney Sieh y las antorchas que iluminan el periodismo africano

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Tribuna MN

Por Alfonso Armada, periodista, presidente de Reporteros Sin Fronteras España


A la hora de reflejar el estado de las cosas en lo que a la libertad de prensa se refiere Reporteros Sin Fronteras (RSF) publica numerosos documentos, pero hay tres de carácter anual que suelen despertar más interés: un balance en el que recoge el número de periodistas muertos, encarcelados o secuestrados a lo largo del año; un informe país por país en el que se da cuenta de los ataques o extorsiones que sufren medios y personas; y una clasificación por países en función de su respeto por un derecho consustancial a la democracia. En 2019 constatamos con alivio que el número de periodistas asesinados se ha reducido de forma sustancial con respecto al año anterior: 49 frente a 87. Se trata sin duda de una buena noticia. Sin embargo, oculta a nuestro juicio una realidad inquietante. Mucho nos tememos que ha disminuido el número de periodistas asesinados en guerras y conflictos porque hay menos enviados especiales y menos corresponsales. Se prestan menos atención y menos recursos a la realidad internacional. Al mismo tiempo, tenemos que reconocer que, afortunadamente, los periodistas han aprendido a ser más cautelosos a la hora de informar desde zonas de guerra. Llama -poderosamente la atención que todos los periodistas asesinados en 2019 eran periodistas locales. Es un hecho que RSF lleva años constatando: los verdaderos héroes del periodismo contemporáneo son los informadores locales, los que se la juegan contando la realidad en la que viven inmersos y que, a menudo, sobre todo cuando informan de la corrupción, del narcotráfico, de los abusos de poder, son las primeras víctimas porque son los más vulnerables. Y eso es -especialmente cierto cuando nos asomamos a África, un continente que desde el punto de vista informativo sigue en gran medida recibiendo en España una atención que no se compadece con su extensión, su cercanía, sus problemas, sus esperanzas, sus capacidades, sus movimientos sociales, sus dilemas. Que tanto conciernen a Europa.

Por eso me gustaría empezar este acercamiento africano a la libertad de prensa desde RSF con una mención a un libro publicado el año pasado en el Reino Unido: Afropean. Notes from Black Europe, obra del escritor, fotógrafo y periodista audiovisual Johny Pitts. Fundador del diario digital Afropean.com, ha recibido varios galardones por sus exploraciones de la identidad afroeuropea, lo que a fin de cuentas ofrece este inspirador libro, «un mapa alternativo del continente», desde un barrio de chabolas caboverdianas en Lisboa a Rinkeby, un área 80 % musulmana en Estocolmo. Ser negro en Europa, subraya Pitts, «no significa necesariamente que se sea un inmigrante». La negritud está ayudando a configurar otra Europa, y aunque ese dato no forma parte de nuestro informe, pensé que en la medida en que los medios ayudan a dibujar la realidad del mundo, hay realidades que no siempre logran atravesar la capa de desconocimiento, indiferencia o prejuicios de muchos medios. Y por eso a menudo los periodistas ofrecemos un espejo tan poco fidedigno, o tan pobre, o tan irreconocible de la complejidad de nuestra hora.

Y por eso no puede esperar a otro párrafo un primer ejercicio de autocrítica, por la no demasiado amplia presencia de África en nuestro balance. La buena noticia es que ese índice mortífero, y a pesar de las amenazas que pesan sobre muchos periodistas y medios en pocos países africanos, han sido asesinados en 2019 siete periodistas: Obed Nangbatna en Chad, Ahmed Hussein-Suale en Ghana, Precious Owolabi en Nigeria, Papy Mahamba Mumbere en República Democrática de Congo, y Abdinasir Abdulle Ga’al, Hodan Nalayeh y Mohamed Sahal Omar en Somalia. Eritrea sigue siendo la principal cárcel de periodistas de África, con 11 encarcelados, seguida de Burundi, con 4. Pero conviene reseñar que mientras República de Congo bajó del puesto 114 al 177 en la Clasificación de RSF, Mauritania del 72 al 96, Tanzania del 93 al 118 y República Centroafricana del 112 al 145, ha habido notables avances en países como Etiopía, con la gran liberalización lanzada por su primer ministro, Abiy Ahmed, flamante Premio Nobel de la Paz el año pasado, que ha llevado a que su país adelante del puesto 150 al 110. Uganda también ha ganado puestos, del 170 al 125, y Gambia, con el fin de su dictadura, del 122 al 92. Y no conviene dejar de reseñar el increíble coraje de la sociedad civil sudanesa, periodistas independientes incluidos, que han logrado abrir un insólito camino hacia la democracia con la destitución y encarcelamiento del presidente Omar Hassan al Bashir. Las buenas noticias también lo son.

Siguiendo con la autocrítica, y precisamente aquí, gracias a la hospitalidad de Mundo Negro, que sigue siendo una publicación de referencia para los hispanohablantes que quieran saber qué se cuece en el continente africano, me gustaría cederle la palabra al admirable periodista liberiano Rodney D. Sieh, que el pasado mes de noviembre recibió el X Premio Internacional Libertad de Prensa de la Universidad de Málaga a propuesta de la Cátedra Unesco de Comunicación. Allí pronunció un discurso admirable (Cinco mil años de cárcel por supuestamente difamar a un ex ministro en Liberia), que desde su dedicatoria («a nuestros seguidores, críticos, detractores y opresores: gracias por motivarnos para hacerlo mejor») es un extraordinario y valiente repaso a las vicisitudes que tienen que afrontar informadores como él para mantener viva la antorcha de la libertad de prensa en África. Sirva este fragmento como ejemplo de su lucidez: «Gracias al presidente estadounidense, Donald Trump, que ha demonizado nuestro trabajo, cada vez más líderes y dirigentes de toda África –e incluso del mundo– han adoptado la que es ahora la melodía contra los medios, acuñada, proclamada y empaquetada como fake news. Hoy en día, investigar a los corruptos e indagar sobre la mala gobernanza de los dirigentes y líderes se tilda de fake news y, a los que informan sobre ello, de delincuentes, cuando, en realidad, solo somos periodistas que hacemos nuestro trabajo. Hoy, los periodistas de África están sufriendo un inmenso dolor y sufrimiento por escribir contra los males de la sociedad y sobre los que languidecen en lo más bajo de la escala económica». Les invito a que lo lean en su integridad, y sigan alentando la tarea de periodistas como Rodney Sieh, que se niegan, como tantos otros compañeros desde México a China, desde Malta a India, desde Camerún a Rusia, a aceptar la mentira como si fuera verdad, que se siguen esmerando en separar los hechos de la ficción, en ayudar a sus conciudadanos a conocer la realidad, en nutrir la democracia.  

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